EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La experiencia del proyecto Coinbio en Zihuatanejo

Silvestre Pacheco León

Octubre 07, 2007

En el presente año llega a su fin el proyecto de Conservación Indígena de la Biodiversidad, (Coinbio), después de cinco años de
vida que tuvo financiando proyectos para ejidos y comunidades de Guerrero, Oaxaca y Michoacán.
El Coinbio, como mejor se le conoce en el campo guerrerense, funcionó con un donativo del Fondo Mundial Ambiental, dirigido a
financiar proyectos cuyos objetivos estuvieran encaminados a combatir la contaminación del agua, a cuidar la biodiversidad, y
contra el calentamiento global.
La modalidad para el financiamiento de esos proyectos en cada uno de estos estados ricos en presencia indígena, que por ello
mismo tienen el reconocimiento de haber aprendido a vivir en armonía con la naturaleza, gracias a los cual nosotros todavía
disfrutamos parte de ella, era la selección a cargo de un comité estatal, responsable también de darle seguimiento a cada uno de
los proyectos.
Así, ejidos y comunidades apoyados por sus equipos de técnicos elaboraban los proyectos que luego competían por el
financiamiento administrado en el país por Nacional Financiera.
Los recursos aprobados para los proyectos seleccionados llegaban directamente de Nafin a la cuenta de las autoridades ejidales o
comunales para pagar el servicio de sus técnicos conforme al convenio establecido. Los pagos eran parciales y correspondían a
cada una de las fases del proyecto: la mitad al empezar, el 30 por ciento a la entrega del primer reporte de avances y el resto a la
presentación del último informe, si el producto era a satisfacción del cliente.
Se entiende que el inicio formal de cada proyecto iba antecedido de un amplio trabajo que originó, desde la concepción misma
del proyecto, hasta su presentación para el concurso.
En el municipio de Zihuatanejo los ejidos ingresaron al proyecto Coinbio dos años después de iniciado gracias al conocimiento y
a la disposición de trabajo de los técnicos que se abocaron a difundir su convocatoria, los cuales, es conveniente decirlo, eran
trabajadores libres, no empleados de ninguna institución de gobierno.
La tardanza en el conocimiento del Coinbio explica que apenas un poco más de la tercera parte de los ejidos del municipio
pudiera acceder a los apoyos, de tal manera que sólo aprovecharon los últimos tres años para el trabajo de conservación de la
biodiversidad.
La promoción del Coinbio en Zihuatanejo corrió a cargo de los técnicos de la Red para el Desarrollo Sostenible de México, una
asociación civil compuesta básicamente de biólogos que se contactaron con miembros de la ONG local SOS Bahía, para trabajar
los proyectos en ciernes.
De un primer recorrido por los caminos y ejidos del municipio en el 2005, platicando con las autoridades y líderes ejidales, hubo
en la mayoría de ellos el convencimiento sobre las bondades del proyecto Coinbio. Así se beneficiaron los ejidos de San Ignacio,
Vallecitos de Zaragoza, Barranca de la Bandera, Las Ollas, Pantla y El Coacoyul. Después se sumaron Mineral Real de Guadalupe y
Agua de Correa.
No fue fácil que las asambleas generales de los ejidos entendieran la trascendencia del proyecto, y menos tratándose de financiar
estudios, no de proyectos productivos con beneficios inmediatos.
Ante la vieja cultura del gobierno paternalista y clientelar que acostumbró a los campesinos al asistencialismo, el Coinbio rompió
con esa concepción aún a riesgo de desesperar a los potenciales beneficiarios. No faltaban los campesinos que hablaban con
desdén de las ventajas del estudio y del conocimiento sobre la realidad ejidal.
De todas maneras y para facilidad del proyecto, en un primer momento bastó el acuerdo de mayoría en la asamblea de los ejidos
para trabajar en lo que a juicio de los técnicos reviste mayor importancia. Por eso los inventarios de animales y plantas resultaron
prioritarios, explicando la relevancia que tiene para un ejido contar con el listado de plantas y animales que forman parte de sus
bienes, conociendo su nombre común y el científico, así como el uso y aprovechamiento que en el transcurso de los años le han
dado los pueblos.
El resultado de los inventarios en esos ejidos apenas se está procesando en la mente y en las ideas campesinas, pues ahora se
está en la posibilidad de que los pueblos retomen el conocimiento acumulado sobre la riqueza que encierra cada bien del que la
naturaleza les dio, pues en el campo se ha producido una ruptura en la transmisión de lo que antes era conocimiento común, una
verdadera tragedia de la que aquí la sociedad rural se puede sobreponer.
En el acompañamiento técnico que los campesinos han obtenido del Coinbio, muchos han aprendido la importancia de la
biodiversidad y sobran quienes se ríen de la ingenua compresión que no hace muchos años tenían sobre la vida de especies tan
preciadas como las guacamayas, las cotorras, los pericos y muchos felinos. Después de verlos y tratarlos como plagas, ahora
comprenden que el valor que tiene cada uno de ellos, es inmensamente mayor que los cultivos afectados, sobre todo si estos
animales pueden ser manejados y comercializados de manera legal, como lo promueven las Unidades de Manejo para el
Aprovechamiento de la Vida Silvestre, como lo promueve el Coinbio.
En efecto, las UMAS fueron el siguiente paso en la estrategia de la conservación que los ejidos de Zihuatanejo están impulsando
en éste último año de vida que tiene el Coinbio. Ahora los campesinos saben que si bien el gobierno ha criminalizado el consumo
y la comercialización de animales silvestres, tienen ahora a la mano la manera legal de aprovechar los venados, el oso
hormiguero, los jabalíes, las cotorras, los pericos y las guacamayas, siempre y cuando velen para su reproducción y
sustentabilidad.
Puede parecer simple, pero no lo es, que uno de los viejos campesinos de Agua de Correa ahora presuma que en su ejido
solamente faltan 20 especies de aves para tener tantas como son todas las que cuenta el estado de Guerrero.
Con recursos del Coinbio se trabajó también en el fortalecimiento de las instituciones ejidales, ahora tan vulneradas, vapuleadas
y menospreciadas. Aunque era ir a contracorriente del proyecto neoliberal que pugna por la desaparición de los ejidos, se
consideró que retomar a la asamblea ejidal como autoridad suprema de los núcleos agrarios, por encima del comisariado y del
consejo de vigilancia, órganos ejecutores de los acuerdos de aquella, su fortalecimiento son cuestiones estratégicas en la lucha
por conservar la riqueza biológica del ejido, máxime cuando las propias leyes y hasta la Constitución le reconocen a esta figura
legal, propietaria de más del 70 por ciento del territorio estatal, su responsabilidad en el cuidado de los recursos naturales. En
los talleres dirigidos a las autoridades y líderes campesinos se abordaron estos temas que resultan tan actuales para revertir la
tendencia del deterioro ambiental.
Ya en el último año del Coinbio y como la cereza del pastel o la joya de la corona, su pudo conseguir financiamiento para trabajar
con los campesinos ganaderos que se asumen como ambientalistas. No es paradójico, pero resalta en el éxito de la experiencia
Coinbio en Zihuatanejo, el hecho de que sean los campesinos ganaderos los que más sensibles han sido en la idea de conservar
la biodiversidad.
Primero empezaron por reconocer que siendo la ganadería extensiva una de las prácticas que más daño provocan al ambiente, se
podía apostar al desarrollo de un método alternativo que llamaron sustentable porque conlleva el compromiso de no desmontar
más bosque e intensificar el aprovechamiento de la superficie de terreno que ya está incorporado al pastoreo. Esa experiencia
que ahora se ha planteado como ejemplo, quizá pueda ser retomado por alguna institución oficial como de hecho sucederá con
el Coinbio, proyecto que pasará a enriquecer las políticas públicas que responden a las necesidades de la conservación de la
biodiversidad con la participación decidida del sector social.
La experiencia Coinbio vivida por los habitantes de más de la mitad del territorio municipal, ha constituido una plataforma de lo
que puede ser el desarrollo rural sustentable tan deseado.
Primero fueron los estudios que consumieron más de dos años de trabajo, luego empezaron a llegar los frutos que los ejidos
empiezan a cosechar.
El gobierno del estado seleccionó a 13 comunidades del territorio Coinbio para atender a 260 familias con el Programa de
Seguridad Alimentaria y que comprende, aparte de fortalecer sus capacidades para aprovechar productivamente los recursos
naturales de su traspatio para la producción de alimentos, obras para la comunidad con impacto en la conservación de suelo y
agua.
Después ha sido el financiamiento a proyectos de ecoturismo, insertos en el objetivo de generar empleos e ingresos, fomentar la
paz social y el arraigo de las familias del campo aprovechando la ubicación estratégica respecto al desarrollo turístico de Ixtapa.
En el campo de Zihuatanejo se ha creado y va desarrollando una conciencia ambiental que envolverá a la ciudad, pues sigo
sosteniendo que por definición los campesinos están más cerca del ecologista que requiere el mundo para su salvación.