EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La extorsión como el cobro de piso

Silvestre Pacheco León

Mayo 11, 2026

 

 

Cuenta mi amigo Juan que cuando trabajaba como mesero en el restaurante del aeropuerto internacional de Zihuatanejo la primera vez que vivió algo sobre lo que después se conoció como el cobro de piso fue a principios de los años ochenta. Dice que un día llegó un grupo policías federales para realizar un operativo que consistía en revisar el contenido del equipaje de los pasajeros, supuestamente para detectar el trasiego de droga y que se auxiliaban con una pareja de perros entrenados para detectarla.

Dice que recuerda bien al jefe del grupo porque lo atendió todos los días de casi una semana que estuvieron con el operativo:

“Siempre andaba drogado”.

La primera vez que lo atendió dice que se llevó una sorpresa a la hora de cobrar, que tratando de quedar bien para ser recompensado con la propina se adelantó en llevarle la cuenta antes de que él la pidiera y que en cuanto la vio le pidió que le hablara al gerente quien llegó de inmediato para atenderlo pensando que quería alguna aclaración sobre el precio de algo, o de cualquier otra cosa, pero que no fue eso lo que sucedió.

“Tu me estás cobrando por el servicio del restaurante cuando deberías de pagarme porque yo te cuido a ti y a tu negocio”, le dijo en actitud molesta, como ofendido de que se le estaba cobrando. Luego le explicó que estaban llegando al puerto gente indeseable y peligrosa que iba a perjudicar a los negocios y que para enfrentarlos se necesitaba financiar a un grupo dispuesto a defenderlos, que mientras él y su grupo estuvieran presentes nada le pasaría pero que no podía garantizar que todo siguiera igual.

No pasaron muchos años, dice mi amigo, cuando el cobro de piso tuvo su auge precedido por un período violento de balaceras en las calles, asaltos a mano armada, secuestros y una cauda de muertos.

Era una situación de miedo que obligó a la población a cambiar su modo de vida intentando protegerse de muchas maneras, la primera fue evitar salir en la noche y hacerlo solo para lo más indispensable.

Acudir a la policía era una ingenuidad o un acto desesperado porque la voz popular decía que estaba coludida con la maña y pedirles ayuda o denunciar algún hecho delictivo era convertirse en un objetivo directo porque el denunciante era inmediatamente localizado.

Por eso muchos ciudadanos de plano buscaban apoyo acudiendo al grupo enemigo del que tuviera el control de la plaza. Así fue como inició la descomposición social, cuando todos dudaban de todos.

Los cárteles michoacanos fueron los primeros que se extendieron por toda la Costa Grande y más allá de la zona Centro del estado. Algunos no han de olvidar aquel asesinato de un cura denunciado como aliado de La Familia Michoacana porque durante su sermón insistía en la importancia de proteger a la familia para mantener la paz social en las comunidades, cuidando que sus miembros fueran respetuosos y educados. Así de graves llegaron a ser los excesos cometidos azuzados por el miedo.

Años después y en plena descomposición social y de los cárteles, La Familia Michoacana se dividió y surgió el cártel de los Caballeros Templarios con Servando Gómez Martínez, La Tuta, como su líder.

Nadie suele reflexionar, más allá de las anécdotas, sobre esa parte de la historia reciente del narcotráfico y el efecto que ha tenido su desarrollo en el país porque para llegar al momento actual convertido en pretexto para una invasión militar de parte de Estados Unidos pasamos por situaciones bastante críticas que ningún gobierno atendió porque tanto el PRI como el PAN se dedicaron simplemente a administrar el problema simulando o de plano haciéndose cómplice, al grado de que se desentendieron de su presencia como autoridad en los pueblos permitiendo que fueran los cárteles los que fungieran como autoridad extralegal, mucho más expedita para atender y resolver problemas añejos. Así construyó la maña su base social.

La gente confiaba más en La Tuta que en los gobernadores y los ayuntamientos, al grado que mandaba en los municipios. Los presidentes municipales, desprotegidos del gobierno, dependían del delincuente quien disponía libremente del presupuesto y no faltaban los líderes sociales, sin distinguir partidos políticos, que hasta buscaban tomarse la foto con él.

Y aunque ahora haya quienes no lo acaban de reconocer, el único gobierno que entendió el problema de las bandas criminales y su inserción social fue el gobierno de la 4T que atinadamente el pueblo eligió en el año 2018.

Todas las reformas constitucionales que se han hecho desde entonces sobre el tema habla del enorme esfuerzo por cambiar esa realidad en la que ahora se fija el gobierno de Trump para acosarnos.

Antes el Ejército carecía de un respaldo legal para realizar labores que estaban a cargo exclusivamente de la policía. El PAN con Felipe Calderón fracasó en su intento de crear la policía federal para combatir al narco y terminó siendo su aliada.

Nadie apostaba por la Guardia Nacional que creó AMLO y que ahora se ha convertido en el mejor cuerpo de investigación y de combate al narcotráfico, y son pocos también los que entienden que este organismo forma parte de la estrategia que el presidente López Obrador bautizó con el lema de “Abrazos no balazos”.

Todos los programas federales con su respectivo presupuesto destinados al apoyo de los jóvenes han mostrado sus bondades en muy poco tiempo convirtiéndose en el método más eficaz para quitarle a los cárteles el flujo de seres humanos que durante años convirtió en ejército de sicarios.

Ahora podemos tener todos la certeza de que los futuros ciudadanos recibieron el apoyo del Estado para tener una educación gratuita y de calidad desde la preprimaria hasta la profesional contando con una beca para estudiar o trabajar o para ambas. La opción para los que solo quieren trabajar está en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

Y si antes la gente tenía temor de denunciar con la policía cualquier hecho delictivo porque era exigencia su identificación, ahora la ley los protege para hacerlo de manera anónima, de tal manera que ahora son los millones de mexicanos que quieren la paz y el progreso los mejores aliados del gobierno para combatir a la maña.

La mayor evidencia de la eficacia que tiene la estrategia de la 4T contra la violencia y la inseguridad es el reporte sistemático del Inegi que en su último reporte señala que el número de homicidios diarios en el país pasó del 59.5 por ciento en septiembre del 2024 al 32 por ciento en 2026, o más claro, hace un año las muertes violentas en el país eran 87 diarias en promedio y en el presente año han bajado a 59.5. Eso es lo que Donald Trump se niega a ver pero que a todos los mexicanos nos debe tener satisfechos y tranquilos. ¿No cree?