EL-SUR

Miércoles 28 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

La familia

Héctor Manuel Popoca Boone

Diciembre 26, 2015

Hay tres fechas en el año que son propicias, por antonomasia, para que se reúnan festivamente las familias mexicanas: el Día de las Madres, el Día de los Muertos y las festividades navideñas. (Aparte de los días de cumpleaños, bautizos o casamientos).
La valoración grande que le damos los latinos al núcleo familiar, es muy diferente al que le otorgan los anglosajones. Mientras que en ellos la familia tiende a dispersarse en forma definitiva al entrar en la adolescencia los hijos; en nosotros, la unidad familiar la preservamos el máximo de tiempo posible, por los valores, virtudes, afectos y fortalezas que de ella sentimos, abrevamos y depositamos a lo largo de nuestra existencia.
Desde las clases de civismo que nos impartían (hoy canceladas por la educación utilitarista imperante), aprendimos que la familia es la célula básica de la sociedad. Cosa importante en nuestra conformación, porque sin ella las tendencias a la resquebrajadura y desmoronamiento social serían altas, al no existir mayor valladar ante lo disruptivo circundante. Además, la familia es elemento importante de cohesión social, frente a las acechanzas de un individualismo y egoísmo disgregante, una ambición voraz y desmedida, que solo se da en una sociedad deshumanizada, violenta y rapaz como la que vivimos.
También la familia latina tiene la virtud de ser una zona de refugio sentimental y bastión afectivo, para resistir o darse tregua, ante los impactos emocionales o connatos de ruptura amorosa o amistosa. No se diga de factores destructivos, como son las drogas y la delincuencia en los jóvenes, o aquellos de complicación vital como los embarazos indeseados en las muchachas, que encuentran en el núcleo familiar un apoyo para sobrellevar las obligaciones uni-parentales de temprana edad.
La familia es también, hoy en día, zona de defensa frente al avasallamiento de la inseguridad pública y la violencia social generada por la delincuencia organizada, hasta ahora incontenible. También se convierte en dique contra los abusos de fuerza de los poderes institucionales o reales que dominan la sociedad, en donde la familia actúa para su propia supervivencia en forma solidaria, amorosa y por demás desinteresada.
Qué decir de la familia como bálsamo confrontador de las tendencias al aislamiento, a la enajenación, al autismo social y al automatismo conductual, de una sociedad que somete a las personas a un estrés y tensión constante por motivos de faena laboral, en el contexto de un páramo colectivo.
Pero también el núcleo familiar es fuente de gozo, alegría y felicidad, en donde la calidez humana da cobijo y techo, a los que por su edad, enfermedad o discapacidad, ya no pueden seguir contribuyendo, con energía e ímpetu, a la subsistencia de la familia. En estas familias, los vulnerables no tienen el mísero destino de pasar sus últimos años en las soledades o en la indefensión física temprana, que aísla y retrae.
La familia se ve fortalecida cuando festina y se da a la recreación sana, para olvidarse aun cuando sea con fugacidad, de los trajines y preocupaciones del día a día; y así convivir en forma solaz y alegre las experiencias vitales, las anécdotas familiares, la gratas remembranzas, ilusiones y esperanzas delineadas para el futuro, mientras los infantes conviven con sus pares y los jóvenes platican sus cuitas y aventuras. Todo eso, adosado con deleitosa música, viandas y bebidas, por modestas que sean.
Cuando lamentablemente ya no tenemos familia con la cual reunirnos, las buenas amistades, los buenos libros, la reconfortante música y los agradables recuerdos nos hacen pasar una noche navideña placentera, máxime si tenemos a nuestros pies una cariñosa mascota.
Deseo a todos que sigamos cultivando los lazos de fraternidad familiar, a pesar de que algunos seamos resultantes de familias disfuncionales, desintegradas, de conveniencias, etc. Por unos días o momentos de un día o una noche, vale la pena darnos esa maravillosa oportunidad.

PD. Reconozco la intervención del secretario General de Gobierno, Florencio Salazar Adame, para destrabar mis salarios devengados, que fueron retenidos en mala hora.