EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

La fiebre del buche

Silber Meza

Marzo 26, 2022

Un par de especies de animales están siendo cazadas sin piedad desde hace años: la totoaba y la vaquita marina. Si se les pregunta a los pescadores del Alto Golfo de California (AGC), zona ubicada entre Sonora y Baja California, dirán que la vaquita, el cetáceo más pequeño del mundo, no les interesa en lo más mínimo, que en realidad su atención se halla en la totoaba. Y de la totoaba lo que realmente desean es el buche, sólo el buche.
Se calcula que en China esta parte del pez se vende hasta en 45 mil dólares el kilo, casi un millón de pesos mexicanos. Otras estimaciones colocan el precio mucho más arriba.
Es muy elevado porque se le considera un platillo de estatus alto y porque se cree que tiene beneficios afrodisiacos y curativos, algo que nunca ha sido comprobado.
Autoridades mexicanas han revelado que la vejiga natatoria, o buche de totoaba, ya supera el precio de la cocaína.
La totoaba es un pez endémico del AGC, y aunque está prohibida su captura porque se encuentra en peligro de extinción, los pescadores –en especial de San Felipe, Baja California– se arriesgan todos los días para atraparla de forma furtiva ante el ingreso que genera y las pocas oportunidades en la región. Pero no todos están dispuestos a ser atrapados por los patrullajes de la Secretaría de Marina. En los diversos reportajes realizados se puede entender que es únicamente un grupo de “totoaberos” los que toman esa iniciativa, aunque han hecho que afecte a todo San Felipe porque les han limitado severamente el margen de pesca.
Los pescadores van por la totoaba pero las redes y mallas que utilizan son tan mortales para la totoaba como para la vaquita marina, una especie que puede estar a punto de desaparecer. En 1997 quedaban sólo 600 ejemplares, y en 2019 se calculaban apenas 10. Si las condiciones no cambian para esta especie, tal vez la próxima noticia que nos llegue es que ya se extinguió.
De acuerdo con un reportaje realizado por Emilio Godoy publicado en El Universal, el gobierno federal mexicano no ha hecho esfuerzos sustantivos para proteger a la vaquita.
El retiro de chinchorros pasó de 149 en 2018 a 59 en 2019, una caída de 60 por ciento, según datos de la Profepa. La Secretaría de Marina tiene informes que indican un descenso en la recolección de redes, luego de un crecimiento entre 2016 y 2018.
Y a pesar del trabajo preventivo y el retiro de redes, en la temporada de pandemia los traficantes continuaron operando, como se demuestra en el trabajo de Godoy, que documentó que nada más en 2021 los gobiernos de México y Hong Kong decomisaron más de 200 kilos de buches de totoaba en múltiples operativos. Todos provenientes de México.
Pareciera que el gobierno federal ha dejado toda la responsabilidad a la organización internacional Sea Shepherd, con la que ha firmado un acuerdo de colaboración la Secretaría de Marina. Sea Shepherd vigila y cuando detecta pescas ilegales la Semar interviene.
La organización sin fines de lucro y que vive de donaciones particulares ha emprendido una agresiva campaña de vigilancia en el AGC, que incluso la ha llevado a confrontaciones severas con pescadores de San Felipe. Pobladores de la zona han acusado a la organización de haber asesinado a un pescador con el impacto de uno de sus botes contra una panga local; Sea Shepherd aseguró que fue la panga la que se lanzó contra su bote.
El problema ha crecido sustancialmente. Decenas de pescadores han atacado barcos de la organización en rechazo a su presencia en la zona.
En un reportaje de CNN Money se puede ver que las redes ilegales ahogan a la totoaba, y que existe una fuerte estructura social que está dispuesta a luchar para que les permitan capturar totoaba, así traiga como consecuencia la extinción de la vaquita marina.
“Hay como unos 100 mil chinchorros tendidos para la totoaba”, cuenta una habitante de San Felipe.
La vaquita marina está a punto de desaparecer y parece que el gobierno mexicano no tiene verdadera intención de detener este proceso, aunque reciba fuertes presiones de Estados Unidos porque la protección del cetáceo está dentro de los acuerdos del tratado comercial con México y Canadá, el T-MEC.
El tema se ha convertido en la crónica de la muerte de una especie anunciada.