EL-SUR

Miércoles 05 de Agosto de 2026

Guerrero, México

Opinión

La flor de ocote

Silvestre Pacheco León

Agosto 03, 2026

Después de que el sábado 25 de julio concluyó la primera etapa de la fiesta patronal con la danza de Las Cueras en el atrio y luego en la noche la quema de los toritos, en un estruendo de “cuetes”, la cabecera municipal de Quechultenango recuperó la calma y la normalidad.
Ya no despertamos por los “cuetes” ni por la obligada música de las mañanitas.
En la misma noche del sábado 25 las tres imágenes santas reunidas desde la mañana para escuchar la misa pontifical del medio día regresaron a sus domicilios.
Luego siguieron los días con la cotidiana normalidad que permite escuchar el croar de sapos y ranas que viven en el lecho del río, y solo las campanadas del reloj y su música clásica nos recuerda el tiempo que pasa inexorable.
Volvimos a la vida con su ritmo provinciano y los anuncios del comercio local que se hacen eco de los altoparlantes para avisar que hoy habrá menudencia frita en la casa de don Juan Manuel Alejo, mejor conocido como “La mona”.
Fue hasta la tarde del martes 28 cuando los truenos en el cielo nos recordaronn que estamos en tiempo de lluvias. Y Llovió, si no copioso, suficiente para la vida de la escasa siembra y también para refrescar el ambiente dando pausa al agobiante calor.
La actividad religiosa de todos modos continuó porque las peregrinaciones siguieron llegando a la cabecera parroquial.
El miércoles se recibió la peregrinación de los fieles de Coxcamila y fueron las autoridades municipales las designadas para su recepción.
El jueves de pozole volvió a lloviznar y la lluvia refrescó la tarde que a escasos dos días de iniciar la ceremonias del baile del Ocoxúchitl cambió el rostro de la cabecera porque las calles del centro quedaron prácticamente cerradas por la llegada de los comerciantes que acaparan cada metro cuadrado del territorio de uso común.
El mismo jueves hubo corrida de toros con el atractivo de la banda musical, los animadores y grandes puestos de cerveza en la plaza.
Solo la iglesia católica en este tiempo de fiesta religiosa sigue cerrando sus puertas con puntualidad a las seis de la tarde, aunque en el atrio hay actividad de quienes ensayan para el sábado el baile del Ocoxúchitl con los prehispánicos instrumentos de la flauta y el Teponaxtle.
La novedad en la plaza dominical fueron los puestos de venta de los ramos del Ocoxúchitl cuyo precio ha subido a 25 pesos en los puestos del Centro y a 25 en sus alrededores. Contrariamente a lo que se escucha sobre una supuesta escasez de la Flor de ocote, los puestos abundan.
Antes, doña Santa, una artesana de jabones de cacahuananche y aceite de Romero que viene de Aztatepec, asegura que debido a lo tardía de la temporada de lluvias no ha crecido esa planta que se usa como reliquia para el baile indígena.
El viernes fue día de la velada en las tres mayordomías, los vendedores se quejan de que hasta hoy se nota poco en sus ventas la llegada de gente, pero desde ayer el rodeo está lleno a toda su capacidad con visitantes de ganaderías del estado de México y bandas de música que atraen a personas de muchas localidades del municipio que lo abarrotan.
Lo que parece ser la novedad es que desde el año pasado y como efecto de la situación de inseguridad que se denunciaba en los medios, mucha gente optó por dejar de venir a la fiesta y ahora parece ser que dicha distancia no es temporal porque en varios de los pueblos a la redonda en los que el señor Santiago funge como santo protector se está replicando el baile del Ocoxúchitl, con la música grabada como son los casos de Chilpancingo, Dos Caminos, Petaquillas y Ayutla en la Costa Chica.
Y así llego el gran día, el sábado primero de agosto que amaneció fresco y sin lluvia, anunciado por el tronar de los cuetes que desde las mayordomías y de manera sincronizada convocaron para la peregrinación hasta el templo, otra vez para reunir a las tres imágenes de Señor Santiago para presenciar su danza exclusiva canocida como las Cueras.
Los peregrinos fueron entrando en tandas de medio ciento y saliendo después de 15 minutos, es decir 200 personas cada hora o 2000 este primer día que comenzó a las 6 y media y terminó 10 horas después.
Por la noche fue la tormenta que cayó con granizo y viento con una violencia inusual cancelando los dos espectáculos programados para la noche, la corrida de toros y el baile.
La lluvia comenzó a las 9 y media de la noche anunciada por rayos y centellas en un estruendo un poco aterrador venido del cielo.
Hubo techos levantados y árboles caídos con un susto monumental que reunió a cientos de paseantes guarecidos en la cancha techada frente al palacio municipal viviendo en absoluta oscuridad media hora de apagón entre la explanada inundada. Los manteados que sirven de techo y sombra a los puestos volaban por el viento y la gente que acudió al espectáculo corría asustada por las calles buscando protección. No faltó quien comentara que la lluvia violenta era coraje del santo porque hay más gente atendiendo el espectáculo mundano que a su fiesta.
Por fortuna al día siguiente los peregrinos que vinieron a bailar el Ocoxúchitl hicieron mayoría y bajo un sol radiante soportaron estoicos el calor sin quejarse. Todo el día domingo, como el sábado, el pasillo del atrio lució apretujado de peregrinos esperando su turno con sus ramos de flor de ocote. Las personas muy grandes y quienes padecen alguna discapacidad tuvieron facilidades para entrar al baile sin formarse. Las historias abundaron.
Cuando llegó la hora de la comida empezaron a concentrarse en el atrio las grupos de donantes de alimentos, tres puestos despachando, mole colorado con carne de cerdo y morisqueta, mixiotes de carne de cerdo, frijoles y tortillas; en otro repartían barbacoa de res preparada por Julián Hernández Manzanarez, un cocinero de San Jerónimo que desde hace 10 años viene a guisar el becerro que también cada año regala Giovany Barrios, un migrante que costea la comida para mil peregrinos.
Uno a uno los estruendo de los “cuetes” anunciaron que iniciaba la peregrinación hasta la iglesia con las imágenes seguidas de la danza santiaguera y los mayordomos.
A las 6 y media de la mañana inició la misa y en seguida el ritual del baile del Ocoxúchitl con los madrugadores, y mientras la danza de las Cueras salían a la calle para continuar recogiendo los toritos que engalanan la noche, entraban los contingentes de fieles en grupos de cincuenta, cada cual con sus ramos de flor de ocote en sus manos para pedir con fe o agradecer al santo el milagro demandado al ritmo de la música del Teponaxtle mientras recorren el trayecto de la entrada a la salida, dos pasos a la derecha, dos a la izquierda, una vuelta completa y luego el agitar de los ramos como lo indica el tambor.
Para mis cálculos cuento la cantidad de personas que entran al templo en cada tanda y luego el tiempo que tardan para salir. Mi referencia es el hombre de lentes y turbante que entra a las 8 y 10 de la mañana y sale a la media hora. Me dicen que la mayoría hace más de una vuelta a pesar de que la recomendación es de no tardarse.
Cada quince minutos entraban y salían las tandas de fieles esperados ya en los jardines del atrio por quienes reparten atole y café con piezas de pan. El olor perfumado de la flor de ocote inunda el jardín del atrio.
Un hombre y su hija reparten insignias a lo fieles de las fiesta repitiendo el gesto que iniciaron hace diez años como manda.
Afuera del atrio sigue el ruido propio de los negocios invadiendo las calles con la venta de comida y bebidas y toda clase de artículos alusivos al santo, llaveros, medallas, pulseras, fotos, cuadros, imágenes, todo barato porque los vendedores le apuestan a la ganancia por volumen de venta más que por el precio. Un cuadro del santo cuesta cien pesos, veinte un llavero o una esclava de cuentas de plástico.
En una esquina del jardín el atractivo para los niños es un enorme cebú con cuernos descomunales y manso, con montura en el lomo y argolla en la nariz pegada a una cadena de donde lo controla el muchacho que ofrece fotos a 150 pesos para los niños que asumen el reto de montarlo.
El toro cebú que responde al nombre de Palomo mueve los cuernos cuando el niño sube y cuando baja de su lomo.
Palomo está acompañado de un caballo Pony al que poco caso le hacen los niños, más acostumbrados a los caballos que a los toros.
La fila de peregrinos se cierra cuando hace su aparición en la explanada municipal la danza de las Cueras como un caballo rojo de fuego con su atronador choque de machetes que se adueña del espectáculo.
Así cierra el baile del Ocoxúchitl y la gran fiesta patronal de Quechultenango que sigue presumiendo del vigor de su tradición sin fijarse que ahora en muchas otras parroquias se replica desde el año pasado el ritual indígena con música de flauta y Teponaxtle grabados.