EL-SUR

Jueves 18 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

La frágil elasticidad de la cordura, la realidad y la razón

Adán Ramírez Serret

Julio 20, 2018

Samanta Scheweblin (Buenos Aires, 1978), es una escritora singular, extraña en el sentido etimológico de la palabra, es decir, nacida en otro lugar. Lo es por diferentes circunstancias; la primera es que todo lo que ha entregado al público –tres libros de cuentos y una novela–, es asombrosamente preciso, original y raro… Esa es la otra circunstancia particular en ella: cada uno de sus relatos está permeado, inundado por la extrañeza que ahoga la realidad o lo absurdo bañado por lo cotidiano.
Este perfecionismo en todas sus entregas, la ha hecho ganar muchos premios que van desde el Casa de las Américas y el Premio Juan Rulfo hasta el Shirley Jackson en 2017. Incluso, lo que muy pocos latinoamericanos, fue seleccionada para el Man Booker en 2017 al lado de escritores grandes como el israelí David Grossman.
Las causas por las cuales un autor o una autora sean multipremiadas son muchas. Puede ser la importancia de su literatura como militante, la trascendencia de su obra en su propio país o en el mundo, y, por supuesto, por la calidad deslumbrante. ¿Qué hace tan buena a Samanta Schweblin? Esta es una pregunta que se hace antes de leerla, pero ahora, así a bote pronto, me parece que su obra es buena porque aunque sea una autora joven, sus cuentos parecen venir del pasado, ser clásicos en el presente.
Todas las dudas que se puedan tener sobre ella se disipan en cuanto se comienzan a leer sus libros, porque apenas damos algunos pasos en su escritura descubrimos que entramos a un mundo nuevo que no sabíamos que conocíamos pero que siempre ha estado dentro de nosotros. Sus cuentos, en específico, son ventanas a los sueños, las pesadillas, las visiones, los delirios o las certezas. Pienso en el conjunto de relatos recientemente reeditados por editorial Almadía Pájaros en la boca.
Se trata de 24 relatos claroscuros que en lo particular me recuerdan las razones por las cuales dedicar la vida a la literatura. Historias que se pueden leer una y otra vez y en cada ocasión son diferentes y siempre transforman el mundo. Sobre Schweblin han escrito algunos autores como Matías Néspolo: “Una implacable máquina de relojería narrativa capaz de mantener en vilo al lector, al extremo de arrebatarle la respiración, de cuya descarga eléctrica ningún lector podrá librarse”. El genial Andrés Neuman, agrega: “Los suyos podrían ser los mejores cuentos argentinos de mi generación. Secos. Duros. Contundentes”.
Es pertinente que sean dos escritores argentinos quienes escriban sobre Schweblin pues un rasgo particular en su escritura es el lenguaje; sus relatos están narrados por voces profundamente porteñas, oriundas de Buenos Aires. Irman, por ejemplo, que es el relato que abre el libro. Se trata de dos hombres que llegan a un restorán en medio de la carretera. Quien narra se encuentra algo perturbado porque se muere de sed y esto le hace ver el mundo de una manera distorsionada. Sin embargo, es también la realidad que relata el cuento la que es extraña. Pues el local está desierto pero hay rastros de una multitud que comió y bebió allí. Nadie atiende y el narrador se sigue muriendo de sed y cuando al fin encuentran a alguien, se trata de un hombre patizambo que parece no entender lo que dicen. En torno a este tipo de atmósferas giran los relatos de este libro. El que da título al conjunto, por ejemplo, Pájaros en la boca, es la historia de una niña que se niega a hablar y todo lo que pide son jaulas con pájaros porque es lo único que puede comer.
Según se avanza en la lectura de estos cuentos que muchos parecen parábolas kafkianas, vamos descubriendo que aquello que pensábamos era un mundo real, el que nos rodea, tiene mucho de fantástico, y que los límites entre lo cotidiano y lo extraño se encuentran en una tensión constante. Las ficciones de Samanta Schweblin ponen a prueba la resistencia, la elasticidad de la cordura, la realidad de la razón.
(Samanta Schweblin, Pájaros en la boca, Almadía, Ciudad de México, 2018. 229 páginas).