EL-SUR

Jueves 02 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La hermosa cercanía de Eduardo Sacheri

Adán Ramírez Serret

Julio 25, 2025

Es difícil hablar del nacimiento de la Novela Histórica, definir de manera categórica: ésta fue la primera novela del género; pero, lo que sí se puede hacer es mencionar grandes novelas en este estilo; aquellas que han marcado un antes y un después en la literatura, el arte, y, por qué no, en el mundo. Claro, ahí están Ivanhoe de Walter Scott, Guerra y paz de Lèv Tolstoi o Noticias del Imperio, de Fernando del Paso. Todas novelas imprescindibles cuya lectura es casi un derecho humano.
Pero, para hablar de la novela que hoy traigo bajo el brazo, me gustaría poner sobre la mesa el nombre de Benito Pérez Galdós, quien además de renovar y hacer inmortal el realismo en España y en español, con su hermoso castellano, marcó un antes y un después con sus bellísimas novelas cuyo centro era no sólo la historia de España, sino la historia muy reciente de su país. Pues, sus Episodios Nacionales, constituyen no sólo una historia novelada de un país en donde los hechos históricos contengan la carne no solamente de los héroes nacionales, sino también todas las vidas íntimas, con pelos y señales, de todas las personas, familias, matrimonios, amistades y amantes que se abrían paso en sus vidas mientras se constituía el Estado Nación que hoy se reconoce ante el mundo, y por algunos españoles, como España. Y es que Pérez Galdós no hablaba de una historia lejana, alguna pasada hacía muchísimos años; no, se refería a aquella que aún dolía, que aún sangraba en cada cena familiar.
Algo muy similar está haciendo el novelista Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967), quien no es un escritor normal, sino una especie de hermano, una especie de mejor amigo soñado quien con cada novela que escribe, hace más cercanos a sus lectores. Sus novelas son una especie de álbum de familia en donde nos reconocemos a nosotros mismos, o aquellas personas que a veces odiamos y por momentos amamos y que usualmente llamamos familia. Las novelas de Eduardo, sí, ya lo tuteo por el sólo hecho de leerlo, son un suspiro; muchas veces triste, melancólico, pues descubrimos que sin saberlo se es feliz, aunque se esté triste todo el tiempo; la felicidad, el amor a la vida nos habita. La trama, el estambre con el que teje Sacheri, no es otro que la Argentina, o, para ser más precisos: los argentinos y argentinas. Esa especie que habita al sur del continente americano y que ha sido inventada por algunos Borges, Ocampos o Cortázars…, pero que, en cuanto se abre una novela de Sacheri, ahí están sangrantes y parlantes, “che”, para contarnos la historia reciente de la Argentina. Ahora, de manera muy dolorosa y terriblemente bella, de la Guerra de las Malvinas. En Demasiado lejos Sacheri es inclemente con sus amores y sus odios. Todo, desde hermosos personajes, cómicos y trágicos: argentinos. Algunos ingenuos, pensando que su país le iba a importar al mundo, a los Estados Unidos; que alguien tomaría sus causas, la ONU. Pero no, a nadie. En esta reciente novela de Sacheri se respira la tragedia, la muerte de miles y miles de jóvenes que fueron lanzados a una guerra no sólo sin sentido, ¿cuál lo es?, sino perdida de antemano; todo, por un vano e innecesario acento en un orgullo nacional que, por cierto, es de todos sabido, pues si algo le sobre a la Argentina, es autoestima.
Sacheri entrega, como siempre, un conjunto de páginas en donde los seres humanos son trágicos, cómicos y, siempre, de manera profunda, brutalmente entrañables. Pues, Eduardo sabe, cómo no, que en las miserias se esconde la belleza, el arte. Pues Sacheri, Eduardo, está demasiado cerca de nosotros, nuestro semejante, nuestro hermano, desocupado e hipócrita.

Eduardo Sacheri, Demasiado lejos, Ciudad de México, Alfaguara, 2025. 426 páginas.