EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La historia reciente de Suria

Silvestre Pacheco León

Febrero 14, 2016

Suria ahora fumaba en contadas ocasiones, ya no como lo hacía antes, pero sin dejar el glamur, como si el aspirar del humo fuera lo máximo del placer.
Me agradaba verla con el cigarro en la mano. Era una diva. Sostenía el cigarro con la mano derecha y el codo pegado a la cintura, luego hacía el ademán de acercárselo a la boca pero en vez de fumarlo mordía con los dientes su dedo meñique.
Sus movimientos eran como si actuara para una puesta en escena y enfatizaba en cada palabra.
Para quitar tensión al momento le dije muy serio:
Es el último cigarro que te permito, porque me conviertes en fumador pasivo, ya sabes que al tabaco lo detesto, le dije con actitud hostil pero fingida.
¡Pinche Kropotkin!, me quitaste la inspiración, dijo con gesto de contrariedad también fingida.
Así, sentada en la cama y volteando a mirarme fue desgranando la historia en un tono que decía poco de su alegría.
Dijo que esperó un año mi llegada. Estaba convencida de que yo no renunciaría a su propuesta de que la siguiera.
Pero a medida que pasaba el tiempo sin recibir noticas mías, los días se fueron convirtiendo en el reto para olvidarme.
Lo hizo más pronto cuando conoció a Daniel en un viaje a Milán.
Dice que cuando perdió su pasaporte en aquella ciudad, Daniel fue su salvación como empleado del consulado mexicano.
Al final se casaron en la ciudad de México y tuvieron dos hijas.
Bueno, en eso se parece conmigo, le dije en tono de complicidad y resignadamente, sólo sabemos hacer mujeres.
Me contó que en su situación actual no tenía necesidad de trabajar, pero que el periodismo le permitía la libertad que siempre había defendido.
Además así puedo visitarte, cabrón.
Su marido seguía trabajando en Italia y en el trato que hicieron antes del casamiento, la condición que Suria puso fue esa. Ah, y también que siempre vivirían en México.
Por la manera en que me contó su historia, entendí que mi nueva situación personal en nada podría cambiar la de ella, porque no pareció arrepentirse de lo sucedido, y tampoco celebró haberme encontrado libre en su regreso al puerto.
Conforme la escuchaba, sentía que crecía mi ingenuidad, y hasta llegué a sentirme ridículo creyendo que después de diez años la encontraría esperándome.
Lo extraño fue que actualizar la información sobre la vida de cada quien no alteró el ánimo inicial del reencuentro, y sólo la cita que ya estaba hecha con las autoridades comunitarias de la CRAC en Ayutla nos hizo abandonar la cama al amanecer el día siguiente.

La vena periodística y el tema de la guerrilla

Tu gobernador dice que es alto el riesgo del levantamiento en todas las regiones del estado, que hay muchas armas, me comentó Suria apenas iniciado el desayuno.
La guerrilla no tiene futuro en Guerrero, ni siquiera en estas circuntancias, insistí frente a mi taza de café.
Pero no ha desaparecido, es un hecho que se mantiene activa, la prensa lo reconoce.
Creo que no es significativa su presencia, pero el gobierno del estado la usa como pretexto para ganar consideraciones del gobierno federal.
Mirando el ir y venir de las olas del Pacífico, recordé aquel poema de Octavio Paz/ desnudo mar, /sediento mar de mares, y seguí con el tema que a ella interesaba, (seguramente también a su periódico, lo supuse después).
Te lo diré claro, la guerrilla como vía de cambio fue derrotada militarmente en los setentas. Después la izquierda partidista la anuló política e ideológicamente.
Canalizó el descontento social hacia las elecciones con el apetito de compartir el poder, le dije. Si te fijas, en eso andamos entretenidos.
Estoy de acuerdo contigo, pero también es un hecho que la guerrilla ahora se ha activado.
¡Lujuria!, después de los setenta, y para desgracia de los guerrerenses, la guerrilla ha sido una opción inviable e impuesta, le dije enfatizando mis palabras mientras ella saboreaba los trozos de sandía.
¿Por qué dices que impuesta?
Después de Lucio y Genaro, en la época moderna no hay guerrerense en sus cabales que esté pensando en la guerrilla. Sería el colmo de nuestros males pensar que los problemas que tenemos se van a resolverse a chingadazos, ¿no crees?
Los que la promueven ni siquiera son guerrerenses, han venido de fuera, a lo mejor hasta pagados para identificar y controlar el descontento.
¿Eso crees de veras?
Son gente que desconoce el modo de pensar y de ser de los “salvajes y bárbaros guerrerenses” como nos llamas.
Pero la verdad es que los “bárbaros y salvajes” nos hemos visto bastante civilizados frente a la ineptitud del gobierno, porque todo se lo seguimos dejando a él. O será que el miedo nos tiene de rodillas, acepté.
Como la noté muy interesada en el tema de la guerrilla le dije que algún día le platicaría del encuentro que tuve con dirigentes del EPR en vísperas de la escisión que dio origen al ERPI.
Mientras pagábamos la cuenta y nos dirigíamos al estacionamiento recordé aquella anécdota que me contaron en un pueblo de la sierra.
Los guerrilleros estrenaban armas y uniformes, camisola, pantalones, gorras y botas. Todos habían sido cooptados de varios pueblos vecinos, hombres rudos, desacostumbrados a usar zapatos y menos pasamontañas.
Llegaron al pueblo elegido cuando ya pardeaba la tarde. La gente se reunió por la novedad del grupo armado que ofrecía detener los abusos del Ejército en la zona y pedía voluntarios para sumarse a la lucha.
Cuando anocheció los guerrilleros se marcharon.
Al día siguiente, nomás con lo que había observado cada quien, los vecinos se hicieron una idea completa de la identidad de todos los que integraban el grupo. Hasta el comandante chiapaneco quedó identificado entre los chamacos nomás por su modo de hablar.
Todo mundo se reía recordando lo que delataba a los guerrilleros, desde su modo de caminar aunque llevaran botas, sus huaraches usados de los que no consiguieron zapatos de su medida, los hermanos de las inconfundibles manos velludas. En fin, los chamacos se morían de risa recordando que uno de los guerrilleros, muy educado por cierto, no pudo guardar la compostura cuando le tocó estar en frente de su madrina, pensaba que había sido reconocido aún con el pasamontañas y la saludó con toda reverencia, Santo madrina, le dijo como se acostumbra en la sierra.
Y qué sabes del ERPI.
Lo que dicen todos, que los dirigentes de la guerrilla llegaron a la misma conclusión que el EZLN en Chiapas, recurrir al método ancestral de la sobrevivencia indígena.
¿Pero crees que pueden ser una alternativa de cambio en el estado?
Eso hasta para mí es muy complejo Lujuria, pero si quieres, te ofrezco para después mi modesta opinión, le dije mientras avanzábamos por la carretera que conduce a la Costa Chica.
Íbamos pasando el largo puente del río Papagayo cuando Suria me preguntó si podíamos hacer un alto.
Atento a su deseo, lo primero que pensé fue que le habían dado ganas de bañarse en el río, aunque también recordé su afición por las fotos que retratan los paisajes bucólicos.
Pero su interés iba más allá de aquellos pequeños placeres, aunque eso lo supe después de parar frente a los puestos de plátanos, piñas y cocos que los lugareños tienen a la orilla de la carretera.