EL-SUR

Viernes 21 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

La hora de los halcones

Jorge Zepeda Patterson

Agosto 14, 2006

Algo está pasando en los círculos del poder presidencial; algo que no es bueno para Felipe Calderón. En la medida en que el discurso de López Obrador se ha ido radicalizando, también lo ha hecho su polo opuesto, la fracción más dura e intransigente del panismo y las fuerzas que lo rodean, encabezadas por Ramón Muñoz en Los Pinos y Manuel Espino en el PAN.
A partir del 2 de julio todo parecía sonreír a Calderón. Dio ruedas de prensa, convocó a todos los mexicanos a una era de conciliación, presentó a su equipo de transición y salió al paso de las impugnaciones de López Obrador. Mientras tanto los duros tomaron un descanso. Espino se fue a cumplir su manda a Santiago de Compostela y Vicente Fox hizo mutis luego de su desafortunada exclamación sobre “el renegado”. Parecía que el “presidente electo” tomaba el control de la escena, luego de ser ungido por la mismísima maestra Elba Esther Gordillo.
Pero dos circunstancias cambiaron la correlación de fuerzas. Primero, el resurgimiento de las acusaciones en contra de los hijos de Marta Sahagún. Todo indica que frente a las pruebas adicionales de la comisión encabezada por Jesús González Schmal, Calderón no se habría mostrado muy entusiasta para garantizar el futuro blindaje de la familia presidencial. Por lo demás es necesario recordar que Felipe Calderón no era el candidato del presidente y que la relación entre ellos no es precisamente amorosa. A los duros de Los Pinos, comenzando por la Primera Dama, no debe haberles costado mucho trabajo convencer a Fox de la necesidad de instalar varios candados para asegurar que Calderón no resultase un sucesor ingrato.
El primero de estos candados fue el control de las cámaras. Ramón Muñoz y Manuel Espino pusieron la maquinaria en movimiento para asegurarse de que los futuros coordinadores de los diputados y senadores del PAN fuesen fieles al equipo presidencial y adversos a Felipe. Como se sabe, un soldado del presidente, Santiago Creel, rival de Felipe, será el coordinador de los senadores a partir del 1 de septiembre; un brazo de Espino, Héctor Larios, será el de los diputados.
La segunda de estas medidas fue aún más drástica. Los hombres del presidente deslizaron la noción de que, en una situación límite, Los Pinos no vería con malos ojos la anulación de las elecciones. No sería lo más deseable, pero tampoco lo pensarían dos veces. Habiendo asegurado el control panista de las cámaras, estarían en condiciones de nombrar un presidente interino más cercano que el díscolo Felipe y convocar a elecciones hasta el próximo año, en que podrían competir incluso con un candidato distinto (los partidos pueden cambiar de abanderado en caso de elecciones extraordinarias).
El otro factor que propició un resurgimiento de los rudos, fue la radicalización de su adversario. Como suele suceder en toda contienda, los halcones de un bando inexorablemente convocan a los halcones de la casa de enfrente. Sin duda el bloqueo de Reforma por parte de la coalición provocó que muchos simpatizantes de López Obrador se deslindasen e incluso hayan cambiado de parecer. Se trata sin duda de los más moderados. Pero del otro lado en los últimos días han llegado al movimiento sectores más radicales que, incluso, no participaron en los comicios o no apoyaron a AMLO (la izquierda cercana al EZLN, por ejemplo). El resultado neto es que el lópezobradorismo se ha desplazado hacia la izquierda, con el componente contestatario que ello representa.
Esta radicalización ha provocado, a su vez, un endurecimiento de las élites. El bloqueo permanente de Reforma y los itinerantes en contra de bancos y oficinas públicas son percibidas como medidas inadmisibles. Hay una impaciencia creciente entre la alta iniciativa privada y los grupos de derecha que exigen poner un alto de una vez por todas. Sectores empresariales de Nuevo León, Sonora, Guanajuato y Jalisco están promoviendo campañas de diversos tipos para propiciar la animadversión de la opinión pública en contra de los perredistas. Son esfuerzos y dineros que no pasan por el territorio de Calderón y su equipo, pero sí por el de Ramón Muñoz y Manuel Espino. El desinterés de Gobernación en la solución del caso de Oaxaca despierta suspicacias, pues podría ser intencional para exacerbar la irritación de los ciudadanos en contra de las protestas y las marchas, lo cual prepararía el ambiente para un escenario de mano dura.
El llamado de Calderón a los panistas el miércoles pasado para que le ayuden a hacer las paces con los perredistas y para distender el ambiente, es un reconocimiento al hecho de que está siendo rebasado por la izquierda y por la derecha. Calderón sabe que él mismo puede convertirse en halcón frente a sus adversarios, y con ello aspirar a retomar el liderazgo entre los sectores de derecha. Pero ello condenaría a su gobierno a seis años sin consenso y a una amenaza permanente de ingobernabilidad.
Podemos dar por descontado que el conflicto postelectoral continuará durante largo trecho. El resultado final de todo esto dependerá en gran medida de quienes sean los protagonistas del conflicto en cada bando: los halcones o los negociadores. Esto no terminará bien si Ramón Muñoz y Manuel Espino desplazan a Josefina Vázquez como interlocutora por parte del PAN. O si Jesús Ortega y Marcelo Ebrard desaparecen para dar paso a los grupos de choque Francisco Villa. López Obrador se está radicalizando al quedar arropado por la rabia y el resentimiento de muchos, acumulada durante largo tiempo. Por su parte, Felipe está siendo rebasado por los rudos de su partido. Habrá que hacer algo antes de que lleguemos a un punto sin retorno. Antes de que sólo impere el idioma de los halcones.

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