EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

La Iglesia y las elecciones

Humberto Musacchio

Junio 21, 2018

La llegada al papado del argentino Jorge Mario Bergoglio parece haber traído un aire de renovación a la Iglesia católica, aunque frecuentemente queda la impresión de que las intenciones de Francisco se topan con la rigidez de los grupos que tradicionalmente han controlado El Vaticano.
Pese a todo, persisten los intentos de renovación y lo cierto es que han tenido un eco notable en México, donde han surgido varias figuras que ofrecen una nueva cara del ejercicio pastoral, hombres de sotana interesados en las causas populares.
Desde luego, siempre han existido sacerdotes católicos ligados estrechamente a los intereses populares, no sólo con Hidalgo y Morelos, sino con los muchos que en momentos clave han estado junto a su grey, ya sea durante la guerra contra los invasores gringos de 1847 o durante la intervención francesa; en la revolución de 1910-17 y, sobre todo, a partir del Concilio Vaticano.
Por supuesto, como en toda institución integrada por seres humanos, en la Iglesia de Roma priva una saludable heterogeneidad, pues más allá del dogma, y a veces dentro de él, se abre una infinidad de caminos para el ejercicio sacerdotal. Por lo menos eso estamos presenciando en México, donde los pastores parecen muy dispuestos a intervenir en asuntos de interés público.
No ignoramos que la legislación mexicana limita la intromisión de los ministros religiosos en la política, pero sabemos también que la norma legal nunca ha impedido que orienten a sus adeptos en el sentido que consideran más recomendable, que generalmente ha sido hacia la conservación de un orden injusto.
Esta vez, sin embargo, sopla un aire nuevo sobre la Iglesia romana y en México sus jerarcas pisan terrenos donde su presencia era poco frecuente. Por ejemplo, David Fernández Dávalos, rector de la Universidad Iberoamericana, acaba de mostrar ese nuevo talante que se percibe en la catolicidad.
Don David demandó a los políticos “de todos los partidos y todos los colores no robar y ponerse a trabajar”. Preciso que la comunidad de la Ibero “no puede asumir una posición neutral ante la emergencia nacional que vive el país ni ante el abandono que padecen los jóvenes”, por lo que precisó:
“No somos cómodos; por el contrario, como jesuitas somos incómodos hasta para nuestra Iglesia, pero esa incomodidad –que preferiría llamar osadía o incluso rebeldía– es la que nos permite mirar la realidad con otros ojos. Es mediante esa incomodidad que seremos capaces de aportar más a un país que reclama justicia y soluciones”.
En la misma línea crítica, el cardenal Francisco Robles Ortega lamentó en días recientes la ausencia de propuestas en las campañas electorales y la “guerra sucia”, que lejos de orientar causa “desconcierto en la sociedad, como es el caso de las llamadas telefónicas contra el candidato de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.
Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla, condenó el asesinato de seis policías en San Salvador Chachapa, municipio de Amozoc, exigió el esclarecimiento del crimen y convocó a las autoridades a detener la violencia que está dejando a las familias con pérdidas irreparables. Dicho en otros términos, habló de la soga en casa del ahorcado, de un gobierno ahorcado por la incompetencia.
Por su parte, el cardenal Carlos Aguiar Retes exhortó a los creyentes a cumplir con su “responsabilidad social”, la que “se expresa yendo a votar. No podemos abstenernos –dijo–, tenemos que ir a la urna y elegir con plena libertad, viendo la mejor propuesta”.
Como puede verse, lejos están estas palabras de aquellos exhortos de los años cincuenta y aún después, cuando desde los púlpitos se condenaba por “comunistas” a quienes votaran por el PPS y hasta por el PRI, pues la boleta debía favorecer al PAN, partido católico.
Desde luego, el también arzobispo primado de México jaló agua a su molino, pues pidió fijarse en qué candidato propone garantizar valores como  “vida, familia, educación y libertad religiosa”, aunque ninguno de los candidatos se ha manifestado contra tales valores.
Lo importante, en este caso, es que la jerarquía eclesiástica convoca a ir a las urnas, pero ya no con aquella actitud intolerante de otros tiempos, sino con un espíritu que demanda cumplir con una responsabilidad social. Desde luego, entre líneas llaman a votar por la derecha, el problema para sus fieles es saber quién es más de derecha, si el PAN o el PRI. Que Dios los ilumine.