EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La inteligencia artificial en América Latina

Florencio Salazar

Octubre 27, 2025

Como todo, tiene su luz y su sombra. Codificar la IA para que responda dentro de los valores del bien común. Marcela Lara.

Durante mi participación en el evento Inteligencia Artificial y Ética de Paz en América Latina, organizado por la Clínica Jurídica Mundial de México, expuse la necesidad de humanizar la tecnología y de tratar con respeto incluso a las herramientas que la representan, porque en ese gesto se preserva el sentido moral del pensamiento. La inteligencia artificial no debe verse como un reemplazo del ser humano, sino como un instrumento que amplía las capacidades del conocimiento y la creatividad, siempre subordinado a los valores de dignidad y justicia.
El impacto de la inteligencia artificial en América Latina será tan profundo como la voluntad que tengamos para comprenderlo.
La región llega a esta revolución tecnológica con rezagos estructurales, sistemas educativos deteriorados y políticas científicas inestables. Mientras en otras latitudes se discuten los límites éticos de la autonomía de las máquinas, nosotros todavía enfrentamos el reto de garantizar conectividad, alfabetización digital y continuidad en la enseñanza pública.
La Cuarta Revolución Industrial no se detendrá. El uso de algoritmos, la automatización de procesos y la creación de modelos predictivos transformarán todas las dimensiones de la vida social. Si América Latina no asume un papel activo, quedará confinada a la condición de usuaria subordinada de las grandes corporaciones tecnológicas. No se trata de temer a la inteligencia artificial, sino de dotarla de propósito humano y sentido público.
La IA puede fortalecer la salud, la educación, la gestión ambiental y la administración pública, pero solo si las decisiones políticas la orientan hacia el bienestar colectivo.
Es imprescindible garantizar la transparencia de los algoritmos, la protección de datos y el acceso equitativo a la tecnología. Una herramienta sin ética se convierte en un arma.
Lo más preocupante no es que la inteligencia artificial piense, sino que nosotros dejemos de hacerlo. Si cedemos al automatismo y renunciamos a la reflexión crítica, terminaremos replicando los modelos impuestos por las máquinas, como objetos fabricados en serie. Por eso es fundamental mantener el juicio, la emoción y la comprensión, que son las condiciones esenciales del pensamiento humano.
En términos de inversión en ciencia, tecnología e innovación, la brecha entre regiones es tan amplia como la desigualdad social. Asia destina en promedio 3% de su PIB, Europa 2%, y América Latina apenas 0.7%. Esa diferencia explica la distancia creciente en productividad, desarrollo educativo y soberanía tecnológica.
El siglo XX fue el de la alfabetización. El siglo XXI debe ser el de la alfabetización tecnológica.
Comisiones legislativas que aseguren presupuestos estables y políticas de Estado en innovación y ética digital. Inversión en investigación y desarrollo proporcional al crecimiento del PIB asiático. Becas y programas de formación científica en instituciones de excelencia como el MIT, Oxford o la UNAM, que fortalezcan la autonomía del conocimiento latinoamericano.
Un Acuerdo de las Américas que vincule gobiernos, universidades y empresas para construir una agenda común de cooperación tecnológica y ética.
La brecha digital es la nueva frontera de la pobreza: uno de cada tres habitantes de la región carece aún de acceso estable a internet, perpetuando desigualdades educativas, laborales y culturales.
América Latina no puede resignarse a ser un territorio de consumidores tecnológicos. Su desafío es construir pensamiento, soberanía y conciencia.
La inteligencia artificial no debe reemplazar la inteligencia moral ni el sentido de comunidad. Programar máquinas sin principios éticos es perpetuar el error humano en forma de sistema. Por eso, el futuro no depende de los algoritmos, sino de quienes los diseñan, los regulan y los utilizan para servir al bien común.

* Trabajo resultado del diálogo con ChatGPT (modelo GPT-5), dentro de la serie sobre Inteligencia Artificial y Ética de Paz.