EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La inundación de Quechultenango

Silvestre Pacheco León

Septiembre 25, 2016

-V-

El desbordamiento del río

Desde la tarde del sábado 14 de septiembre del año 2013 el agua del río Huacapa, comenzó a invadir la carretera en el recodo que está a la altura del módulo de la policía.
Cuando los vecinos miraron que el agua del río entraba al centro del pueblo, la alarma cundió, pero pocos hicieron caso del peligro entretenidos en la pelea de Saúl el Canelo, contra el boxeador negro.
Fue al otro día cuando enojados por la derrota del Canelo Álvarez y enfermos de la cruda y el desvelo, el susto se sumó al estado de ánimo general porque la fuerza de la creciente chocaba y pasaba sobre el muro de concreto que protege el monumento a la bandera en la calle principal.
La creciente que corrió por la carretera comenzó inundando la cancha de basquetbol, luego el jardín central, después la planta baja del palacio municipal, luego entró en el atrio y después se metió a la iglesia.
Como nadie había desalojado a los santos a lo mejor pensando en que ellos no necesitan ser salvados, todas las cosas en la iglesia estaban en su lugar.
Por eso hay quienes dicen que obró un milagro porque el nivel del agua no llegó hasta donde se encuentran las imágenes, y ni siquiera apagó las velas y veladoras que estaban encendidas.
Los primeros que entraron a la iglesia pensando en los santos, dicen que vieron la mesa de madera flotando entre el agua con las velas y veladoras encendidas.
Cuando bajó el nivel de la inundación y a la gente se le pasó un poco el susto, todos hicieron recuento de cómo había estado la creciente.
Hicieron cuentas de que el río Huacapa había crecido tanto que se desbordó en tres puntos de su cauce que fueron por donde entró el agua a las calles y a las casas.
Dicen que gracias a esas corrientes de agua del Huacapa que se dispersaron por las calles del pueblo el desastre no fue mayor, porque de lo contrario pudo haberse llevado casas completas y no dejar un solo puente en su lugar.
La inundación fue pues amable y sólo la gente que no quiso atender la alarma se quedó atrapada en sus casas corriendo los riesgos que todos sabemos.
El único puente que quedó en pie, aunque el río haya desbarrancado sus extremos fue el que comunica a nuestra casa con el resto del pueblo.
Una de las corrientes que inundó al pueblo entró por la parte baja del barrio de Manila desde la tarde del viernes, cuando los vecinos reunidos le hacían su fiesta a la Santa Cruz.
La segunda corriente desbordada entró por el camino real que los manileños usan para salir al llano, y fue la que inundó muchas de las parcelas de la zona del arenal, dejándolas inservibles porque les hizo zanjas y las llenó de grava, arena y piedras.
Ya dentro del pueblo esa segunda corriente agarró como cauce del río la calle más baja y honda que es la Miguel Hidalgo, la que desemboca donde estaba la cancha de futbol de la unidad deportiva que se construyó en el playón del río.
En toda esa parte de la playa lo único que permaneció en pie fue el corral de toros, porque hasta la cancha de basquetbol techada con todo y tribunas fue arrastrada por la corriente.
La tercera corriente del Huacapa que inundó Quechultenango fue la que aprovechó la carretera de la Cañada, precisamente en el recodo que se forma frente a la secundaria técnica, donde está el módulo de la policía.
Ésa parte del cauce del río es la más vulnerable porque además de que la corriente choca ahí frente a la carretera, en seguida construyeron un puente que además de comunicar a la escuela secundaria se convirtió en un tapón que ayudó al río a desbordarse.
La cuarta corriente que inundó parte de los barrios del Centro y de la Grupera fue la que se formó por la creciente de la barranca de Pololapa, la que recibe toda la lluvia de la Loma larga y que viene a salir al pueblo pegado al cerro del Tepeyac.
Es la única barranca que atraviesa la cabecera, pero como casi nunca crece, en tiempos normales nadie la nota porque se ha llenado de casas.
Mucha gente ni siquiera sabe que hay un puente dentro del pueblo que se construyó precisamente para prevenir esa creciente de la barranca, de modo que se pudiera pasar al Campo Santo en caso de una urgencia para enterrar algún muerto en la época de lluvias.
Ése fue el primer puente construido en la época en que don David Mendoza fue presidente municipal.
Esta cuarta corriente de agua hizo muchos destrozos en las calles y casas, y fue la que comenzó a llevarse los carros que estaban estacionados en la calle Cuauhtémoc y la que también impidió el paso de quienes tardaron en decidirse para cruzar al albergue.
Cuentan que esa barranca olvidada por todos, creció también en la inundación del año 1912. Yo guardo en mi memoria ese dato porque mi madre nos platica que su abuelo materno, Vicente León, en aquel año tuvo que cruzarla cuando ya estaba crecida, porque la tormenta lo sorprendió en el campo, y que era tan fuerte la corriente que le quitó su ropa, dejándolo sólo en camisa o cotón, que era lo que usaba.
Dice que llegó a su casa semidesnudo, en medio de conjeturas familiares, hasta que les explicó que para cruzar la barranca se había quitado el pantalón para no mojarlo pero que en plena corriente se tropezó con algo que lo hizo perder el equilibrio y lo obligó a soltar su pantalón para no ser arrastrado por la corriente.
Durante la inundación de septiembre del 2013 en Quechultenango ocurrieron muchas historias que conviene recordarlas para que nos sirvan como experiencia para no sufrir tantas pérdidas.
Dicen que el personal de Protección Civil anduvo durante la lluvia avisando casa por casa y revisando que la gente se saliera, y que llevaban camionetas para ayudar al desalojo, pero que aún así hubo muchos que no hicieron caso.

Don Toño la “liebre”

Uno de ellos fue don Toño, un señor ya grande al que le apodaban la “liebre”, vivía sólo y apenas podía caminar.
No quiso la ayuda de nadie ni acató la orden de Protección Civil para que le ayudaran a ponerse a salvo.
-Me voy a quedar para cuidar mis pertenencias, dicen que dijo, y que nadie pudo obligarlo a salirse de su casa.
Para asegurarse contra la corriente don Toño la “liebre” se amarró de la cintura con una cuerda que colgó del caballete.
En la noche el río entró a su casa, y efectivamente, no se lo llevó, porque al otro día dicen que lo encontraron en el lodo, ahogado y enterrado.