EL-SUR

Miércoles 24 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La laguna de Las Salinas

Silvestre Pacheco León

Febrero 17, 2025

Si hemos de referirnos a las bellezas naturales de Zihuatanejo remontémonos a la época en la que se descubrió para el mundo su existencia y entonces comencemos con aquella aventura de los ocho soldados españoles que encabezados por Gonzalo de Umbría, fueron enviados por Hernán Cortés para dar fe del descubrimiento de nuestro llamado Mar del Sur.
El capitán conquistador, que no era fácilmente impresionable, quedó vivamente interesado en conocer Zihuatanejo al escuchar la narración de su soldado, tanto que no se resistió la tentación de incluir su descubrimiento en la cuarta carta de relación, como le llamaba al informe enviado a Carlos V, el monarca español, diciendo que Zihuatanejo era un portento de pueblo, con una leyenda local sobre una isla donde habitan solo mujeres, que tiene una bahía espectacular y que, aunque no lo dice en esa carta, se imagina ideal para explorar el Océano Pacífico, cuando como caída del cielo le llega la orden del monarca para buscar una de las naves perdidas en la expedición de Magallanes, lo que le da la oportunidad de mandar tres navíos y 110 marineros hasta el archipiélago de las Filipinas donde localiza a los náufragos.
Ese es el origen de la Nao de China o Galeón de Manila porque gracias a ese viaje los marineros pudieron descubrir la corriente oceánica del tornaviaje cuya ruta durante 250 años recorrieron las embarcaciones que avistaban Zihuatanejo antes que a su destino final que era Acapulco.
Pero más allá de aquella aventurada navegación que encabezó su primo Álvaro Saavedra y Cerón por el recién descubierto océano Pacífico, Hernán Cortés no quiso perder la oportunidad de conocer nuestro puerto, y lo hizo veinte años después cuando como despedida trajo aquí a su compañera de vida y aventura conquistadora, doña Marina, mejor conocida como La Malinche, un año antes de realizar su último viaje a España.
Enamorado como estaba de la mujer que fue clave en la conquista del imperio Azteca, Hernán Cortés quiso compartir con ella sus últimos días en tierra mexicana disfrutando de la apacible quietud del mar en la bahía de Zihuatanejo.
Esa parte de la historia desconocida pueden los interesados buscarla en el último libro del francés Christoper Duverguer, el antropólogo e historiador, especialista en la vida mesoamericana y de su conquistador Hernán Cortés, a quien llama el padre del mestizaje.
En efecto, en Memorias de Hernán, cuyo parecido título se asemeja al que su paisana Margarite Yourcenar escribió sobre Adriano, el emperador romano, el escritor hace gala de imaginación y logra trasmitir al lector el interés necesario para no dejar la lectura del libro hasta agotar sus poco más de trescientas páginas.
Famoso por su desarrollado arte de escribir del conquistador, Hernán Cortés nos cuenta su vida escrita con la pluma prestada del francés y la información acumulada del escritor.
Con ese viaje ficticio que acompañado de doña Marina realizó hasta la costa, podemos utilizar nuestra imaginación para recrear el ambiente en que se dio a finales de 1539.
Costeando el océano a partir de la desembocadura del río Balsas, la comitiva llegó hasta Zihuatanejo finalizando el año de 1539, seguramente siguiendo los caminos propios de las tribus originarias, quizá por el filo de la playa de La Majahua hasta el cerro de La Noria desde donde los visitantes columbraron la magnificencia de la bahía y se detuvieron admirando su belleza incomparable.
Y fue doña Marina quien se arrobó con el espejo de agua de la laguna que ahora conocemos como Las Salinas, llena en ese tiempo en su máxima extensión, más allá del contorno que hoy conocemos, entonces rodeada de una espesa cortina de mangles.
La pareja visitante vivió un año en nuestra tierra recreando la aventura de la conquista, sabiendo que el futuro les depararía una separación definitiva.
Esta es la historia desconocida que da relevancia especial a las bellezas naturales que debemos nombrar de Zihuatanejo recordando aquella aseveración de que lo que no se nombra no existe.
Así pasó el tiempo hasta 500 años después cuando esta laguna cubierta de espinos y una plaga de zancudos y jejenes recibió a principios de los años setenta la visita del presidente Luis Echeverría, quien enamorado como todos de la belleza de este lugar construyó su residencia de descanso más allá del muelle frente a la playa Del Almacén.
Conociendo el potencial turístico de este lugar decidió promoverlo mediante la creación de un organismo de planeación que desarrolló el polo turístico de Ixtapa y Zihuatanejo, el primero con su zona hotelera y el segundo como dormitorio.
La gran limitante en todo el proyecto fue la falta de previsión para los asentamientos humanos. La urbanización y la infraestructura creció a un ritmo menor que la demanda, lo cual desbordó los límites y la orientación del crecimiento de la ciudad.
Zihuatanejo creció a fuerza de invasiones de los terrenos que el Fibazi no urbanizó. Los asentamientos humanos en todas las faldas de los cerros del anfiteatro con la consecuente depredación del medio por la deforestación y erosión del suelo hasta que el crecimiento de la ciudad se hizo incontrolable.
Las plantas de tratamiento de aguas negras pronto se colapsaron y por la falta de inversiones para su mantenimiento sus administradores recurrieron a la medida más fácil y deplorable que fue liberar las aguas negras a la laguna, y de esta a la bahía, que con el tiempo acumuló tantas toneladas de tierra y basura generando una contaminación inocultable que impactó de manera drástica en la caída del flujo de visitantes extranjeros.
Hubo un proyecto para desarrollar esta parte de la ciudad a principios de este siglo. En el año 2003 escribí para mi columna denominada Crónica Municipalista la historia fallida de un proyecto para la construcción de la marina Maris, con capital de reconocidas familias como los Rincón Gallardo. El jefe del proyecto fue el hijo del gobernador Alejandro Cervantes Delgado, del mismo nombre y apellido Cervantes Rocha. El testimonio que aquí cuento es el edificio abandonado que ahora está convertido es muladar y cueva de malvivientes.
Después de aquel fallido proyecto, la Secretaría de Marina estableció su apostadero naval en la orilla izquierda donde la laguna se conecta con el mar y sirvió de parapeto para proteger a los inversionistas del desarrollo turístico Punta del Mar para desalojar a los pescadores de la playa Del Almacén bajo amenaza.
Los nuevos inversionistas encabezados por el panista John MacCarthy, nombrado director del Fonatur, continuaron con el proyecto de la construcción de la marina pero ahora dentro de la bahía con la intención de monopolizar el turismo de cruceros.
Los inversionistas de Punta del Mar fueron los que construyeron de la manera ilegal el espigón de piedra de 70 metros de largo como continuidad del cerro Del Almacén para detener el oleaje donde funcionaría su marina, hasta que el pueblo de Zihuatanejo despertó y se opuso al despojo de sus recursos naturales.
Esa fue la denuncia que por casi diez años las organizaciones ambientalistas SOS Bahía y Rogaz mantuvieron contra las autoridades hasta que en el año 2008 el gobierno de Felipe Calderón aceptó que no podría desarrollarse un proyecto de ese calado con la oposición de la población local.
Por eso nuestra insistencia de nombrar a la laguna de Las Salinas como evidencia de que existe y es de propiedad común.