EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

La llegada de Humboldt a México

Octavio Klimek Alcaraz

Marzo 30, 2019

 

 

El pasado 22 de marzo se cumplieron 2016 años de la llegada del barón Alexander von Humboldt a Acapulco, entonces puerto de la Nueva España del camino de Asia. Poco más de un mes antes, el 17 de febrero de 1803, Humboldt, acompañado del médico y botánico Aimé Bonpland había partido del puerto de Guayaquil hacia Acapulco en la fragata Orue. Humboldt permanecería en México casi exactamente un año, desde marzo de 1803 hasta marzo de 1804. En Acapulco realizó mediciones de todo tipo, trazando un mapa de la bahía, y colectó plantas con Bonpland. En tanto, enviaba una carta al virrey José de Iturrigaray anunciando su llegada al territorio de la Nueva España.
Una semana después, el 29 de marzo partió con 21 mulas (13 de ellas llevaron el equipaje) desde aquí hacia la Ciudad de México. Viajó por el llamado camino de Asia –que conducía de la Ciudad de México a Acapulco y de allí a Filipinas. Cruzó por el valle de Chilpancingo, luego el río Balsas por Mezcala, para llegar a Taxco en el mes de abril, luego vendría el viaje a Cuernavaca y Huitzilac. Finalmente, el 11 de abril estaría visualizando y entrando el 12 de abril a la Ciudad de México.
El 15 de abril, Humboldt fue recibido por el virrey Iturrigaray, le solicitó el permiso de consultar todos los archivos que le pudieran servir, a lo cual, sin mayor inconveniente, el virrey accedió a su petición. Este hecho sería la base fundamental para la realización de uno de los libros más importantes publicados sobre Nueva España, y fundamental en las ideas del desarrollo nacional posterior. El Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, publicado originalmente en 1811. Para comprender el México del pasado, del presente y el futuro hay que leer el Ensayo, que es un estudio integral que aborda la geografía, la historia, la economía y la naturaleza del país. Este libro, desde su aparición, fue objeto de múltiples lecturas y citas. En enero de 1804 entrega al virrey Iturrigaray en forma de manuscrito las Tablas geográfico políticas del reino de Nueva España, que contenían información estadística para contribuir al buen gobierno del país y que serían el origen de su famoso y trascendente Ensayo.
Humboldt se establece en la Ciudad de México hasta enero de 1804. Varias excursiones lo llevaron a visitar minas de plata en Guanajuato e Hidalgo. También se preocupa de las circunstancias en las minas coloniales, escribe un amplio informe sobre la minería e intercede en favor de los trabajadores. Visita el tajo de Nochistongo, el desagüe de las aguas del Valle de México en el municipio de Huehuetoca y escribe sobre su penosa construcción, lamenta sobre todo las inhumanas condiciones de trabajo para los indios. Además sube el 19 de septiembre de 1803 a la cumbre del Jorullo, un volcán de Michoacán que había nacido hacía 44 años antes. Sus historias sobre el volcán se difunden rápido en Europa y atraen a numerosos aventureros que quieren experimentar por sí mismos lo que ha descrito Humboldt en sus textos. El Jorullo se volvió el volcán más conocido entre los científicos.
Además, estuvo muy activo en la Ciudad de México, planeó perfiles geológicos, atendió exámenes del Colegio de Minería y visitó varias instituciones y eruditos.
El 20 de enero de 1804 salieron Humboldt y Bonpland de la Ciudad de México en dirección a Veracruz, donde llegaron el 18 de febrero. Visitó en su camino Puebla, Cholula y Jalapa. Durante su viaje mide el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y escala el Cofre de Perote. La medición de los volcanes es una evidente prioridad de su viaje, en particular el Pico de Orizaba, que Humboldt midió sólo de lejos; esto tiene una importancia para los navegantes que se acercaban a la costa mexicana. El día 7 de marzo se embarcaron en la fragata La O rumbo al puerto de La Habana. De ahí posteriormente se trasladaría a Estados Unidos, para retornar luego a Europa, con un cúmulo de información de todo tipo que daría pie a sus obras sobre América.
Alexander von Humboldt es uno de los hombres de ciencias más famosos de la primera mitad del siglo XIX. Cuando llega a la Nueva España apenas tenía 33 años, había nacido el 14 de septiembre de 1769 en Berlín, y ya era un científico reconocido. Es simplemente lo que para las condiciones de esa época realizó en la Nueva España, en el tiempo de un año.
Mucho tuvo que ver sus estudios previos. En los años del 1787 al 1792 estudia en las ciudades de Frankfurt (Oder), Berlín y Göttingen. Su educación fue diversa en ciencias naturales, geología, botánica, hasta economía y griego clásico. En Göttingen, el centro del conocimiento de Alemania en ese tiempo, conoce a Georg Forster, quien acompañó a James Cook en su segunda navegación alrededor del mundo. En el año 1790 viajan Humboldt y Forster juntos de Mainz a Colonia, Bruselas, Amsterdam e Inglaterra.
Decide, estimulado por Forster, recorrer el mundo. El sueño de su vida parece cumplirse en 1796. Con la muerte de su madre, recibe suficiente dinero para financiar sus investigaciones, así que empieza a hacer preparativos para su viaje.
El rey español Carlos IV le asegura el acceso a las colonias, completa libertad de acción y el apoyo de las autoridades. Así, en el año 1799 Humboldt viajó acompañado de Aimé Bonpland hacia las colonias españolas del Nuevo Mundo. Los dos europeos viajan por los países actuales de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba y México, ambos recolectan y exportan plantas, hacen mediciones e investigan la cultura indígena. Los conocimientos que ganó en sus expediciones vuelven famoso a Alexander de Humboldt. Su viaje por la ahora Latinoamérica se reconoce como el primer viaje realizado sólo por razones científicas.
Cuando en agosto de 1804 –después de cinco años de viaje– Alexander de Humboldt regresa con su material científico a París y es recibido y celebrado por diez mil de personas. El tiempo siguiente lo pasa en París, analizando sus resultados, en 1807 se muda a esta ciudad.
Debido a que sus viajes y las publicaciones resultan costosas, se disminuyen sus bienes. En 1827 regresa a Berlín para recibir el apoyo financiero del rey prusiano. Dos años después, en 1829 –treinta años después de su viaje a Latinoamérica– sale de nuevo a un gran viaje por Siberia hasta la Muralla China.
Por sugerencia del editor Cotta empieza en 1834 a escribir el saber de su época en el Kosmos (Cosmos), una tarea que lleva hasta el fin de su vida –muere el 6 de mayo del 1859 en su departamento en la calle Oranienburg en Berlín, escribiendo el quinto tomo de su obra. De manera casual, en noviembre de ese mismo año, se publica El origen de las especies, de Charles Darwin. Aunque Darwin no alude a Humboldt en su libro es un hecho que su viaje en El Beagle alrededor del mundo fue resultado de alguna forma del viaje de Humboldt por las colonias españolas.
Sin duda, con su muerte concluyó una época. Para mí es el ejemplo del hombre universal, del científico comprometido con el conocimiento del todo en la Naturaleza, hoy en mucho perdido en el reduccionismo científico. Entusiasmó y cautivó a la gente con su curiosidad y su saber. Por ello, me da satisfacción saber que México fue el objeto de su trabajo, así que no olvidemos a Alexander von Humboldt.