EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La Mayora, de Fernando Jiménez (De lo local y lo universal en la literatura)

Julio Moguel

Julio 31, 2016

La Mayora de Fernando Jiménez, novela de reciente aparición (Juan Pablos Editor –Universidad Autónoma de Guerrero, junio de 2016), da pie para entrar en algunos temas relevantes relacionados con la novela en particular, o con la literatura en lo general. Porque después de su lectura queda instalada la duda: ¿se trata de un texto regional o regionalista, acaso costumbrista, cargado de elementos locales no generalizables, dirigido a mostrar una realidad específica (por muy ficcional que sea la trama) que sólo alcanzara a tener, si acaso la tuviera, alguna réplica de hechos y/o de contextos en los espacios de la Montaña de Guerrero, o en espacios más amplios, pero ninguno de ellos que fuera más allá de la escala estatal o nacional?
Digo rápidamente que no. En mi opinión, La Mayora remite a una realidad específica, no parecida a ninguna de las que pudieran encontrarse en el plano nacional o internacional, pero que, por sus contenidos y sus formas, mueve a pensar en circunstancias y en hechos de alcance universal. Veamos el punto: La población en la que se desarrolla la historia es una comunidad cerrada, espacio urbano que, sin llegar a ser una ciudad, tiene pocos rasgos o elementos que lo vinculen al campo o a actividades relacionadas con la producción rural. No deja por ello de tener algunos aromas de tinte pueblerino, lo que muestra que se vive en un conglomerado urbano de reciente formación. Es en esa esfera de factura provinciana donde se entretejen amores, complicidades, alianzas, envidias y traiciones de una historia que se mueve de principio a fin dentro del tiempo y el espacio de esa redonda y muy particular socialidad.
La trama de La Mayora se da dentro de un espacio esférico específico, ficcional de cabo a rabo, lo que no quiere decir que una buena parte de sus rasgos no hayan provenido o no hayan sido “tomados” de un lugar realmente existente, particular. Guardando toda proporción y distancia, la unidad urbana en la que se mueve la novela de Jiménez tiene consistencias parecidas a la Comala de Juan Rulfo o al Macondo de Gabriel García Márquez. En novelas que, sin perder o sin subestimar el ámbito “local”, fincaron tramas y escenarios que pudieron ser leídos, por cualquiera en el planeta, como algo propio o íntimo, y de allí su universalidad. Marcados por su particularidad absoluta, en lenguaje, costumbres, maneras de ser y formas de pensar, los personajes de La Mayora viven el drama o la experiencia de un hecho-sisma tecnológico que provocó un cambio radical y generalizado en prácticamente cualquier ámbito del mundo, a saber: la aparición y la implantación generalizada de la televisión, en un proceso que revolucionó todo el sistema humano de comunicación y percepción.
Con el torrente televisivo se fueron y murieron, en cascada, costumbres, sensibilidades y maneras privadas y públicas de relación. Con el mismo torrente se fue opacando el brillo del rey de la comunicación en las décadas anteriores: el radio o la radio (el uso del masculino o del femenino se aplica indistintamente en el lenguaje común), y con éste o ésta también lo que el radio o la radio representaba en sus modos y efectos comunicativos y de integración o de agregación social.
Verbi gracia –y el ejemplo es sustantivo en la novela de Jiménez–, las personas que antes escuchaban las radionovelas empezaron a ser atraídas y seducidas por las telenovelas, en un proceso que implicó un desgajamiento o un corte de dimensión epocal. Pero en dicho trance hubo quienes confrontaron el fenómeno con una radicalidad inopinada y sorprendente, revelando en dicha rebeldía las limitaciones y carencias comunicativas de la aparentemente inocua caja de proyección visual. Dicha rebeldía queda envuelta y metamorfoseada por la representación de “una locura”, instalada en un personaje sui generis que, acompañado por su perro, no sabe qué hacer para confrontar el desaguisado tecnológico y para volver hacia atrás la imponente rueda de esa historia.
En La Mayora esa y otras historias se entretejen con esta línea de efecto que nos parece central, en una trama que deriva hacia otros acontecimientos de los que aquí no viene al caso contar.
Pero volvemos al punto: la construcción literaria de La Mayora da al clavo en cuanto a forma y contenido con lo que en el arte literario resulta significativamente difícil de lograr, a saber: proyectar “desde lo local” un “universal”, sin que en su historia y estructura quede rastro alguno de las claves teóricas o conceptuales de las que su autor, Fernando Jiménez, partió.