Gaspard Estrada
Marzo 19, 2025
El centro de Buenos Aires se convirtió en un campo de batalla el 12 de marzo, cuando una protesta de jubilados, apoyada por hinchas de futbol y vándalos, fue violentamente disuelta por la policía cerca del Congreso argentino. Mientras tanto, en el interior del Parlamento se produjo otra reyerta entre fuerzas del gobierno y de la oposición al presentarse una propuesta para despojar al Presidente Javier Milei de sus “superpoderes”, levantándose la sesión antes de que pudiera debatirse.
Los jubilados llevan protestando desde que Milei asumió el cargo. Aunque las pensiones se han mantenido bajas frente a la inflación durante la última década, el gobierno libertario las congeló en diciembre de 2023, cuando se produjo una devaluación masiva del peso argentino. Luego, se actualizaron siguiendo la inflación, pero Milei bloqueó todos los intentos de la oposición de compensar esa pérdida, llegando incluso a llamar “héroes” a los legisladores que se opusieron a las iniciativas. La pensión mínima mensual actual, de 349.121 pesos argentinos (280 dólares), es técnicamente superior a la que pagaban los gobiernos anteriores, pero el aumento del costo de la vida ha dejado a los jubilados sin capacidad para cubrirsus necesidades básicas (la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires calcula que un jubilado que viva solo necesita al menos mil 200.523 pesos argentinos –el equivalente a 970 dólares– al mes para hacer frente a todos los gastos).
Las tensiones han ido en aumento en las últimas semanas, ya que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ha promovido una política de tolerancia cero contra las protestas que perturban el tránsito público. Aunque las protestas fueron organizadas por hinchas normales, el gabinete del Presidente Milei aprovechó la oportunidad para asociar a todos los manifestantes con “barras bravas”, como se conoce en Argentina a los grupos de hooligans. En respuesta, Bullrich prometió un estricto control del tránsito público y la seguridad durante la marcha y prometió prohibir en el futuro la entrada a los estadios de fútbol a cualquier persona violenta. La protesta comenzó pacíficamente en la tarde del 12 de marzo, pero fue violentamente disuelta cuando la policía intentó impedir que los aficionados al fútbol interrumpieran el tránsito en torno al Congreso. A continuación, las fuerzas de seguridad desalojaron la zona, atacando a vándalos, aficionados, jubilados, periodistas e incluso transeúntes. Unas 150 personas fueron detenidas y decenas resultaron heridas.
Las escenas de violencia desataron la indignación en las redes sociales al difundirse imágenes de la represión. Beatriz Blanco, pensionista de 87 años, fue hospitalizada tras golpearse la cabeza contra el suelo cuando un agente de policía la empujó. Dos estudiantes de secundaria, de 14 y 12 años, fueron detenidos cuando salían de clase y permanecieron esposados en la calle durante horas, según la madre de uno de ellos. La escena más icónica y dramática fue el ataque al fotoperiodista freelance Pablo Grillo, que estaba cubriendo la protesta cuando fue alcanzado en la cabeza por un bote de gas disparado directamente contra él por agentes de policía cercanos, en lugar de ser disparado hacia arriba como exige el protocolo. Las imágenes de su cráneo abierto se difundieron en X, mientras que el joven de 35 años fue hospitalizado y permanece en estado crítico tras perder tejido cerebral y ser sometido a dos operaciones.
Mientras las protestas se sucedían en las calles, en el interior del Congreso se producía otro tipo de disputa. Representantes de la oposición de Unión por la Patria (el Partido Justicialista) intentaron aprovechar sus votos para proponer la revocación de los poderes delegados del Presidente Milei, comúnmente denominados “superpoderes”. Aunque la mayoría de los representantes de la Cámara habían abandonado el hemiciclo para bloquear el debate, algunos ex libertarios permanecieron en él. Pronto se enfrentaron a Lilia Lemoine, lugarteniente de Milei en el Congreso, que les exigió que se marcharan para romper el quórum. Lemoine se enfrentó entonces a otros dos diputados que la insultaron y le arrojaron un vaso de agua. La tensión fue en aumento y el enfrentamiento llegó a ser físico. Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, aprovechó que un diputado de oposición se puso de pie, para obtener su retiro del recinto. Esto dejó a sólo 128 legisladores presentes –uno menos de los necesarios para el quórum– y Menem dio por terminada la sesión, evitando la derrota del gobierno. Si las cosas siguen así, la próxima vez es posible que el Mileismo enfrente su primera gran derrota legislativa.
* Miembro del comité asesor de la unidad del sur global de la London School of Economics (LSE)
X: @Gaspard_Estrada