EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

La muerte, calaca y flaca

Anituy Rebolledo Ayerdi

Noviembre 02, 2017

Advertencia: Sólo por esta ocasión, se interrumpe la publicación de la serie Acapulco y sus alcaldes. Se aprovecha que este jueves coincide con el Día de Todos los Santos, evento que obliga a hablar de la Dueña y Señora de Todas las Vidas Humanas. Se retoman textos de muy atrás, pero eso sí, corregidos y aumentados.

Día de Muertos

Todas las religiones del mundo avalan la existencia de una vida después de la muerte otorgándole, además, una calidad incomparable con la pasada, un mero tránsito, pues. Es por ello que las tumbas han merecido desde la antigüedad una atención especialísima, a fin de ofrecer a los difuntos vías expeditas para sus largos viajes. Los aztecas escogieron el noveno mes del calendario solar para recordar a sus muertos, cuyos rituales presidia Mictecacíhualtl, diosa de los fallecidos.
Ante la imposibilidad de acabar con tan “bárbaras costumbres”, los españoles apenas sí lograrán calendarizarlas en los dos primeros días de noviembre. Las llamarán Día de Todos los Santos y Día de Todas las Almas, respectivamente. El resultado, una tradición pagano-religiosa cuya fidelidad se ha mantenido inalterable a través de los siglos.
Las formas y nombres utilizados por los mexicanos para referirse a la muerte resultan impresionantes e incomprensibles para otras culturas del mundo. Confirma con ello que no le teme o que le es indiferente como en el país del Norte, por ejemplo. Por el contrario, la honra, la ama y la festeja. Tanto, que come un pan adornado con las canillas de la calaca y ni se diga del dulce con formas de calaveritas. Alegra con flores de cempasúchil sus moradas y la enamora con trovas nostálgicas, además de engarzarla en un amplio y dolido poemario. Es el mexicano que bebe y llora con la muerte llamándola como se le da su regalada gana, eso sí, sin nunca faltarle al respeto.
La Calaca, La Pelona, La Flaca, La Dueña, La Señora, La Canica, La Copetona, La Tembeleque, La Tilica, La Pachona, La Afanadora, La Llorona, La Pepenadora, La Pálida, La Chifosca, La Purohueso, La Novia Fiel, La Blanca, La Jedionda, La Limpia, La Güera, La Madre Matiana, La Tostada, La Tía de las muchachas, La Tiznada, La Jija de la Jijurria, La Tía Quiteria, La Polveada, La Segadora, La Chicharra, La Igualadora, La Cierta, La Monda y Lironda, La Patrona, La Raya, La Muda, María Guadaña, La Corriente y La Parca cruel.
La Descarnada, La China Hilaria, Laca Laca, La Cruel, La Huesuda, La Puntualita, La Calva, La Chicharrona, La Cuatacha, La Malquerida, La Triste, La Chinita, La Mocha, La Dientona, La Ineludible, La Tiznada, Doña Fría, La Polveada, La Chicharrona, La Pachona, La Chingada, La Pelleja, La Indeseada, La Hilacha, La Patas de hilo, La Fregada, La Espirituosa, La Malquerida, La Matadora, La Grulla, La Dama del velo, La Chifosca mosca, La Amada Inmóvil, La Muerte siriaquisiaca (al decir del que corre la lotería en las ferias populares) y La Catrina.
Carlos Pellicer

Toda la flor calavereada
bailará con nosotros esta noche
aunque nos lleve a todos La Tiznada.

Ahora que morir es…

Hacer mutis, colgar los tenis, petatearse, abonar el pasto, devolver la tarjeta de circulación, difuntearse, quedar con la vista cuata, tocar el arpa en el cielo, irse de fogonero al infierno, cargárselo a uno la jodida, ir a ver crecer los rábanos por abajo, llevárselo la Chifosca mosca, llegar a la raya, dar el changazo, estirar la pata, echarse un cruzado con San Pedro, pasar a mejor vida, entregar la zalea al Creador, dormir con La Catrina, irse a la chingada, criar malvas, anclarse en el panteón, caducar, quedar firme, fildear a La Calaca, ahuecar el ala, viajar sin boleto de regreso, hasta no verte Jesús mío, cargárselo a uno la chingada, ahuecar el ala, cerrar el pico, salir con los tenis por delante, afiliarse a la mortal cofradía, chupar Faros, y más.
Hoy en Guerrero el diccionario de la calaca Siriaquisiaca se ha enriquecido con nuevas formas de eliminar mortales, algunas rescatadas de tiempos bíblicos, a cargo de grupos criminales siempre invisibles. Usan, no obstante, el exhibicionismo y la impunidad como santo y seña de identidad. Algunas: tazajeado, fileteado, desgañotado, acanalado, desmondongado, descabellado, acogotado, desbofado, torniqueteado, picahielado, deschicharronizado, despielado, desgüevado, pichancheado, desojado, desmembrado, encajuelado y más.

El culto a la muerte

El culto a la muerte es milenario y era que los antiguos pobladores de estas tierras la consideraban algo necesario. Un fenómeno que veían ocurrir todos los días en la naturaleza: noche y día, lluvias y secas, todo equivalente a vida y muerte.
El culto a la Santa Muerte, en calidad de deidad soberana, está en expansión no obstante estar considerado por la iglesia católica como pecaminoso. Constreñido en México en sus inicios al mundo de la delincuencia, con criminales, ladrones y prostitutas como sus únicos prosélitos, hoy es tan abierto como universal. No sorprende a sus fieles, por ejemplo, que muchos hombres al servicio de la ley acudan a sus altares en busca de sus bendiciones. Para ellos y sus armas de cargo, pistolas y AK-47. “Dame buena puntería, santísima Muerte, y líbrame de las balas asesinas”, sería una oración. Otra común muy socorrida y no menos interesada:

Milagrosa y majestuosa Muerte:
te pido que con tu poder inmenso,
me devuelvas el cariño de… ([email protected])
que no le dejes ni un rato sosegado,
ni tranquilo con alguien que se halle,
ni con amigos o mujeres contento esté.
Si está durmiendo que me sueñe,
si despierto su pensamiento en mí
y que las palabras que yo digo
las escuche y haga lo que yo le pido.
(Se rezan tres padres nuestros)

La Catrina

La imagen más popular y agradable de la muerte es sin duda La Catrina. Creada como la Calavera Garbancera (vendedora de garbanza) por el grabador y caricaturista José Guadalupe Posada, es adoptada mucho más tarde por Diego Rivera, quien la bautiza precisamente La Catrina. Esto, después de emperifollarla con plumas de avestruz y tocarla con amplísimo sombrero francés. Queda así la figura incorporada a su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, del hotel Del Prado. La muerte, para Posada, a propósito, era ante todo democrática. Al fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera.

El osario de San Francisco

El cementerio de San Francisco, en la avenida Pie de la Cuesta, otrora Costa Grande, fue creado por la orden de los franciscanos, primeros misioneros asentados en el puerto (1860). En realidad fueros dos osarios divididos por un murete de adobe, el de San Francisco, para la “gente de razón” y el San Esteban, para pobres, indios, mulatos, chinos y negros.
Las primeras cruces en el de San Francisco correspondieron a los sepulcros de las hermanas Paula Roberta, de siete meses, y Natalie Crispina Quiroz Abarca, fallecidas con siete meses de diferencia. Sus padres no escatimarán recursos para cubrirlas con lápidas de mármol de Carrara, conseguidas a gran costo con la casa de Carlos Bonfligli. Una tercera defunción será la de doña Gertrudis Lerma, originaria de Rosario, Sinaloa, atacada aquí por la malaria.
Ya fuera de servicio en 1940, el cementerio será abierto excepcionalmente en 1957 para inhumar a Doña María de la O, cumpliendo su último deseo de reposar junto a su esposo, el abogado Antonio Rodríguez Castañón. Veinte años más tarde, sin embargo, habrá de abandonarlo y no por su gusto. Cuando las autoridades municipales decidan trasladar los despojos de la aguerrida luchadora social a la Rotonda de los Ciudadanos Ilustres. Lo mismo sucederá con el ex presidente municipal Juan R. Escudero, inhumado en la cripta familiar junto con sus hermanos Francisco y Felipe.
Otro residente notable del osario de San Francisco fue el estadunidense John Sutter, con desempeño por muchos años como cónsul estadunidense en Acapulco, tronco, con sus hijos Carlos y Alfredo, de todos los Sutter acapulqueños. Las cenizas del hijo de Augustus Sutter, célebre descubridor de oro en California, fueron reclamadas por la ciudad californiana de Sacramento, para honrarlas, en tanto las de su fundador, el doctor Ricardo Morlet Sutter, alcalde en aquel momento de Acapulco y descendiente en línea directa, será el portador del cofre conteniéndolas.
También descansan en el antiguo panteón, hoy en poder del INAH, el californiano Emilio M. Link, fundador de la centenaria Botica Acapulco. Don Domingo Balboa Berreatúa, constructor de la represa que dio nombre al barrio de La Poza; Doña Benita Rumbo, casada aquí con el perseguido príncipe heredero del reino de Portugal, Miguel de Braganza, fundadores de la numerosa familia H. Luz. Un apellido críptico creado con símbolos masones para despistar a sus persecutores. También, el doctor Roberto S. Posada, fallecido el 11 de octubre de 1897. El mausoleo más grande y lujoso del panteón de San Francisco fue construido en 1903 por la familia Uruñuela, ricos empresarios de origen hispano. Allí reposan don Constantino Uruñuela, Doña Luz Elliot de Urueñuela, Doña Agustina Elliot y Don Nicolás Uruñuela. Este último, como ya se dijo, alcalde de Acapulco en 1910 y más tarde diputado local. Una columna cercana está dedicada a las 300 víctimas del teatro Flores, devorado por las llamas en 1909.

Otros huéspedes

Pablo G. Bermúdez (13-1-01), Aarón Simón Funes (14-7-01), Bolo Von Glumer (2-7-02), padre de Bertha del mismo apellido, notable educadora acapulqueña; Carlos Adame (1909), padre del homónimo primer cronista de Acapulco; Guadalupe Sutter (12-09-16) , Antonio Pintos Sierra (12-2-19), alcalde de Acapulco hasta en seis ocasiones; Don Rodolfo Neri Lacunza, gobernador de Guerrero de 1921 y 1925; coronel Valeriano Vidales, hermano de Baldomero, autores ambos del Plan de El Veladero, contra los explotadores españoles.
Profesor Felipe Valle, ex gobernador de Colima y notable educador, cuyo colegio hizo historia en el puerto; Reginaldo Sutter (28-12-41); Isauro Polanco, notable violinista y director de orquesta (1-5-45); doña Vicenta Paco de Diego (6-7-43); Ludwig, Hermilo y Lourdes Walton, bisabuelo, abuelo y hermana de Luis Walton Aburto; general Miguel Serrano (15-11-15); Emilio Casis (9-11-24); Ramiro de la O Téllez (19-2-45) y Tomás Diego (7-11-40).
Cuando el panteón de San Francisco quede rodeado por viviendas, algunas con ventanales abiertos al campo santo, surgirán leyendas en torno a la presencia de una mujer dominando aquél espacio. No se trataba de la clásica Llorona vestida con ropajes y túnicas vaporosas y clamando por sus hijos. Esta llorona, de acuerdo con los testimonios recogidos, se trataba de una mujer de senos turgentes y glúteos generosos, velados apenas con gasas transparentes. No lloraba por sus niños desaparecidos, pero sí invitaba a los transeúntes varones a penetrar al cementerio para gozar de los placeres supremos de la carne. No se supo nunca de nadie que, habiendo aceptado aquella invitación, haya abandonado el cementerio.

Cementerio de Las Cruces

El hoy agotado cementerio de Las Cruces fue abierto en 1947 por el alcalde José Ventura Neri, cuñado del gobernador Baltazar R. Leyva Mancilla. Su primer habitante fue el niño Antonio Canales Ramos, de seis meses, hijo del muy estimado médico Arturo Canales Zúñiga y su distinguida esposa.