EL-SUR

Lunes 27 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

La multiplicación de los panes

Jorge Zepeda Patterson

Octubre 08, 2006

Hace cinco años, al arranque del sexenio de Fox, Felipe Calderón afirmó con cierta sorna que en 2006 el PAN llegaría por fin a Los Pinos. Fue una manera de reivindicar sus aspiraciones presidenciales, y a la vez expresar el desencanto de muchos militantes cuando constataron que el triunfo electoral de 2000 había significado la llegada del foxismo al poder, pero no del panismo.
Pese a las protestas perredistas, hay pocas dudas de que el PAN llegará a Los Pinos a partir de diciembre. Pero ahora cabe preguntarse ¿Y cuál es el PAN que llega? A lo largo de los últimos años, el partido blanquiazul ha pagado el precio de convertirse en una organización enorme, con distintos énfasis regionales. Mientras constituyó una especie de “cruzada cívica” de militantes esforzados, mantuvo una relativa coherencia interna tanto en su doctrina como en el perfil de sus integrantes. Pero sus triunfos y su acceso creciente al poder convirtieron a sus colores en una casaca atractiva para empresarios, líderes y políticos de diversa índole, emparentados en mayor o menor medida con determinadas causas panistas más que otras.
Hoy en día se puede hablar de al menos cuatro énfasis en la militancia panista. No son fracciones constituidas o tribus orgánicas dentro del partido, sino meros matices, a veces doctrinarios o a veces simplemente tácticos, pero significativos en forma y fondo cuando se definen los estilos de gobierno.
En primer término, destacan aquellos que privilegian las tesis planteadas por los fundadores. Es la corriente que intenta conservarse más próxima a la propuesta humanista original, a partir de una visión laica y ciudadana de la doctrina social cristiana. Manuel Gómez Morín y el grupo de colegas que funda el partido a fines de los años treinta, eran simpatizantes de las cruzadas vasconcelistas , en su mayoría profesionales e intelectuales de clase media (el primero había sido rector de la UNAM). Recelaban de los gobiernos populistas del PRI, de su ineficacia y su naturaleza antidemocrática. En esta corriente creció y se desarrolló Felipe Calderón, no sólo porque su padre, Luís Calderón Vega, fue un importante ideólogo entre los fundadores, sino también porque su crecimiento dentro del partido fue de la mano de Carlos Castillo Peraza, heredero intelectual de aquella primera corriente.
Una segunda influencia se origina a partir de la cercanía del PAN con las organizaciones vinculadas al clero. Es una posición que enfatiza la batalla pública por aspectos morales y doctrinarios sostenidos por la Iglesia y sus organizaciones seculares. La Unión de Padres de Familia, y organizaciones vinculadas a la educación o a la acción social cristiana como el Opus Dei, los Caballeros de Colón, o los Legionarios de Cristo, por mencionar algunas, encontraron en el PAN las vías políticas para defender sus posiciones en materia de moral pública, educación y salud. Si bien es una influencia que ha existido en el PAN desde sus orígenes, en los últimos años adquirió preeminencia debido a la organización del Yunque a partir de las presidencias de Felipe Bravo Mena y Manuel Espino, y el peso de Ramón Muñoz en Los Pinos. Aunque Carlos Abascal, secretario de Gobernación, procede de círculos empresariales, sus posiciones personales son afines a esta corriente.
La tercera influencia se origina en la iniciativa privada. Empresas y empresarios críticos del intervencionismo estatal y la corrupción de la administración pública, también encontraron en el PAN el espacio político para impulsar un modelo basado en el mercado y la competencia. Estos actores irrumpen con enorme fuerza en el partido durante la campaña presidencial de 1988 de Manuel Clouthier, un próspero y carismático agricultor sinaloense.
Sin el legado humanista e intelectual de los fundadores ni el lastre moralino de los grupos católicos, los cuadros del sector privado imprimieron una nueva energía a las campañas electorales y mucho más practicidad a las propuestas de gobierno. Vicente Fox, y el grupo Amigos de Fox que impulsó su candidatura, son el ejemplo más acabado de esta tendencia. No sólo por el traslado de visiones del mundo y metodologías de la empresa privada a la administración pública, sino también por la composición del gabinete. Sólo por citar un ejemplo, Gómez Morín seguramente se revuelve en su tumba por el hecho de que el primer gobierno panista haya designado como responsable de la cultura del país, a Sari Bermúdez por el exclusivo mérito de haber realizado un panegírico obsequioso a Martha Sahagún.
Insistiría en que estas tendencias no están divorciadas o reñidas entre sí. La misma Martha Sahagún incorporó al sexenio foxista a muchos cuadros procedentes de la corriente vinculada a la Iglesia. Hay personajes que participan en más de una o que cambian su inclinación a través del tiempo. Santiago Creel, por ejemplo, parecía destinado a “militar” entre la corriente intelectual heredera de los fundadores, debido a antecedentes académicos y políticos, pero sea por afición o cálculo político, terminó siendo representante del ala ideológica más conservadora liderada por Abascal y Espino.
Si bien es cierto que Felipe Calderón es más próximo a la primera de las tres influencias, como político profesional que es ha distado mucho de abrazar una sola causa. Quizá por ello una pregunta recorre los pasillos y cafés políticos ¿Cuál de los “panismos” privilegiará Calderón? Paradójicamente, hay una cuarta influencia que podría convertirse en la más decisiva. No son los ideólogos del humanismo cristiano, ni los “mochos” conservadores, ni los personeros de la iniciativa privada. Son los nuevos operadores, Camilo Mouriño, César Nava, Julio Esponda, Gerardo Ruiz, Juan Molinar, entre otros, los que han adquirido una preeminencia decisiva en los planes del presidente electo. ¿En qué “panismo” militan estos operadores? Dedicaremos este espacio la próxima semana para indagar de dónde llegaron, a qué responden y qué podríamos esperar de ellos.

www.jorgezepeda.net