EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

La narcomexicanización de las Américas

Silber Meza

Abril 21, 2018

Tienen razones para temer. México se ha convertido en un cementerio abierto, en un cenotafio de dolor profundo que grita a diario rabioso por sus asesinados, por sus desaparecidos, por sus privados de la libertad, por sus secuestrados, por sus torturados, por sus censurados, por sus extorsionados, por sus fantasmas, por sus ánimas, por sus horrores.
Asesinatos comandados por el narcotráfico existen en México desde hace hace más de medio siglo, pero desde 2007, cuando se inició la “guerra contra el narco”, se modificaron todas las estructuras establecidas: los controles, los pactos y los códigos. Uno o varios balazos en la cabeza, en el pecho o en la espalda dejó de ser una forma típica de morir en el mundo criminal, y se convirtió en la menos horrorosa; ahora vemos torturas repetidas, quemados, desmembrados, colgados en puentes públicos, decapitados.
El ex presidente Felipe Calderón, en un intento por apoyar a su esposa, la candidata presidencial Margarita Zavala, salió a medios a defender su ataque al crimen organizado y dijo que “el error no fue combatir al crimen organizado, sino haber permitido que creciera durante tantos años”. Claro que el error nunca será combatir al crimen organizado, es una obligación de Estado: el error de Calderón fue hacerlo tan mal como lo hizo, de una manera deficiente, sin inteligencia, sin disminuir la corrupción, sin la alianza de los gobernadores y alcaldes, sin la limpia de policías. Y por eso, por hacerlo tan mal, tiene una gran responsabilidad. Desató la irá del huracán.
Ahora, México se halla atrapado en su propio cementerio.
La posible narcomexicanización de América Latina y sus consecuencias fue el tema que abordamos el miércoles pasado Jeremy McDermott, director ejecutivo de inSight Crime; Rafael Croda, corresponsal en Colombia de la revista Proceso; Carlos Eduardo Huertas, director de Connectas, y yo en un encuentro virtual.
La preocupación surge porque en los últimos años han crecido las detenciones de mexicanos en Colombia, Perú, Argentina, entre otros países de Sudamérica, acusados de traficar droga desde esa región, particularmente cocaína y drogas sintéticas. Según la información de las autoridades, en estos lugares existe fuerte presencia del Cártel de Sinaloa, del Golfo, Los Zetas, Cártel Jalisco Nueva Generación y más. Les preocupa, y mucho, que estos grupos delictivos terminen por controlar sus territorios y, con ello, inicie una escalada de violencia imparable como la que sucede en México.
Como en toda discusión, los participantes tuvimos coincidencias e ideas opuestas, pero se llegó a algunas coincidencias:
1) Los narcotraficantes mexicanos han decidido aumentar su presencia en Colombia, Perú, Argentina y otros países de América Latina para asegurar el flujo de la droga a Estados Unidos.
2) La violencia “a la mexicana” aún no es algo palpable, y es posible que ello no se dé, pero nada puede ser descartado.
3) Los cárteles sudamericanos están pulverizados y prefieren trabajar más con “plata que plomo”, y los mexicanos han aumentado su presencia con billete verde de por medio.
4) El trabajo del periodista es muy complejo en este ambiente; debe de ser muy cuidadoso y profesional.
5) La corrupción juega un papel central en la posible ampliación de los cárteles mexicanos en América Latina, y es uno de los retos institucionales más importantes para los Estados de las Américas.
En lo particular, considero que el papel central para la no narcomexicanización de los cárteles en las Américas es la corrupción.
Dependerá de las capacidades de cada Estado, de sus sociedades, y de sus fortalezas para ejercer el Estado de derecho. Si el narco mexicano llega con su poder corruptor en una estructura política-social porosa como sucedió en México, entonces la violencia será desatada tarde o temprano, cuando hagan a un lado la “paz narca” y empiecen a disputarse las rutas y los territorios.