EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La organización social y el Tren Maya

Silvestre Pacheco León

Enero 27, 2020

 

El viernes 24 de enero del presente año el gobierno federal anunció que se han registrado 85 empresas interesadas en participar en el proyecto del Tren Maya, 65 nacionales y 20 extranjeras, de China, Portugal, Brasil, Canadá y España.
La obra, dividida en esta primera fase en cinco tramos desde Palenque, Chiapas, hasta Cancún, Quintana Roo, iniciará con las licitaciones en las que se establecen las bases del concurso y se espera que la construcción propiamente dicha, en los dos primeros tramos, comience en abril y mayo, justo después de la Semana Santa.
El crecido número de empresas registradas para concursar en la obra es una muestra de confianza de la clase empresarial en el gobierno aunque, quizá como dice Marcos, más que verlo como parte de la habilidad y carisma del presidente, es una muestra de inteligencia de los dueños del dinero, quienes saben que les conviene alinearse con la 4T porque al final de cuentas, el beneficio que resulte será para ellos.
Sin embargo, y aún cuando las críticas no falten sobre el método aplicado para consultar a los pueblos involucrados su posición sobre el proyecto, la idea que queda es que el Tren Maya tiene el apoyo mayoritario de los lugareños.
Y es que viviendo tantos años en una situación de abandono y marginación, cualquiera puede entender que los habitantes de aquella región tengan la esperanza de que el proyecto signifique un cambio en su vida, confiados en que no les puede ir peor de lo que han vivido, y que en una de esas hasta podrían mejorar su situación.
Es frente a este hecho que vuelvo sobre el pronunciamiento en contra del EZLN, expuesto ya como la reacción de un encono personal que viene desde que López Obrador compitió bajo las siglas del PRD por la presidencia de México, cuando el oprobio mayor, después de que el Congreso de la Unión desechó lo acuerdos de la Cocopa pactados entre el Estado y los pueblos indígenas, el Poder Legislativo los anuló, impidiendo con el apoyo perredista el avance democrático.
Vuelvo a insistir en la postura que en el 2006 asumió don Luis Villoro, aliado de los zapatistas, quien se pronunció a favor de López Obrador con el argumento de que si bien la democracia representativa no podía resolver el problema de los derechos indígenas ni de las minorías en general, tampoco se avanzaría en el camino hacia la democracia comunitaria que plantea el zapatismo, simplemente absteniéndose de votar.
Y el filósofo fue todavía más adelante fijando su postura con gran lucidez, porque luego de manifestarse a favor de la propuesta de gobierno de Andrés Manuel referente a la revocación del mandato y la rendición de cuentas, establecía que había coincidencia con el zapatismo en la lucha frontal contra la desigualdad y el combate a la corrupción, como ahora sucede.
Por eso supongo que mientras el subcomandante Marcos no vea como una provocación de la 4T el proyecto del Tren Maya, me figuro que para una organización social de avanzada como el EZLN, su postura deberá estar al lado de quienes lo apoyan, retomando experiencia similares sucedidas en nuestro propio país.
Pongo como ejemplo para compartir la experiencia del polo de desarrollo turístico de Ixtapa-Zihuatanejo en el estado de Guerrero, planeado durante el gobierno de Luis Echeverría como un proyecto que aprovecharía el potencial ofrecido por las bellezas naturales para mejorar la vida de sus habitantes detonando el desarrollo de la Costa Grande.
Era un proyecto ambicioso cuyo primer error fue imponerlo desde fuera, porque no había organización social previa que pudiera negociar las mejores condiciones para la población local.
El gobierno federal les expropió sus tierras y así les impidió participar como inversionistas de la industria hotelera. A cambio le dio a cada ejidatario dos lotes urbanizados y el pago de sus terrenos al precio que también les impuso, pero los consideró como socios en la comercialización de sus terrenos, asignándoles un porcentaje de las ventas aunque las cuentas nunca hayan sido claras y después de cincuenta años los ejidatarios continúen demandando el pago completo.
La población carente de derechos agrarios, que era la mayoritaria, no recibió el mismo trato pero se benefició de los empleos generados por la inversión, empleándose en los hoteles y también en las dependencias públicas, el aeropuerto, el sistema de agua potable, el servicio de limpia, en los puestos de choferes de taxis, etc.
El gobierno no planeó una capacitación para que los damnificados pudieran beneficiarse con la constitución de compañías prestadoras de servicios y tampoco invirtió en la asesoría para impulsar empresas familiares aprovechando productivamente los recursos a su disposición. Todo lo hizo como cualquier empresa privada pasando por encima de los derechos laborales y sociales y también sobre los límites que había para proteger los recursos naturales.
No se previó el desarrollo urbano y vivienda para la población migrante que durante muchos años sufrió víctima del latifundismo urbano creado por los propios funcionarios que manejaban como suyas las dependencias públicas con las que acaparaban el suelo para vivienda y especulaban en su provecho.
Los proyectos productivos que tenían viabilidad fueron echados a perder por la corrupción imperante que no conocía límites, pues la idea de que la inversión pública era a fondo perdido alentó extensas redes de complicidad para desviar los recursos.
La afectación del medio ambiente ante la falta de autoridad fue devastadora tanto a manos de los contratistas privados como de los propios lugareños que no repararon en el impacto a los ecosistemas ni tuvieron obstáculo para destruirlos en aras de obtener dividendos.
Con el pago de las indemnizaciones por los terrenos adquiridos, el dinero, como dice en su fábula el Subcomandante Marcos, lo compró todo, y todo lo echó a perder. La riqueza fue efímera porque el dinero público se acabó.
Los productos regionales dejaron de tener viabilidad, y solo sobreviven las viejas huertas de cocoteros. El ajonjolí, el arroz, el maíz y el frijol casi desaparecieron, y ni el café es opción a pesar de la publicidad. La pesca es una actividad artesanal y marginal en la economía. El campo se deprimió y ahora está paralizado por la violencia.
La contaminación ambiental es un mal que ha crecido y va de la mano con la ineptitud y la corrupción de los gobiernos de uno y otro signo. Los desechos residuales de una sociedad consumista y mal educada inundan los caminos. En los tiraderos de basura a cielo abierto, legales y clandestinos, la incineración es cotidiana porque ese es el método que se ha impuesto entre las autoridades. Así la contaminación del agua, de los ríos y del océano es continua.
Pero a pesar de que hablamos de un modelo impuesto desde fuera, sin contrapesos, con todas las secuelas del sistema capitalista de desigualdad y marginación donde la población migrante vive en condiciones de pobreza inimaginable, asentada en los cerros aledaños a Ixtapa y Zihuatanejo, en colonias irregulares, sin servicios, donde campea el hacinamiento, la prostitución, el robo, el tráfico de drogas y la violencia cotidiana, parece ser que al final sus habitantes lo ven como algo positivo.
Por eso en el caso del Tren Maya la organización social desde abajo y un gobierno honesto desde arriba pueden marcar la diferencia.