EL-SUR

Lunes 20 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

La palabra de los pueblos

Tlachinollan

Septiembre 24, 2005

 

Las contiendas en nuestro sistema de partidos políticos han desvirtuado las ideologías y propuestas de fondo para convertirse en luchas inmediatistas en busca del poder por el poder. Cada vez menos las formaciones políticas defienden ideologías y estrategias concretas como planes de gobierno, alejándose de las verdaderas demandas sociales para entrar en el juego de las negociaciones políticas por el poder. Nos encontramos con agendas huecas y promesas que auguran su incumplimiento.

Frente a este panorama electoral desalentador que enfrentará nuestro estado el próximo 2 de octubre y frente a las elecciones federales del próximo 2006, el Encuentro Indígena, Campesino y Popular llevado a cabo el 17 y 18 de septiembre en Ayutla, como parte de una serie de foros y encuentros que se realizarán, resulta una luz de esperanza que da muestras de la voluntad de los pueblos y comunidades de Guerrero para continuar con la lucha y organización mediante la construcción del poder popular a través del cual los pueblos, las comunidades y los barrios pretenden desarrollar, de manera autónoma y autogestiva, propuestas reales encaminadas al aseguramiento de una vida digna para todos y todas.

En el encuentro las organizaciones –entre las que se cuentan la Organización de Pueblos Indígenas Me’phaa, Organización de Pueblos Indígenas Na savi, Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria, Autoridades Tradicionales de Xochistlahuaca, y más de 20 organizaciones locales y nacionales– nos planteamos que debemos seguir fortaleciendo los procesos de organización colectiva encaminados a la defensa y ejercicio de los derechos humanos y de los derechos colectivos de nuestros pueblos. En este sentido la lucha y el trabajo de los pueblos por el ejercicio de su autonomía debe trascender también en la articulación de alianzas locales, regionales, nacionales que se establezcan con la finalidad de transformar las condiciones sociales, económicas y políticas que generan la pobreza y la desigualdad que sufre el pueblo.

Como parte integral de esta estrategia se estableció la necesidad de defender y cuidar el territorio de los pueblos indígenas, entendiendo éste como el espacio en donde se generan las relaciones sociales y económicas, donde los pueblos se identifican mediante su lengua, tradiciones, formas de organización y sistemas normativos.

Por parte del gobierno se exige la desmilitarización de los territorios indígenas porque además de intensificar las violaciones a los derechos humanos, ésta tiende a la contención y segregación social, inhibiendo la organización y el ejercicio de la autonomía de los pueblos. Además se reivindica, frente a las diversas instancias y niveles de gobierno, el derecho a la consulta, ello significa que programas como el de Certificación de Derechos Ejidales (Procede) que facilitan la fragmentación del territorio y se imponen por medio de la desinformación, deben ser eliminados.

Por otro lado, la defensa integral del territorio debe frenar el saqueo de los recursos naturales, porque sin bosques el agua disminuye y sin agua nuestros pueblos tendrán mayores calamidades. En este sentido y aunado a un efectivo derecho a la consulta, se deben revertir proyectos como La Parota que busca privatizar recursos naturales y que hasta ahora se ha intentado imponer, por la vía de la desinformación, sin escuchar realmente a quienes se oponen.

En materia de seguridad y justicia comunitaria se exige revertir la persecución en contra de las formas de justicia autónomas, como el caso de la Policía Comunitaria que el próximo mes cumplirá diez años. En otros aspectos las organizaciones también se pronunciaron por la recuperación de los espacios de decisión popular como las Asambleas Comunitarias, donde los pueblos pueden definir su propio destino, o la recuperación de la palabra indígena campesina generando sus propios medios de comunicación, ante lo cual se le exige al gobierno el respeto a estas iniciativas, como es el caso de la Radio Comunitaria Ñonmdaa (la palabra del agua) en el municipio amuzgo de Xochistlahuaca.

Por ello, si los partidos quieren recuperar legitimidad frente a la base social a la que le piden encarecidamente su voto en estos días, deben escuchar e incluir dentro de sus agendas estas demandas y otras emanadas de encuentros u otros procesos similares que se han desarrollado (como el que generó la elaboración de la Agenda Estatal para el Desarrollo y Autonomía de los Pueblos Indígenas) y que seguirán llevándose a cabo.

Los partidos y quienes finalmente lleguen al poder, no deben perder de vista que los pueblos y organizaciones exigimos respeto a la autonomía, entendida como el derecho a la autodeterminación y poder de decisión sobre todo aquello que nos afecta; lo que significa que todas las acciones que lleven a cabo deben realizarse por medio de consultas adecuadas y tomando en cuenta en todo momento a las comunidades, a los pueblos, sus procesos e iniciativas.