EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La plaga mundial del insomnio

Federico Vite

Mayo 27, 2025

Recuerdo que en el libro de ensayos Danse macabre (1981), Stephen King dedica una interesante mención a un aspecto esencial para todo aquel que está interesado en escribir una novela. Refiere que al tener una buena idea, el autor debe cuidar un aspecto: no escribirla de la manera equivocada. La frase da para una amplia reflexión. Repito: “de la manera equivocada”. Yo traigo a cuento esta idea porque sigo pensando en un libro de Karen Russell, Sleep donation.
Esta autora estadunidense ha publicado algunos libros que ya he reseñado en este diario, por ejemplo, el libro de cuentos Vampires in the lemon grove: Stories (2013). La impresión que me dejó aquel volumen fue que Russell tiene un enorme poder imaginativo y desarrolla una muy sugerente veta de la ficción fantástica.
Ahora leo de Russell una novela distópica, pero antes de entrar en el tema me gustaría señalar que Sleep donation ha tenido dos vidas. Se publicó por primera vez como libro electrónico en la ya desaparecida editorial Atavist Books, en 2014. Tuvo una acogida discreta. Se vendió la novela a lectores de dispositivos electrónicos y smartphones. Seis años después, la editorial Vintage Books publicó este libro con algunas ilustraciones que le dieron una nueva presentación y, por supuesto, una vida nueva, pues estaba en puerta el coronavirus y, quiera uno o no, en Sleep donation hay vasos comunicantes con ese triste periodo de nuestra historia reciente.
Durante la segunda mitad del siglo XXI gran parte del mundo padece una plaga: el insomnio. La falta de sueño ha cambiado la normalidad de la vida cotidiana. El insomnio ha matado a muchas personas y poco a poco se ha logrado revertir ese mal gracias a la donación del sueño, algunos bebés son útiles para eso. Trish Edgewater es la protagonista de esta distopía en la que el mundo, tal como lo conocemos ahora, da la impresión de ser mucho más ominoso. Y la presencia de Trish es para encontrar al primer donante universal. A la par de éste, aparece la némesis, Donor Y, quien se encarga de contaminar los sueños con pesadillas. Entre estos dos polos se conduce Trish y la resolución de la historia implica una nueva etapa en la vida de los seres humanos sobre la faz de la Tierra. ¿Qué pasa cuando la gente no duerme? “El tiempo mismo pronto se convertirá en un anacronismo”.
“Para la mayoría de los habitantes en el siglo XXI, el insomnio se trató bajo prescripción médica. Yo me recuerdo yendo con mi padre a recoger en la farmacia con un logotipo de búho las pastillas que mi hermana tomaba para dormir. Eran cápsulas de Silenor (doxepina) –mitad blanco, mitad rosa carne–. Dori empezó a tener problemas para dormir a los once años. Antes de que la enfermedad progresara, los medicamentos la tumbaban. Yo solía estudiar la cara de mi hermana sobre la almohada, traté de capturar el momento en el que el Silenor hacía efecto. […]”, ilustro con este fragmento el tono que usa Russell para desarrollar la prosa de esta novela. Y como bien se nota, es una prosa sin ornamentos, concisa y directa.
Un aspecto que me llama mucho la atención de la novela es la vida vegetal en la Tierra, pues en esta distopía hay algunos cambios. Durante una visita a un donante de sueño, Trish observa que las flores de la casa son muy carnosas, abundantes y llenas de vida. Incluso mucho más grandes de lo normal. Al mirar un árbol, la protagonista descubre que el tronco tiene demasiadas ramas que copan el tejado rumbo “hacia una libertad silenciosa y salvaje”. Es decir, la relación entre dormir bien y la abundante vegetación me parece más que interesante. Este hecho sólo lo apuntala la autora, pero a mí me abrió una puerta.
Russell describe las complejidades de la epidemia y el protocolo para donar sueño, pero no llega a detallar qué es exactamente lo que se le extrae a un donante cuando se recuesta en la camilla para una extracción. Es decir, la autora narra los hechos para que el lector rellene con la imaginación el resto del proceso. Y queda la certeza de una nueva privacidad, porque Trish recluta donantes y aunque se trata de sueños es como si dieran sangre o esperma, algo fisiológico que implica una radical exterioridad, pues si algo nos caracteriza son los sueños y estos también serían compartidos en una especie de batidora mecatrónica. Algo muy parecido a la maquinaria de la película Eternal sunshine of the spotless mind (2004), de Michel Gondry. En aquel filme, con la chispa adecuada y un casco bien conectado a la cabeza, se borraba la memoria de manera selectiva.
La historia que Trish cuenta a los posibles donantes versa sobre la muerte de su hermana menor: “No pudo dormir y murió”. Es la misma historia que los jefes de Slumber Corps (empresa que intenta remediar la plaga del insomnio) le cuentan a Trish para convencerla de seguir trabajando a favor del sueño natural; es la misma historia que se cuenta sobre la hija de los creadores de Slumber Corps, pero queda la duda: ¿Realmente fue así? Es parte de la intriga general, de las leyendas urbanas que los insomnes cuentan y escuchan para pasar la noche en vela. Pero para efectos prácticos, ese leitmotiv funge como una motor sensible que ablanda el corazón de los posibles donadores y de quienes simplemente no pueden pegar el ojo, ya sea por estrés, por nervios, por ansiedad, por hambre, por temor, por neurosis, por daños psicológicos o por razones biológicas. No importa cuál sea la causa. Cada vez más personas empezaron a perder el sueño y hubo casos extremos, pues algunos dejaron de dormir por semanas y terminaron cometiendo errores garrafales e incluso se laceraron y se hirieron hasta quitarse la vida.
En la epidemia de insomnio murió mucha gente y en las autopsias de los fallecidos se reportaba lo siguiente: “deceso por causas naturales. Falla de un órgano”. Nunca se precisaba cuál órgano, ni por qué falló. Se sobreseía esa información y eso dio continuidad a muchas más especulaciones en el relato. Al final se aceptó la enfermedad del sueño y con ella se comercializaron los métodos para sanar. Este proceso lo vivimos todos con el coronavirus. Y en la novela está muy bien trabajado.
Sleep donation funciona por la brevedad, por el tono coloquial que elige Russell y, en especial, por la idea central del libro: la plaga del insomnio y la cura. La historia no tiene un apéndice científico ni rebosa en tecnicismos. Se deja leer con el valor sentimental de quien se siente apremiado por la muerte.

*Para la escritura de este artículo consulté Sleep donation (Estados Unidos, Vintage Books, 2020, 155 páginas). La traducción de las frases entre comillas es mía.

@FederìVite