EL-SUR

Miércoles 10 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La protesta social

Florencio Salazar

Enero 25, 2025

 

Algunos individuos no promueven la colaboración en equipo. John C. Maxwell.

La protesta social es el recurso que tienen los ciudadanos para hacerse escuchar por parte de las autoridades. Promesas incumplidas, necesidades insatisfechas o exigencias gremiales, reúnen a grupos de personas, a veces muy numerosas, buscando solución a sus demandas.
Si la protesta social toma la calle es porque no hay diálogo o este se ha roto. No obstante, debe señalarse que dialogar no es entretener porque el conflicto, con el paso de los días, tiende a agudizarse; excepto cuando carece de adhesivo –una causa común y sustantiva–, se desinfla solo.
Cuando la gente toma la plaza, marcha, bloquea vías de comunicación y oficinas públicas, no hay que hacerse muchas preguntas: algo anda mal en el gobierno. La solución no es dejar sin atención las demandas esperando que la gente se fatigue. En el corto plazo, esa “política” puede dar resultados; pero existirá el riesgo de que la protesta pase a la confrontación.
Pensemos en el gobierno como un hipopótamo atacado por una manada de perros salvajes; ninguno de estos voraces animales se enfrenta al hipopótamo, pero todas lo atacan por diferentes partes de manera que el paquidermo, de no refugiarse en un cuerpo de agua, sucumbirá ante las dentelladas de sus muchos atacantes.
En no pocas ocasiones, ciudadanos de buena fe, son engañados por líderes venales que buscan su beneficio personal. En esos casos, el sector oficial debe fijar su postura para desenmascarar a los falsos redentores. No obstante, estos hechos no deben tomarse como una generalidad y asumir que todos son iguales.
En Guerrero hay muchas causas para justificar la protesta social. Los huracanes que ocasionaron el destrozo de viviendas, escuelas, instalaciones de salud, carreteras, no solamente en Acapulco, también en varias regiones del estado. Agréguese desplazados, desaparecidos, solicitud de plazas magisteriales y pagos de bonos, pensiones, cierre de empresas y desempleo, y una cantidad de etcéteras que pueden ser abrumantes.
A pesar de ello, corresponde a los tres órdenes de gobierno atender las demandas. Y atender las demandas no implica responder a lo indebido, pero sí acudir a dialogar e informar. Para ello, las oficinas gubernamentales de trato constante y directo con la población, deben tener negociadores capacitados, que sepan conducir una reunión y llegar a acuerdos concluyentes.
Ahora existen instituciones académicas y empresas dedicadas a formar negociadores y mediadores, que imparten diferentes métodos para resolver desde diferencias conyugales hasta conflictos sociales. Es decir, negociar no significa hacerlo como siempre se ha hecho, ofrecer dádivas o negarse a escuchar. El negociador debe tener conocimiento de diversas técnicas, tiempo, paciencia y autoridad para llegar a acuerdos.
La izquierda proclamó una y otra vez: “El pueblo se cansa de tanta pinche transa”. Varios de los que hoy son funcionarios o representantes populares corearon estas consignas. ¿Cómo es que estando en el gobierno se les olvida? Guerrero ha sido un estado convulso; es de considerarse la paciencia que, a pesar de todo, aún conserva. Mas no debe pasarse por alto la protesta social, ya que puede ser el inicio de una irritación generalizada.
El Movimiento Social de 1960 contra el gobierno criminal de Raúl Caballero Aburto, debería ser una lección imperecedera para todos los gobiernos. Un asunto menor fue escalando hasta acabar en la masacre del 29 de diciembre de aquel año, en el que fueron asesinados dos tíos míos. Tardíamente llegó la desaparición de poderes, pero llegó.
Sin exagerar, el estado es un hervidero de protestas. En Chilpancingo no hay semana en la que, al menos en dos o tres ocasiones, se cierren sus principales vías por marchas y bloqueos, por parte de grupos procedentes de diferentes municipios. La ciudad se vuelve un caos provocando una doble molestia, la de los manifestantes y por la paralización de actividades por causa de los que protestan. Es una severa llamada de atención la reciente encuesta del Inegi al señalar que ocho de cada diez personas se sienten inseguras en Acapulco y Chilpancingo y que la capital del estado es la octava ciudad del país con percepción de mayor inseguridad (El Sur, 24-1-25).
La paciencia ciudadana tiene un límite. Serían un error que el objetivo fuera formar “ciudadanos sin civismo”, como diría Ikram Antaki.