EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Humberto Musacchio

Agosto 14, 2006

Otro atentado contra la ciudad
Con la oposición del Icomos y de la Sociedad defensora del tesoro Artístico de México, el arquitecto Enrique Norten se propone construir una caja de cristal y acero en la esquina de las calles Argentina y Guatemala, precisamente donde estuvo la Casa de las Ajaracas. No parece sensato colocar en medio de una zona de alto valor histórico y arquitectónico, frente a las ruinas del Templo Mayor, una edificación que rompe absolutamente con un entorno castigado, pero donde sobreviven edificaciones como la Casa del Apartado, obra de Manuel Tolsá, el magnífico ex Convento de la Encarnación, hoy Secretaría de Educación Pública, la vieja casona de la librería Porrúa y la fachada de la ex Escuela Nacional Preparatoria, construcción levantada hace un siglo buscando respetar la arquitectura colonial de San Ildefonso. Desde el lugar donde estuvo la Casa de las Ajaracas se contempla la parte trasera de la Catedral y la plaza del Seminario, donde han sido amorosamente restauradas las construcciones de toda esa cuadra, al parecer inútilmente, pues ahora se pretende encajar en el lugar más visible un monstruo de vidrio que refleje nítidamente la falta de respeto por el pasado, la misma que a lo largo de muchas décadas, con la complicidad y aun los auspicios de las autoridades, ha destruido la identidad de grandes zonas que antes eran orgullo de la ciudad. Hoy la casa de cristal, ¿y mañana? ¿una nueva fachada para el Palacio Nacional, con vidrios polarizados y herrería de aluminio dorado?
Todos contra el centro histórico
Es admirable que sobreviva buena parte del México viejo pese a los embates de la especulación urbana, la corrupción de las autoridades y la indiferencia ciudadana. El último gran golpe se lo asestó la depredación motivada por el descubrimiento de la Coyolxauhqui, lo que llevó a demoler las construcciones que se hallaban sobre los vestigios del Templo Mayor, dizque para mostrarle al mundo la grandeza prehispánica. En realidad fue una de tantas ocurrencias del sexenio de José López Portillo, cuando Carlos Hank González era jefe del Departamento del Distrito Federal. El costo de haber desnudado ese espacio fue un inmenso desequilibrio del suelo en toda el área, lo que obligó a restaurar a un alto costo el Palacio del Arzobispado, a recimentar el Sagrario y la Catedral y a reparar todo el costado norte del Palacio Nacional. En el balance hay que agregar la desaparición de la casa de las Ajaracas, que quedó debilitada y fue presa de los sismos de 1985. Ahora, como consecuencia de ese desastre, oportunamente denunciado por Teodoro González de León en su discurso de ingreso a El Colegio Nacional, las ruinas del Templo Mayor están varios metros sobre el nivel de la calle y el museo de sitio es una especie de terraza para contemplar los avances del desastre.
La librería del FCE y la inundación
Durante la feroz granizada que azotó la ciudad hace unos días, mientras el cielo se venía abajo, Carlos Fuentes firmaba ejemplares en la librería Rosario Castellanos, en el Centro Cultural Bella Época. Ya había rebasado los 300 autógrafos cuando en la parte que asoma a la calle Tamaulipas un plafón se vino abajo porque el granizo y la increíble cantidad de hojas que en esas horas soltaron los árboles taparon un ducto de desagüe. La parte más afectada resultó la bodega y el agua se escurrió hacia el piso de la librería, donde los clientes que se hallaban en el lugar ayudaron a salvar los libros de las estanterías bajas. En total se dañaron unos 700 volúmenes y el piso de madera de la librería, del que se botaron los bloques por la humedad. En suma, las cosas no fueron la tragedia que describió el afán amarillista. Ahora, nos informa el fotógrafo Pascual Borzelli, él y un grupo de artistas plásticos le ha propuesto a Consuelo Sáizar que les permita elaborar, con los mismos bloques de madera, obras de la especialidad de cada uno y montar con ellas una exposición de homenaje a la gente que ayudó a rescatar libros, entre los cuales se contaba el pintor Roberto Parodi. La plausible idea está en estudio.
Robinson Tijeras censura libros
A los obispos y gobernadores panistas de varios estados que censuran el libro de texto Ciencias I Biología, editado por la Conaliteg, se ha unido con su característico despotismo el dizque priísta Eduardo Robinson Bours Castelo, quien se propone atropellar la legislación autoral y ha dispuesto mutilar los ejemplares que deben distribuirse en el sufrido estado de Sonora. La jerarquía eclesiástica y los gobernadores bajo su tutoría afirman que el libro tiene “información pornográfica” y que incita al libertinaje, como si la ignorancia fuera un cinturón de castidad. Ante el despliegue de oscurantismo propia de estos años, tuvo que salir el doctor Julio Frenk, secretario de Salud, a aclarar que la obra aporta una “educación sexual con bases científicas” y que el libro, elaborado por expertos, “es una herramienta esencial para, por un lado, luchar contra las enfermedades de transmisión sexual, pero también para darles a los jóvenes de México mejores elementos para un desarrollo integral”. Fue todavía más contundente Gerardo Laveaga, director del Instituto Nacional de Ciencias Penales, quien dijo que “brindar una educación sexual amplia, libre y responsable previene delitos sexuales”.
Breviario…
Hugo Gutiérrez Vega e Ignacio Solares, poeta uno y novelista el otro, son candidatos al Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de lingüística y literatura. *** Informa Iván Restrepo que en Londres, con 350 concursantes, se celebró un “marturbatón”, duelo más de persistencia que de resistencia cuyo fin –siempre hay pretextos– era obtener dinero para la lucha contra el sida. Para autosatisfacción de los mexicanos, un paisano nuestro, Emigdio del Río, desplegó un gran amor propio y podemos decir que se hizo justicia por propia mano, pues resultó uno de los vencedores. No hubo aplausos. *** Con un espectáculo de Mario Iván Martínez se presentará, el sábado 19 a las 12 horas, el libro Adivinanzas de nuestro mundo y de nuestro tiempo, de Héctor Anaya. La cita es en el Centro Cultural Bella Época, de Tamaulipas y Benjamín Hill, en la colonia Condesa.