EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

La República de las Letras

Humberto Musacchio

Octubre 23, 2006

Sin Rulfo, ahora será Premio FIL
Hecha formalmente la notificación de que no podía usarse el nombre de Juan Rulfo para el premio que anualmente se entrega durante la FIL, los integrantes de la asociación civil que otorga ese galardón decidieron rebautizarlo como Premio FIL de Literatura, aunque Raúl Padilla López fanfarroneó diciendo que la denominación es temporal porque él y sus abogados creen que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial fallará en contra de la familia Rulfo, a la que perdonó la vida, pues dijo que se trata de “un gesto de buena voluntad” hacia los herederos del escritor. Uno de los abogados de Padilla dijo que la decisión del IMPI “particularmente agravia a Carlos Monsiváis”, lo que resulta discutible, pues a nadie agravia recibir cien mil dólares. Otro de los juristas dice que el nombre de una persona “es un derecho personalísimo, pero no es heredable ni tiene un carácter patrimonial”. ¿No? De ser cierto, el abogado tendría que aclarar por qué debe señalarse inequívocamente la autoría de un libro antes y después de la muerte del autor, por lo que sí son heredables los derechos sobre el uso de un nombre, incluso cuando se emplea el apelativo dizque a manera de homenaje, pues todos tenemos el derecho de no aceptar “homenajes” que benefician a nuestros adversarios o que simplemente no deseamos. Al respecto, cabe recordar que Octavio Paz dispuso no ser llevado a la Rotonda, y esa voluntad se respetó. Igualmente, no hace mucho que los herederos de don Jesús Reyes Heroles se negaron a que los restos del ideólogo tuxpeño fueran llevados a la misma Rotonda. Para el abogado Mauricio Jalife, el que la familia Rulfo haya empleado el recurso de registrar el nombre como marca es “un hecho profundamente doloso”. ¿Y no es doloso poner el premio que llevaba el nombre de Juan Rulfo en manos de sus enemigos?
No construirán caja de vidrio
En buena hora se decidió no construir, en el predio que ocupó la Casa de las Ajaracas, un cajón de vidrio que rompería con todo lo que hay alrededor. La sede del Centro de las Artes de los Pueblos Indígenas, que estaría en ese lugar, se resolvió pasarla a la plaza Juárez, donde el gobierno capitalino le ofreció un terreno a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. La razón esgrimida para cancelar el convenio que existía entre el GDF y la comisión que encabeza Xóchitl Gálvez es que los descubrimientos arqueológicos realizados en los últimos días impedirían cualquier construcción en ese sitio, pues se pretende exhibir el monolito en el mismo lugar donde ahora se encuentra. De modo que si bien se evitó la edificación de la caja de vidrio, ahora hay el riesgo de algo peor: que en nombre de los valores arqueológicos continúe la degradación del Centro Histórico en la zona del Templo Mayor, donde no se proyecta una idea de la vieja grandeza, sino un cochinero monumental, altamente perjudicial para el equilibrio de los suelos, sin armonía y sin sentido.
Héctor Anaya y sus calendarios
Desde hace varios años, el escritor Héctor Anaya edita unos calendarios culturales de gran utilidad para quienes andan en el campo artístico-intelectual. Sus almanaques contienen, como es de suponerse, efemérides culturales, nacimientos y defunciones de literatos y otros creadores, así como información adicional sobre las fechas celebrables y su contenido, lo que significa biografías y otros datos que cada doce meses recoge Anaya con detalle y precisión que mucho se agradecen. También de su caletre es un Calendario cultural de los niños, en el que aporta datos útiles para los chiquillos y chiquillas de este maravilloso país, y lo hace con redacción y diseño atractivos para las tiernas criaturas a las que va dirigido. Anaya colaboró en los años sesenta en Excélsior, en la página llamada Olimpo Cultural, y volvió durante los ochenta a esta casa, donde en el suplemento El Búho escribía la columna La Culta Polaca que firmaba con el seudónimo de Por Supuesto. El mismo autor-editor presentará sus calendarios culturales el próximo miércoles, a las 19 horas, en el teatro Gilberto Cantón de la Sogem.
Presentan dos libros de Josu Landa
Elsa Cross, David Huerta, Armando González Torres y Eduardo Milán, con Eduardo Langagne como moderador, presentarán pasado mañana, miércoles 25, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el libro Estros. Antología poética de Josu Landa (Ed. Monte Ávila), quien celebra veinte años de arar su parcela en tierras de la lírica, pues hace dos décadas obtuvo el Premio Carlos Pellicer de Poesía por Treno a la mujer que se fue con el tiempo, obra que ahora reedita Ediciones Arlequín. Landa es también autor de Zarandona, la primera novela de la diáspora vasca posfranquista y es el traductor al euskera de Piedra de sol, de Octavio Paz, poema publicado en 1987 en edición biblingüe español-vasco. Se espera que en breve aparezca, también en las dos lenguas, Muerte sin fin, de José Gorostiza, poeta mexicano que era hijo de un inmigrante oriundo de Barakaldo, en el País Vasco.
Breviario…
Hoy en la noche, la embajadora de España impondrá la Orden de Isabel la Católica a Saúl Juárez, director general del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ahí estaremos los amigos de Saúl. @@@ El número de octubre de Universo de El Búho, la revista que dirige René Avilés Fabila, contiene un texto de homenaje al cada día más vivo Juan de la Cabada, una semblanza de Rosario Castellanos escrita por la China Mendoza, un poema de Otto Raúl González y materiales literarios de Marco Aurelio Carballo, Roberto Bañuelas, Dámaso Murúa, Martha Chapa y otros autores. La revista es gratuita y los interesados pueden solicitarla en la Fundación René Avilés Fabila, Yácatas 242, en Narvarte. @@@ Por “toda una vida dedicada al periodismo”, Elena Poniatowska será premiada por la IWMF (Internacional Women Media Foundation). @@@ Joel Phillips me hace notar que la semana pasada, al referirme a la Generación del Crack, Eloy Urroz apareció repetidamente como “Arroz”, tontería que debo al programa de “autocorrección” de mi computadora. Espero la comprensión de los lectores y la indulgencia de un escritor respetable al que alteré involuntariamente el nombre.