EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Humberto Musacchio

Junio 15, 2020

 

Murió Manuel Felguérez

En la Ciudad de México falleció el pintor, escultor y neomuralista Manuel Felguérez, quien promovió y protagonizó la Ruptura, exitosa rebelión contra la Escuela Mexicana. Participaron en esa reyerta artística José Luis Cuevas, Pedro Coronel, Alberto Gironella, Fernando García Ponce, Beatriz Zamora, Arnaldo Coen, Juan Soriano, Roger Von Gunten, Vicente Rojo. La sede de aquella rebeldía fue la Zona Rosa con sus cafés, en uno de los cuales –el Carmel, de Jacobo Glantz– expuso Felguérez a fines de los 50, cuando ya ejecutaba murales abstractos, de los que deja una buena cantidad. Durante el movimiento de 1968, el mismo Felguérez coordinó el mural múltiple ejecutado sobre las láminas que cubrían la dinamitada estatua de Miguel Alemán, en la explanada de CU, y lo insólito fue que los apóstoles de la Ruptura compartieran la brocha y el bote de pintura con miembros del Taller de Gráfica Popular y otros defensores de la vieja guardia. Fue uno de esos raros momentos de confluencia que en buena medida liquidó la querella de la plástica nacional.

Diez años sin Monsiváis

El próximo viernes se cumplirá un decenio de que muriera Carlos Monsiváis, a quien sin hipérbole podemos llamar conciencia de su tiempo, escritor alérgico al lugar común, coleccionista de artes mayores y menores, crítico de mirada profunda y estereoscópica, defensor de las causas perdidas y de algunas ganadas, presencia indispensable en la segunda mitad del siglo XX mexicano y algo más. Nos queda el consuelo de leerlo y releerlo, de compartir sus miradas siempre distintas de la realidad y su interpretación peculiar de los hechos. Días de guardar y Amor perdido se siguen leyendo con gusto y con provecho, lo mismo que Escenas de pudor y liviandad, obra de 1988 que le hizo ganar el Premio Mazatlán de Literatura, aunque cabe aclarar que era de esos intelectuales, ciertamente escasos, que dan prestigio a los premios que reciben, y no a la inversa.

Intelectual orgánico en Palacio Nacional

Circula un video de la visita que en octubre hizo Enrique Semo al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien llevó al historiador a recorrer las nuevas salas de la sede presidencial, donde Ya Saben Quien anunció que ahí estarían un retrato de Julio Scherer y otro de Carlos Monsiváis (¿Ya los colgaron? Los retratos, por supuesto), en la misma galería donde figura el cacique tabasqueño Tomás Garrido Canabal, del que dijo Semo que “ese sí era comunista” y AMLO lo corrigió: “Yo diría que liberal, porque el trópico hace que los verdes se amotinen y que los ríos se salgan de cauce” (¿Pellicer?). Entre los incluidos en esa galería, buñuelesca e inexplicablemente llamada Los Olvidados, se cuenta José María Pérez Gay, que “no era un hombre de izquierda”, según aclaró Semo, pero le ripostó YSQ que era una persona “muy cercana a nosotros” (¡Ah, bueno!). Luego, sin mencionarlo, le sonaron a Roger Bartra, que para Semo “se cansó de ser cómo era”. Coincidieron en atribuirle a López Velarde el poema México creo en ti (en realidad es de Ricardo López Méndez) y AMLO dijo que Joaquín Clausell “se hizo famoso en Francia y terminó huertista”, aunque lo cierto es que en Francia, donde estuvo sólo un año, fue invitado por Monet a su estudio y tuvo algún contacto con Pissarro, pero de ahí a que haya gozado de fama en París hay una gran diferencia. Lo de huertista es también dudoso, porque Clausell se llenó de hijos y, aunque era un jurista acreditado, en los años duros de la revolución tuvo serios problemas económicos y fue su suegro quien auxilió a la familia, pero aún así el pintor y abogado acudía a la cárcel de Xochimilco, donde defendía gratuitamente a presos que se lo pedían.

¿Vandalismo autorizado?

El mal ejemplo cunde. En la Ciudad de México, las autoridades permiten que grupos de enmascarados pinten, asalten, destruyan propiedad pública y privada, ataquen a particulares e incluso a la policía, la que tiene órdenes rigurosas de quedarse como el chinito: nomás milando. Por eso no sorprende que en Jalisco, después de que fracasó el empleo de métodos como atacar a manifestantes pacíficos y de secuestrar a quienes ejercen un derecho constitucional, se optara por lanzar a la calle grupos de provocadores, los que mezclados en la protesta de sectores sociales justamente indignados por la ineptitud y los abusos de Enrique Alfaro y sus paniaguados, hallaron tierra fértil para el pintarrajeo, la quema de la histórica puerta del Palacio de Gobierno, la destrucción de vidrieras de la casa Pellandini y el saqueo de la mismísima sede del “gobernador”, que por supuesto a esa hora se hallaba muy lejos. Así, pues, la acción de provocadores, viejo método de los gobiernos priistas, se está convirtiendo en un proceder habitual de autoridades que no saben distinguir entre el ejercicio legítimo de un derecho y la comisión de delitos. ¿Qué sigue? ¿Qué cada ciudadano se haga de un arma para defenderse de esos rufianes? Mejor celebren el Premio Princesa de Asturias concedido a la FIL, que a fin de cuentas se debe al esfuerzo de los jaliscienses que pagan impuestos.