EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

La sana distancia

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 02, 2020

En tiempos de la pandemia nos debemos guardar en casa. Por fortuna para un servidor, para el desarrollo de mis actividades laborales se me ha permitido trabajar en la relativa seguridad de mi hogar. Vivo en la sana distancia. Eso sí, en pleito constante con la comunicación por internet, la tecnología de la comunicación informática no es lo mío. Mi primera computadora personal la adquirí en 1990; en treinta años los avances tecnológicos me superan en velocidad de adaptación. Ahora, el destino nos alcanzó, y debemos estar conectados para comunicarnos, o simplemente no existimos entre los más de 4 mil millones personas que sobrepoblamos el planeta.
Soy, como muchos millones de mexicanos, de las personas de riesgo ante un contagio por coronavirus, ya que tengo que convivir con la diabetes cuando menos desde hace 15 años. El coronavirus no es altamente transmisible, aunque de baja letalidad para la mayoría de los infectados. Pero con la diabetes, gente como un servidor tiene el alto riesgo de que le sea letal. En la lotería de la vida, esa es la suerte de uno. Esto, por razones de la genética y la segura mala cultura de alimentación, llena de calorías, que me paso finalmente la factura. Me preocupa por ello, contagiarme por el coronavirus, ya que mis defensas inmunológicas contra el virus son probablemente muy malas, así que posiblemente acabaría con requerimiento de hospedaje forzoso en hospital.
Luego vienen las preguntas obvias: ¿A dónde iré a dar, en una necesidad al ser infectado por coronavirus y si los síntomas son graves? Esto, pese a los mensajes oficiales de que todo está bajo control. Todo está ya previsto, llamé usted al teléfono número tal y pronto sabrá de nosotros. Pero, en los reportajes de televisión, en los ahora diarios y revistas virtuales, en las redes sociales, nos abruman diciendo de las carencias que se tienen en los hospitales. Esto es por cierto herencia histórica de sucesivos gobiernos locales y federales. Un enfermo crónico debido a múltiples factores. Ni para identificar un responsable único.
Ahora, el mes de mayo se ve como el del pico máximo de infectados. Recuerdo, que los primeros casos de viajeros, que probablemente trajeron el coronavirus a México, eran unos pocos en su mayoría de clase acomodada, con vacaciones en Europa o Estados Unidos. Ellos fueron atendidos seguramente con esmero, tanto por sistemas de salud privados, como públicos de alta especialidad. Se podía saber el origen y los contactos, ahora ya es el pandemonio nacional. Ya no es posible tanto interés por una persona en lo individual. La decisión del triage de la discriminación económica es obvio, el coronavirus se va a cebar en los más pobres, la mayoría de este país injusto. De hecho, se ha desnudado nuestro sistema: millones de personas no tiene hoy para comer o por lo menos lo suficiente para ello. Para ellos, el coronavirus es uno más a sus múltiples problemas. Ahora, el sistema de salud, por lo menos los de alta especialidad, se ha inundado de infectados. No se ha colapsado, pero va viento en popa a ese fatídico escenario en muchas regiones del país, si siguen la transmisión del virus.
Entonces me pregunto: ¿Habrá una cama para mí en una emergencia? ¿Tendré un ventilador por si necesito ayuda para respirar? ¿Un especialista médico preparado para intubarme? Entiendo que se necesita ser un especialista con muchos años de entrenamiento en esos menesteres. ¿Tendré la fortuna de que me atienda una eminencia? Lo dudo. Luego pienso, en los asuntos éticos, ante la urgencia y saturación de servicios médicos. En la otra selección, el triage de la salud, voy a ser clasificado ¿Valgo yo, menos o más que un joven infectado en la competencia por un respirador? Si fuera el caso ¿Tendría el valor para cederlo a otra persona? ¿Quién va? o ¿Cómo se va a decidir mi destino? Y ante el riesgo de no aguantar la infección viral, ¿alcanzaría a despedirme de mis seres queridos? Eso, de no tener la vida en orden es dejarles asuntos no resueltos a los seres queridos.
Pero por ahora no puedo resolverlos, ya que casi todo está cerrado o técnicamente corro grandes riesgos al salir de casa. Vaya círculo perverso que me he creado. Mi consuelo mexicano, ya ni modo, es que seguramente hay millones de personas como yo. Eso sí, me prometo, si todo sale bien, ordenaré mi vida, como si fuera mi biblioteca.
Hasta donde entiendo, no hay todavía un tratamiento probado para combatir al coronavirus, todo son pruebas, ensayos. Así, que, por ahora, para mí, cómo para muchos millones de personas, la mejor opción es reducir al máximo los riesgos de infección por coronavirus. La sana distancia. Esperar a que los miles de infectados, asintomáticos o no, dejen de ser transmisores de coronavirus en los trabajos y en las calles. Dependo, mucho entonces de una ciudadanía responsable, de esa que debe practicar el famoso distanciamiento social, de que se guarden en su casa. Hasta que el riesgo de ser contagiado por un transmisor sea mínimo.
Entonces, el problema inmediato es sacar a la mayor parte de la gente. La mayoría de las personas que no salen de las calles indican de manera recurrente que no tiene opción, que deben llevar a través de la economía informal algo para comer a sus hogares, pues no van a morir de hambre. Está desnuda la gran carencia de derechos sociales y económicos para la mayoría de la ciudadanía de este país, trabajar como un burro, de manera formal o informal, no significa, que tendrás un seguro de desempleo digno por un tiempo determinado. Esto no es Europa, o cualquier país desarrollado. Aquí ha sido el imperio del capitalismo más salvaje y explotador, que sólo le ha interesado lograr la máxima ganancia económica posible a costa de sus trabajadores. Hay fórmulas para resolver esto, pero no voy a entrar a ese tema.
Lo que me preocupa, es cuando la gente dice que sale a la calle porque no cree en la pandemia o que no les va a pasar nada. Pero aún, cuando sale gente que sospecha tener la infección o esta sabida de que tiene la misma. Toda esa gente, no entiende que su derecho a la insana distancia, a estar contagiando en la calle, concluye cuando invade el de las mayorías vulnerables. Eso de que además se reúnan socialmente me parece inconcebible e injusto para los que nos guardamos en casa.
Otro grupo de gente, que no concibe mi cabeza, es el de los que discriminan al personal de salud. No puedo comprender que se agreda o discrimine a aquellos que son los héroes reales en el combate contra la pandemia. Cuando conozco de esas historias, no entiendo tanta ignorancia y estupidez y me da vergüenza que seamos conocidos en otros países por ello. Debemos apoyar, a los trabajadores de la salud en estos momentos tan complicados para ellos.
Creo que se debe tener mayor energía y atención por parte de la sociedad y gobierno con todo ese tipo de gente aliada del coronavirus y adversaria la mayoría de la población, que tienen en común la ignorancia producto de nuestra educación deficiente.
Finalizo, señalando que mi propósito, por ahora, es ganar tiempo, guardarme con mis seres queridos, y esperar hasta que el riesgo de contagio sea reducido. Otra opción es que se anuncie un tratamiento médico en un corto plazo, que acabe con el coronavirus al ser infectado, para estar más tranquilos. Esa es una opción posible más inmediata, que una vacuna, que no se ve en un escenario de implementación para el país en los próximos meses. Por ahora, quedémonos en casa, en lo posible, en la sana distancia.