EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

La sexta extinción del antropoceno

Octavio Klimek Alcaraz

Junio 11, 2016

Uno de los temas que nos debe preocupar dentro del cambio global que sufre el planeta es la extinción acelerada de la vida que conocemos sobre la Tierra, las actuales especies. Todos los signos sugieren que está en marcha lo que se conoce como la sexta extinción masiva de especies en la Tierra. Anteriormente, se estima que se han presentado otras cinco extinciones masivas en un breve periodo. La más reciente fue la de los dinosaurios, hace 65 millones de años, al final del Periodo Cretácico. En dicha extinción desaparecieron alrededor del 75 por ciento de las especies. En general, las extinciones masivas se han atribuido a causas como actividad de supervolcanes hasta el impacto de meteoritos. En este momento, sin embargo, es una de las especies, la humana, la que estaría causando la sexta extinción masiva de las demás.
En librerías se encuentra un texto de divulgación relativamente actual, y que considero es bastante ameno para quienes gustan leer sobre estos temas. Se trata del libro escrito por Elizabeth Kolbert, titulado La sexta extinción. Una historia nada natural (Ed. Crítica, 2015). Con dicho libro la autora ganó en Estados Unidos el prestigiado Premio Pulitzer en la categoría de no ficción del año 2015.
En 13 capítulos, el libro narra “la historia nada natural” a través de casos específicos las extinciones que han pasado, y la que ya está en marcha. En cada capítulo se sigue la historia de la vida de una especie emblemática, en algunos casos ya extintas o en otros en grave riesgo. Así, se le sigue la pista a la rana dorada de Panamá (Atelopus zeteki), ejemplo de un anfibio en riesgo debido a un hongo introducido en algún momento a Panama; a las amonites (Discoscaphites sp.) extinguidas junto con los dinosaurios por un meteorito; al mastodonte americano (Mammut americano); el rinoceronte de Sumatra (Dicerorhinus sumatrensis), que solo sobrevive en cautiverio; el alca gigante (Pinguinus ipennis), cazado hasta su extinción por los seres humanos, por citar algunas especies descritas en el libro.
Lo interesante del libro es que Kolbert, visitó sitios emblemáticos relacionados a muchas de estas especies. Eso le permite describir y explicar de manera clara, con cierto humor y objetividad el tema de cada capítulo. Además, sus entrevistas fueron realizadas con investigadores, que en muchos casos los conocemos por sus aportaciones protagonistas y de frontera de sus artículos científicos. Las respuestas de estos ecólogos en las entrevistas nos amplían la perspectiva de cuales han sido sus motivaciones para realizar sus investigaciones a la ciencia de la ecología.
Kolber, visita a lo largo de los diversos capítulos, desde las laderas cada vez más cálidas de los Andes, la fragmentada selva amazónica, hasta la Gran Barrera de Arrecifes de Australia, reducida día a día por la acidificación y el calentamiento de las aguas marinas. Sus descripciones buscan hacer comprender el papel que juega la pérdida absoluta o la fragmentación de espacios de vida para distintas especies por las actividades humanas. También, el cambio climático expresado en la acidificación de los océanos causado por el exceso de emisiones de bióxido de carbono. Hasta el papel de la caza masiva y la introducción de especies invasoras por los seres humanos.
Finalmente, el capítulo del libro titulado Bienvenidos al Antropoceno, me parece motivo especial para ampliar los comentarios. En él se describe como el químico holandés Paul Crutzen –quien junto con Mario Molina y Sherwood Rowland recibieron en 1995 el Premio Nobel por su contribución a la comprensión de la formación del agujero de la capa de ozono–, propuso en el año 2002 en un artículo en la revista Nature, el término Antropoceno, para la actual época geológica, de tantas maneras dominada por los humanos. Entre los cambios a escala geológica, que citaba Crutzen, y se indican en el libro sería los siguientes:
El más significativo, es que los humanos hemos alterado la composición de la atmósfera a través de la quema de combustibles fósiles y la deforestación.
La actividad humana ha transformado entre una tercera parte y la mitad de la superficie terrestre del planeta.
La mayoría de los principales ríos del mundo está regulados o trasvasados.
Las plantas de fertilizantes producen más nitrógeno del que fijan de forma natural todos los ecosistemas terrestres del mundo.
Las pesquerías extraen más de una tercera parte de la producción primaria de las aguas costeras de los océanos.
Los humanos usan más de la mitad del agua dulce fácilmente accesible del mundo.
Al margen de lo escrito por Kolbert, quisiera hacer énfasis en que lo interesante de esta propuesta de Crutzen es que formalmente en la actualidad vivimos en el Cenozoico, la era que comenzó hace unos 65 millones de años con la extinción de los dinosaurios. Dentro del Cenozoico, el período actual es el Cuaternario (caracterizado por los ciclos de glaciaciones y con un inicio datado en hace 2.6 millones de años) y, en este, la época más reciente es el Holoceno (con un comienzo cifrado en hace unos 11 mil 700 años y relacionado con el final de la última glaciación).
Sin embargo, en la actualidad el término Antropoceno se ha popularizado de manera informal. Por ello, la Comisión Internacional de Estratigrafía, el organismo científico encargado de definir y caracterizar oficialmente las diferentes escalas de tiempo geológico, valora su inclusión en la clasificación. El debate es que en caso de incluir el Antropoceno en el tiempo geológico, ¿qué rango debería asignársele?
Crutzen sugiere, que desde el siglo XIX, con el inicio de la Revolución Industrial, hay otras propuestas que lo ubican a mediados del siglo XX, con el inicio de las pruebas nucleares. Existen en la actualidad artículos, que indican que hay ya claras diferencias con el Holoceno, por lo que se le puede considerar una nueva época geológica. Pero todavía hay debate al respecto.
Lo que quiero destacar con esto es que en todo caso ahora estamos en la sexta extinción del Antropoceno, cuya causa son los propios seres humanos.