EL-SUR

Sábado 03 de Diciembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

La situación mundial: rupturas, desorden y confusión

Saúl Escobar Toledo

Marzo 13, 2019

¿Cómo pinta el mundo en 2019? Según los editores de la revista Project Syndicate (PS) atravesamos por un momento peligroso de la historia. Para entender los riesgos del presente, publicaron en papel (sus ediciones son siempre digitales y pueden encontrarse en https://www.project-syndicate.org) un número especial con un título provocador: La Gran Disrupción, el cual reunió colaboraciones de más de veinte autores que aportaron diversas visiones. Los responsables de la revista consideran que a un siglo de haber terminado la primera guerra mundial hay muchas similitudes entre el momento actual y el periodo que se vivió alrededor de 1918, cuando una ola nacionalista cambió a Europa. Su preocupación se centra en los líderes políticos demagogos de Estados Unidos y de aquella región que, con un discurso nacionalista, racista y de culto a la personalidad pretenden obtener ganancias políticas para atraer el voto de los inconformes y excluidos. Por ello, dicen, podemos cometer los errores del pasado, los cuales como se sabe condujeron a la consolidación de gobiernos fascistas y a la Segunda Guerra Mundial.
Los editores advierten que los economistas de la corriente dominante (mainstream) po-drían creer que estos peligros son simplemente una hipérbole, una exageración, pues el crecimiento económico se mantiene, aunque de manera desigual, y la inflación está controlada. Pero estos indicadores no deben ocultarnos el hecho de que la macroeconomía es eminentemente política pues los distintos grupos de la sociedad experimentan su propia situación de diversas maneras. En realidad, afirman, hay una polarización creciente. La gente siente que los beneficios de la globalización y las nuevas tecnologías no están siendo compartidos de manera justa o pareja. Las divisiones entre ricos y pobres, entre viejos y jóvenes, entre los rural y lo urbano (y agregaríamos nosotros entre hombres y mujeres) se están ampliando y ese sentimiento se origina en la realidad, pero también ha sido amplificado por las redes sociales. Las tecnologías digitales, incontroladas, se han convertido también en un factor de polarización pues han concentrado las ganancias de manera desproporcionada en unas cuantas compañías beneficiando a los más ricos, inflando los valores de los activos financieros. La lucha por el control de la tecnología entre Estados Unidos y China a su vez, está polarizando el planeta entre las dos potencias económicas. A lo anterior hay que agregar la situación crítica en materia de seguridad, migración y el clima. Todo ello, señalan, debería hacer pensar a los expertos que la ruptura y el desorden que vivimos, es decir la Gran Disrupción, es algo más que un exceso retórico y que debe tomarse en serio.
Hay que recordar que la inestabilidad actual viene de la Gran Recesión de hace diez años, la cual causó una severa caída de la economía global y fuertes tensiones políticas y sociales. Crisis que, por cierto, no fue advertida por los economistas ortodoxos.
Para entender el momento que vivimos, la nota introductoria de esta edición especial acude a Antonio Gramsci, el intelectual y dirigente comunista italiano, quien afirmó que las crisis consisten precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, en este interregno ocurren los fenómenos morbosos más variados.
Si entendemos por morbosos, en este caso, aquellos fenómenos que están relacionados con una enfermedad, po-dríamos decir que el mundo vive una situación especial caracterizada por acontecimientos, sobre todo en la política, en la que aparecen personajes, organizaciones y movimientos anormales, en el sentido de que rompen con el pasado y con las conductas y posiciones dominantes, reflejando así las condiciones de un sistema mundial defectuoso, enfermo: la globalización neoliberal de las últimas décadas.
La peligrosidad de la situación actual es compartida por diversos especialistas de otras partes del mundo. Los economistas Jomo K. Sundaram y Vladimir Popov, el primero residente en Kuala Lumpur, Malasia, y el segundo en Berlín, advierten también que la situación económica puede desatar una guerra mundial. Los temores, cada vez mayores, de una nueva crisis financiera, afirman, se alinean con una preocupación creciente de que ocurra un conflicto militar a gran escala.
Ello se debe a la desigualdad económica que se combina con las posiciones ultranacionalistas de algunos gobiernos, sobre todo el de Donald Trump. A pesar de la crisis económica que estalló hace más de diez años, no se ha avanzado en corregir las debilidades económicas debido fundamentalmente al ascenso del capital financiero a costa de la economía real. De esta manera, no se han llevado a cabo las reformas necesarias para resolver la creciente informalidad del trabajo ni para estimular la producción. En cambio, los precios de los activos financieros se han elevado incluso por encima del nivel que tenían antes de 2008. Así, el desorden económico, tan prolongado, está fomentando el conflicto y la intranquilidad entre las naciones y al interior de ellas.
La polarización que vive el mundo también se está dando en el plano intelectual. Frente al desorden que describe PS, el pensamiento dominante ha tratado de poner las cosas bajo la disyuntiva de mantener el orden actual o caer bajo las garras de políticas populistas. No hay más opciones.
Sin embargo, como dice Dani Rodrik en uno de los ensayos del ejemplar de la revista, después de la Gran Recesión y ante las medidas proteccionistas que tomó Trump, inéditas en la historia del comercio internacional desde la segunda posguerra, se reconoció que la hiper globalización había dejado fuera a mucha gente. Se admitió la necesidad de buscar mecanismos compensatorios más robustos. Pero estas inquietudes han desaparecido. En estos días se escucha mucho de las virtudes del sistema de comercio libre y multilateral pero casi nada del severo desequilibrio que ha creado. Sin embargo, dice Rodrik, necesitamos desesperadamente una nueva visión del comercio mundial. Los gestos grotescos de Trump nos han llevado a una falsa elección entre apoyar sus medidas o defender las viejas reglas. Si de veras pensamos que la globalización puede beneficiar a todos, no debemos caer en esta trampa.
El discurso de nosotros los neoliberales o ustedes los populistas es una falsa disyuntiva que no reconoce opciones nuevas al poner bajo el mismo sello a fenómenos tan disímbolos como, por ejemplo, las nuevas corrientes socialistas en el Partido Demócrata de Estados Unidos y al mismo presidente Trump tan sólo porque ambas disienten y pretenden romper con el consenso dominante. La diferencia ideológica, teórica y política en este caso es profunda y reconocerlo abre precisamente la posibilidad de sortear los peligros actuales, incluyendo una conflagración.
El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, en este número de PS, hace una dura crítica de las políticas de Trump y concluye que, a pesar de sus promesas de romper con las élites y sus políticas, en realidad se ha provocado una congelación de los salarios y se ha abandonado a los trabajadores desplazados por la globalización y los avances tecnológicos. Todavía peor, agrega, la marca Trump, caracterizada por el racismo, la misoginia y la excitación nacionalista ha tenido seguidores en Brasil, Hungría, Italia, Turquía y otras partes del mundo.
El mundo vive hechos insólitos, fenómenos sobre todo políticos, inusuales, distintos, singulares y que rompen, cada uno a su manera, las normas o moldes del pasado. Para entender lo que está sucediendo y prevenir los riesgos no se puede aplicar un mismo rasero porque entonces se impide la búsqueda de soluciones frente a un sistema mundial decadente. Entender esto puede resultar vital para el futuro del mundo y la preservación de la paz. No son frases retóricas y los intelectuales del pensamiento dominante deberían tomárselo en serio, como dicen los editores de Project Syndicate.

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