EL-SUR

Martes 30 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

La sociedad secreta

Raymundo Riva Palacio

Octubre 11, 2006

En una cultura política inacabada como la mexicana, hablar de derecha e izquierda se ha convertido en un lugar común. Es una discusión vaciada de ideología y muchas veces iniciada por personas que, o son ignorantes del tema o han ido moviéndose en la geometría política mexicana para justificar sus acciones con palabras. Esto ha llevado al reduccionismo de considerar que todos los conservadores se alojan en la extrema derecha y los progresistas en la izquierda. El simplismo de la retórica impide ver que esa diada tiene que ver con diferencias no sólo ideológicas, sino con valores, intereses, y sobretodo programas que se traducen en acciones políticas. Por eso no es fortuito que en el primitivismo mexicano, se identifique a Felipe Calderón como el representante de los intereses de la mismísima extrema derecha. Caracterización fácil, conclusión equivocada.
Calderón ni pertenece a la extrema derecha, ni viene de ella ni abreva en ella ni significa que al asumir la Presidencia vaya a llenar a Los Pinos de los grupos más radicales contra el liberalismo y lo igualitario, por utilizar parámetros establecidos por el eterno pensador del progresismo europeo, Norberto Bobbio. Sin embargo, esto tampoco significa que no exista la extrema derecha en México ni que se encuentre en actividad pasiva. Todo lo contrario. Está actuando en contra de Calderón para colocarle obstáculos que lo obliguen a hacerle concesiones, a pactar con ella o, más aún, a estar subordinado ante ella. “Lo enfrentará”, admitió en una entrevista con El Universal Luis Paredes Moctezuma, quien militó por 33 años en El Yunque, una organización católica que ha adoctrinado a centenares de personas para, con golpes políticos o físicos, hacerse del poder. No quieren a Calderón, quien los ha enfrentado toda su vida, y hoy lo desafían hasta “hacer –precisa Paredes Moctezuma– imposible que gobierne”.
La extrema derecha está muy activa en contra del Presidente electo. La cabeza más visible es la de Manuel Espino, presidente nacional del PAN, quien hábilmente se hizo del partido pero no pudo evitar que Calderón alcanzara la candidatura presidencial. Desde la campaña, Espino trabajó en su contra, irrespetando acuerdos que hacía Calderón con la base y forjando una muy tensa relación pública con él. Calderón y su equipo llevan semanas queriendo deshacerse de Espino y enviarlo al extranjero, pero no han podido. Ahora, viene de regreso. Hace unos días el líder del PAN rechazó la renuncia del representante del partido en el IFE, Germán Martínez, quien se iba a trabajar de tiempo completo al equipo de transición de Calderón, de quien ha sido colaborador cercano durante varios años. Espino es vanguardia del grupo de choque de la extrema derecha, pero no el gurú intelectual.
Esta mente, por años el creativo para la toma del poder, es Federico Müggemburg, que se ha manejado siempre en los círculos de la iniciativa privada, y cuñado de Cecilia Romero, la extremista ex senadora del PAN que ahora busca ser secretaria de Relaciones Exteriores. Müggemburg fue uno de los fundadores del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), que en los 60 y 70 penetró en los órganos de dirección y páginas editoriales de varios de los principales periódicos mexicanos de entonces, y reclutó a jóvenes que hoy, adultos, trabajan en diversas dependencias del gobierno federal, como en la Secretaría de Gobernación. Müggemburg ha sido también directivo de la Unión de Padres de Familia, una de las principales organizaciones de la extrema derecha que aglutina a varios de sus militantes más beligerantes.
Pero Müggemburg, a quien se le considera uno de los fundadores de El Yunque, no podría entenderse sin otro personaje inmensamente activo y profundamente ideológico, Guillermo Velasco Arzac. Padre de quien fue hasta hace unos meses secretario particular de Marta Sahagún, Velasco Arzac ha estado vigente en la prensa mexicana desde los 80, cuando era secretario general de la Coparmex, el organismo cúpula que ha sido utilizado como cabeza de playa de la extrema derecha para incursionar en la política formal, que ha sido presidida por varios de sus prominentes miembros, como Bernardo Ardavín, hasta muy recientemente el jefe nacional de El Yunque, el secretario de Gobernación Carlos Abascal, su coordinador de asesores Jorge Ocejo, y el ex subsecretario de Desarrollo Social Antonio Sánchez Díaz de Rivera. Velasco Arzac, quien fue el inspirador del grupo “A Favor de lo Mejor”, que ha buscado modificar las conductas editoriales de los medios de comunicación a sus valores y creencias, estuvo varios años en Guanajuato, donde conoció a Felipe Bravo Mena, a quien asesoró en su ascenso a la presidencia nacional del PAN, y a Ramón Muñoz, que recién llegó al Senado procedente de Los Pinos.
Muñoz fue durante casi todo el sexenio el cerebro del presidente Vicente Fox. Hombre que operaba todo en Los Pinos, fue el poder real. Punta de lanza política contra Calderón, ha sido uno de quienes más han insistido –incluido al Presidente– que el conflicto de Oaxaca sea administrado y se le deje la solución al mandatario entrante, como lo hizo Ernesto Zedillo al final de su mandato con el EZLN. Muñoz es de los que abiertamente no quieren a Calderón, y había luchado para que ni siquiera alcanzara la candidatura. No pudo y, como muchos otros en el radicalismo de derecha, lo quieren sabotear. Ha sido difícil lograrlo del todo, por la imposibilidad de que otro miembro prominente de ese grupo, Carlos Abascal, como secretario de Gobernación, deje las cosas notoriamente sueltas. Oaxaca se encuentra en una ruta de negociación política, aunque no se ha descartado la salida policial-militar. Un conflicto adicional que le quieren dejar a Calderón es el de los mineros, donde el secretario de Trabajo, Francisco Javier Salazar Sáenz, uno de los ideólogos de El Yunque, le está dejando la bomba de tiempo activada.
Calderón está enfrentando esta variable de su lucha postelectoral y pocos se están dando cuenta. En las últimas semanas, los representantes de la extrema derecha en el Senado y la Cámara de Diputados han endurecido sus posiciones negociadoras con la oposición y han tirado piedras a la construcción de una alianza más sólida con el PRI, lastimando públicamente a varios de sus dirigentes. El acercamiento con el PRI está tambaleándose por Oaxaca, y con el PRD ha habido represalias del gobierno con la asignación de recursos, añadiendo problemas adicionales para la construcción de acuerdos con Calderón. La extrema derecha no lo ha dejado. Lo obstruyó en la campaña, lo golpea ahora. Lo desean arrinconar y que, de rodillas, se pliegue a su programa, que en materia social, en educación y salud, no sólo es excluyente sino, en la coyuntura mexicana actual, antihistórico.

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