Florencio Salazar
Marzo 16, 2026
Antes que la amistad está la Patria.
Ignacio Manuel Altamirano.
Durante el régimen priista se habló de El solitario de palacio. Rodeado de colaboradores, séquito y guardias, consejeros oficiales y oficiosos, en el momento de afrontar los graves problemas del país y tomar decisiones, el presidente de la República está solo. Escucha muchas opiniones, informes falsos o insuficientes y retumban ecos de sus palabras en voces serviles.
AMLO dijo que el presidente está enterado de todo. Falso. El presidente se entera de lo que quiere y de lo que otros desean. Cada día recibe notas, informes de miembros de su gabinete, gobernadores, alcaldes, diputados, senadores, empresarios, dirigentes sindicales, líderes de partidos, cuerpo diplomático, periodistas, ciudadanos… torres de papeles.
En la Secretaría Particular del presidente hay una oficina de correspondencia, que organiza y clasifica la información. Después se elabora un listado, para que el secretario particular decida qué llevará al Ejecutivo. A los remitentes —no a todos— se contesta con machotes: El C. Presidente ha tenido conocimiento, etc, etc… unos textos se envían a la dependencia que toque y otros a la picadora.
El presidente despierta con una carpeta roja: resumen y análisis de medios, de inteligencia política, del Ejército, la Marina y la Cancillería. Los temas neurales ahí están; asume tener la visión panorámica del país al día. Cuando él instruye sobre asuntos específicos es atendido con prontitud. Quizá alguna información se matice. Pero cuenta con diversos canales confiables, a los que puede pedir —en forma simultánea— lo mismo. No obstante, ¿sobre cuántos temas puede solicitar información diariamente?
Por otra parte, hay una forma mañosa de informar: un documento de más de 10 páginas es probable que no sea leído. Si se exigen notas ejecutivas, existe el riesgo de la mutilación. Si el Ejecutivo vive en la burbuja es posible que su realidad sea virtual. Por ello, las demandas sociales y económicas —incluidas las críticas— las advierta como actos de mala fe o de plano conspirativos.
Cuando el mandatario niega con énfasis hechos del dominio público, es posible que ignore la verdad de las cosas; por lo cual pueden complicarse los problemas. Entonces, tomará decisiones. Será el momento de advertir su soledad, pues será el único responsable de sus actos.
El problema será mayor cuando a la soledad de palacio se sume la desnudez del rey. Es decir, creyendo —en soledad— estar revestido de virtudes y reconocimientos. Por ejemplo: estas condiciones pueden presentarse cuando se decide ser sin ser para que sea el que ya no es.
He usado el género neutro de presidente, a fin de referir lo ocurrido en El Maximato, sobre todo la relación del presidente Pascual Ortiz Rubio con el Gral. Plutarco Elías Calles. Pero debo hacer una anotación: en aquella época la presidencia de la República no estaba institucionalizada y los factores de poder —los muchos caudillos militares— creaban la atmósfera de levantamientos armados. El orden impuesto por la necesaria presencia de Calles terminó con el arribo a la presidencia del general Lázaro Cárdenas.
La situación ahora es diferente: ahora la presidencia es más fuerte por el control de los poderes constitucionales, el apropiamiento del INE y el Tribunal Electoral, la destrucción de instituciones de transparencia y rendición de cuentas, la subordinación de la mayoría de las gubernaturas, diputados locales y alcaldes. La concentración del poder es brutal.
A pesar de lo anterior, la Presidenta Claudia Sheinbaum no parece tener el suficiente margen de operación política. Los problemas la acosan: afuera y adentro. ¿Cómo siente la soledad y la investidura?, si las decisiones se ordenan desde Palenque, son especulaciones; especulaciones que la degradan.
No aspiro a la inestabilidad política, la crisis económica y la irritación social. Con todo lo que signifique, la presidente de la República necesita dar un paso trascendental: ser estadista.