EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

La traición

Arturo Martínez Núñez

Agosto 09, 2022

En política no hay sorpresas, hay sorprendidos. La traición es cotidiana y hasta previsible. Los traidores sólo están de paso entre su anterior traición y la próxima. Los traidores normalmente le deben su posición actual al traicionado. Sin éste, jamás hubieran llegado a la posición dónde se encuentran. El traidor siente que ya tiene patas pa’ gallo, que ya puede volar solo, que el mundo le queda chiquito y que no necesita a nadie.
Los traidores avientan la piedra y de inmediato esconden la mano; amagan con romper pero en público dicen que buscan la unidad; convocan y financian las conspiraciones y al ser confrontados niegan su responsabilidad: “a mí me invitaron”, argumentan.
Los traidores nunca están pensando en el presente, siempre están pensando en la siguiente jugada hacia el futuro. No les interesa la responsabilidad actual sino el hueso del mañana. No están pensando en cumplir las promesas de ayer, sino en cómo prometer cosas que no cumplirán mañana.
El traidor de hoy, ayer fue un lacayo sumiso. El que hoy dice “no” ayer solo decía “sí”. Hay que cuidarse de los abyectos porque en el cinto esconden la daga de la traición.
Los traidores no conocen de proyecto ni de ideología ni de valores. Bailan al son que les toquen o mejor aun, que les paguen. Los traidores son de izquierda y de derecha y de centro. Su único Dios es el ego, el poder y el dinero. Cuídate del más callado, el más solícito, el más servicial, el más obediente porque de ahí vendrá la traición. Cuídate del más pasional, del más fervoroso, del que grita a los cuatro vientos su lealtad porque en realidad lo que tiene es envidia y en su corazón se cocinan el rencor y la traición.
En política no hay lealtades, hay intereses; legítimos o ilegítimos, colectivos o individuales, pero intereses.
Para que haya engaño se necesitan dos. Solo se puede traicionar a aquel en el que se ha confiado. La confianza no se gana, se otorga. Los magnicidios son cometidos en su mayoría por miembros de la escolta. A Jesús lo vendió uno de sus apóstoles. El adversario se encuentra enfrente, el enemigo normalmente se encuentra atrás o al lado.
A Julio César lo traicionó Bruto que era casi un hijo para él. El poder es la fuente de las envidias y el objetivo de los traidores. Por eso el poder sólo se convierte en virtud cuando es utilizado para hacer el bien.
Es más fácil llegar a acuerdos con los adversarios que pensar que los de casa nunca habrán de traicionar. Con los adversarios se hacen acuerdos que son más parecidos a contratos mercantiles con reglas y alcances claros. Con los de casa se hacen promesas sentimentales más parecidas a cartas de amor de la adolescencia que a acuerdos serios y maduros. De los de fuera no se espera nada y por eso a veces se recibe mucho. De los de casa se espera todo y muchas veces se recibe nada.
A la traiciones e intentos de conspiración hay que responder con contundencia y energía. No con ira sino con determinación. Si se perdona la indisciplina se envía un mensaje nocivo al resto de la tropa: se manda el mensaje de que cualquiera se puede salir del huacal sin miedo a represalias. No se vale mamar y dar de topes; o estamos o no estamos; o somos o no somos. No hay espacio para las indefiniciones, las medias tintas ni las dudas.