Silber Meza
Abril 11, 2026
“Las escaleras se barren de arriba para abajo”, decía con frecuencia el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Una de sus muchas frases, como las procuran los políticos carismáticos. Por supuesto que AMLO lo era. Se refería a combatir la corrupción, una de sus grandes promesas de campaña y de vida pública.
Pero nunca barrió las escaleras. No combatió la corrupción del enorme presupuesto militar, al contrario: aumentó significativamente sus partidas con cero rendición de cuentas. En el Ejército hay muchos nuevos ricos.
En la Marina ni se diga, se enquistó el huachicol fiscal al más alto nivel.
Si AMLO intentó realmente “acabar” con la corrupción, no supo cómo. Desde que llegó minimizó y estigmatizó al Instituto Nacional de Transparencia, a la prensa crítica y a las organizaciones civiles que no se inclinaron ante él. Los que solicitamos información notamos una severa caída en la calidad de las respuestas. Con un dejo de cinismo, funcionarios empezaron a decir que la información que les pedíamos no existía, cuando en años anteriores sí había sido entregado el mismo dato. Si el presidente decía que el modelo de transparencia no importaba, por qué ellos actuarían distinto.
El caso de Segalmex muestra una de las peores prácticas de un gobierno: el amiguismo. Es decir, castigar a funcionarios de menor rango y proteger a como dé lugar a la persona designada por el propio presidente al frente de la dependencia. López Obrador nunca tocó al director general, Ignacio Ovalle. No lo hizo porque fue su maestro político, su gran amigo.
Amor con amor se paga, ¿no?
Los seguidores de López Obrador defienden la cuatroté diciendo que su modelo –social, político, económico– ha sacado a millones de la pobreza. No negaré este dato y me alegra muchísimo que haya sucedido. Tampoco le regateo un centímetro a ese logro que me parece sumamente importante porque le cambia la vida a muchas de las personas que más lo necesitan.
Punto y aparte, el gobierno tiene muchos otros elementos que se tienen que valorar, y aún más para la ambición de llamarlo una “cuarta transformación de la vida pública de México”.
Yo sostengo que no puede haber transformación sin combatir la corrupción sistémica de este país, y eso no ha sucedido. Al contrario, se debilitó el modelo de transparencia existente. Pareciera que hubo una máxima: no importa que haya corrupción, lo importante es que no se conozca que hay corrupción.
El reciente anuncio del “fracking no fracking” para producir gas es un contrasentido básico de la cuatroté: afectará duramente el medio ambiente y se abrirá a la inversión privada en un tema donde se busca la soberanía nacional. Una política neoliberal que realizará el gobierno que vino a terminar con el neoliberalismo.
La política de AMLO de “abrazos no balazos” fue otro gran fracaso que generó una expansión dañina del crimen organizado. El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se convirtió en una organización con presencia en todo el país, lo que no había pasado con ningún grupo criminal, además de que pudo desarrollar una capacidad de fuego y económica inéditas. Un cártel que, en una década, se convirtió en el más poderoso, con tentáculos en decenas de países, con grupos entrenados como un pequeño ejército, con decenas o cientos de alcaldes y legisladores en sus bolsillos, con narconóminas vergonzosas. Nada de eso se combatió de fondo con AMLO. Y fue hasta que cambió el gobierno, llegó Claudia Sheinbaum con una visión distinta ante el inocultable crecimiento criminal, y la enorme presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que se decidió capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. Terminó muerto.
Qué decir de la mano derecha de López Obrador, su “hermano” Adán Augusto López –que ni siquiera ha sido investigado por el actual gobierno–, cuando impulsó a Hernán Bermúdez Requena como su secretario de Seguridad Pública mientras era, a la par, el líder de La Barredora, el grupo criminal que operaba como brazo del CJNG en Tabasco.
Adán, el hermano de AMLO, no ha tenido ningún problema. Su mayor castigo fue abandonar la coordinación de senadores morenistas, pero sigue con todos los privilegios. Fue secretario de Gobernación y hasta quería ser presidente de México.
Y lo más reciente: el escándalo de Rodrigo Gutiérrez Müeller, cuñado de AMLO, que creó empresas con dos personas que al poco tiempo fueron acusadas de lavado de dinero en Estados Unidos. Cuando se publicó el reportaje, Hacienda lo “investigó” y exoneró en un par de días y en fin de semana.
¿Cómo puedo creer que esto es una transformación?