EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

La utilización de los recursos genéticos y la biodiversidad

Octavio Klimek Alcaraz

Abril 01, 2017

El Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas tiene tres objetivos, que son:
La conservación de la diversidad biológica;
La utilización sostenible de sus componentes, y
La participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos.
El Protocolo de Nagoya sobre Acceso a los Recursos Genéticos y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios de su Utilización es el acuerdo internacional que precisamente atiende este último tercer objetivo. Trata de aplicar de manera efectiva los artículos 15 (Acceso a los recursos genéticos) y 8 j) (Conocimientos tradicionales) del Convenio, así como los tres objetivos citados. El denominado Protocolo de Nagoya entró en vigor el 12 de octubre de 2014 y México forma parte de él.
Ahora bien, el Convenio entiende por “recursos genéticos” al material genético de valor real o potencial. Asimismo, por “material genético” se entiende todo material de origen vegetal, animal, microbiano o de otro tipo que contenga unidades funcionales de la herencia.
Finalmente, se puede decir que los recursos genéticos son todos los organismos vivos (plantas, animales y microbios) ya que tienen material genético que puede ser útil a los humanos.
Dichos recursos pueden obtenerse de la vida salvaje, domesticada o cultivada, bien del medio ambiente natural (in situ).
De colecciones hechas por el hombre (ex situ) (jardines botánicos, bancos de genes, bancos de semillas o cultivos microbianos).
La importancia de los recursos genéticos radica en que son una fuente importante de información para entender el mundo natural. Pueden ser utilizados para desarrollar una amplia gama de productos y servicios en beneficio del ser humano.
Sin duda alguna, nuestra comprensión de los recursos genéticos se debe en gran medida al conocimiento tradicional de las comunidades indígenas y locales transmitido a través de generaciones.
El valor de ese conocimiento tiene que ser entendido y valorado adecuadamente por aquellos que lo utilizan. De la misma forma, es esencial que los derechos de las comunidades indígenas y locales sean tomados en cuenta durante las negociaciones de acceso y participación en los beneficios.
Por ello, el Protocolo de Nagoya ofrecerá mayor seguridad jurídica y transparencia tanto a los proveedores como a los usuarios de recursos genéticos, evitando la llamada biopiratería dado que:
–Establece condiciones más previsibles para el acceso a los recursos genéticos.
–Ayuda a garantizar la participación en los beneficios cuando los recursos genéticos abandonan la parte contratante que proporciona esos recursos.
El Protocolo de Nagoya incluye en su ámbito todo tipo de recursos genéticos, el conocimiento tradicional asociado y todos los beneficios que resulten de su utilización. Se está incluyendo los derivados de los recursos genéticos (aromas, resinas, aceites, venenos, polen, entre otros), en lo que radica la mayor parte del valor y los beneficios potenciales resultantes de la utilización de dichos recursos, aplicados en cosméticos, medicamentos, aromatizantes, entre diversos productos.
Al reconocer la importancia del conocimiento tradicional, el Protocolo exhorta a los países a instrumentar medidas para proteger y beneficiar a las comunidades indígenas y locales, en caso de que estos conocimientos tradicionales asociados a los recursos genéticos sean utilizados.
No debe dejar de mencionarse, que los críticos al Protocolo señalan, que su aplicación puede ser negativa, ya que existe el riesgo de crear la ruptura de ciertas prácticas colectivas que culturalmente no pueden ser comercializables, generando potencialmente la división dentro de las comunidades entre quienes estén a favor de acuerdos comerciales y los que no lo estén.
Al respecto, el marco establecido por el Protocolo de Nagoya es muy general. Deja en responsabilidad de los estados los aspectos de implementación a través de medidas legislativas. En dicho sentido, la actual iniciativa de Ley General de Biodiversidad en discusión en el Congreso de la Unión se propone incorporar el Protocolo, que en dicho caso obliga a establecer requisitos mínimos. Pero como se dice el diablo está en los detalles.
En el proyecto de dictamen de dicha iniciativa, que ha estado circulado en redes sociales, se aborda esto en su Título Segundo denominado Diversidad Genética con cinco capítulos y un total de 21 artículos.
Se debe ser claro, que se omite manifestar de entrada la importancia estratégica de conservar la diversidad genética los recursos genéticos para el desarrollo sustentable en el país, en especial para la soberanía y seguridad alimentaria. Se observa como simple mercancía a los recursos genéticos y se omite establecer disposiciones para evitar la denominada “erosión genética”, que no es otra cosa que la reducción o desaparición de la diversidad genética en las especies nativas del país. No se observa, por ejemplo, como se buscaría promover y mantener ante los riesgos de la erosión genética, los bancos de genes, los bancos de semillas o cultivos microbianos.
Igualmente, en los artículos 32 y 33 relacionados a la conservación de la diversidad genética, se debe precisar que los riesgos provienen de los denominados organismos genéticamente modificados y no de manera genérica de todos los organismos vivos. Asimismo, se propone que protegerse de los organismos –que serían los organismos genéticamente modificados– no puede ser tan ambiguo e impreciso de decir que la conservación de la diversidad genética se logrará con un “nivel adecuado de protección.”
Artículo 32. Para la conservación de la diversidad genética se deberá atender a la implementación de la Estrategia Nacional sobre Biodiversidad, en lo que resulte aplicable, y buscar en todo momento garantizar un nivel adecuado de protección en la esfera de la transferencia, manipulación y utilización seguras de organismos (¿genéticamente modificados?).
Luego le dejan a la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados en el artículo 33. Entonces, se infiere que en definitiva si se está hablando de organismos genéticamente modificados.
Artículo 33. El desarrollo, la manipulación, el transporte, la utilización, la transferencia y la liberación de organismos se deberán realizar de forma que se eviten o se reduzcan los riesgos para la biodiversidad, para lo cual la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Intersecretarial correspondiente cuidará de la observancia del Convenio sobre la Biodiversidad Biológica.
Por ello, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales debe ser precisa en la protección de los centros de origen y de diversidad genética de México, sus opiniones en el artículo 34 deben ser claramente “vinculantes”, lo que ahora no está en dicho artículo.
Artículo 34. La Secretaría emitirá opiniones vinculantes sobre el contenido e implementación de los acuerdos para la determinación de las especies de las que los Estados Unidos Mexicanos es centro de origen y de diversidad genética, así como de las áreas geográficas en las que se localizan estos centros, y sobre las medidas necesarias para la protección de dichas especies y áreas geográficas.
Finalizaría indicando que organizaciones ambientalistas reconocidas como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) o Greenpeace han realizado la crítica de que no existe una amplia consulta en el país sobre el acceso a recursos genéticos asociados a los conocimientos tradicionales de pueblos indígenas y comunidades campesinas. Es básico, consultar a los dueños de los recursos genéticos, así como a los actores interesados de nuestra sociedad, en lo relativo a los mecanismos derivados de la implementación del Protocolo de Nagoya. Se trata de desarrollar los mecanismos para la obtención del consentimiento previo fundamentado y la realización de la consulta libre previa e informada conforme lo mandata el Convenio 169 OIT, hasta los diversos esquemas de participación justa y equitativa en los beneficios. En esto último, no se debe olvidar, que probablemente en el caso de recursos genéticos marinos por ejemplo, que no se identifican con conocimiento tradicional, sería los benéficos asignados al Estado Mexicano. Así se propone el destino de ese tipo de beneficios en el artículo 52. Esto no debe significar, que deben ir al agujero negro de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Es con dichos beneficios, que se debe impulsar un Fondo para la Conservación de la Biodiversidad de México.
Hay otras observaciones al tema de recursos genéticos en esta iniciativa, lo que se trata es de insistir que votar favorablemente en el Congreso de la Unión una Ley General de Biodiversidad, que puede ser mejorada, sería una gran irresponsabilidad si se hace con prisa, esto ante muchos temas que requieren ser más cuidados y debatidos. No se quisiera pasar los próximos años reformándola o derogándola.