EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La vida artística en un viejo puerto

Federico Vite

Febrero 17, 2026

Valeria Parrella es una escritora napolitana conocida en Europa gracias a la novela Lo spazio bianco (2008), pero fuera del viejo mundo se hizo famosa por la traducción al inglés de la novela Almarina (2019), la cual llegó al público de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Australia; no sobra decir que con una recepción favorable. El caso de Lettera di dimissioni (Einaudi, Italia, 2011, 186 páginas) es muy atractivo para alguien que vive en un puerto violento, turístico, descuidado, sucio y sometido a los botines políticos. Hablo de Nápoles, pero bien podría entenderse como algo similar a lo que ocurre en Acapulco.
Aparte del espléndido dominio de la técnica en la creación de diálogos, el libro articula una denuncia social que suma intensidad a la trama. Clelia es la protagonista y narradora, se echa a cuestas la historia de su familia, la va detallando con humor y acritud en algunos casos, por ejemplo: “Mi abuela fue una persona que sólo podía tratar bien a los hombres, porque con las mujeres era denigrante”.
Se sumerge en las generaciones pasadas, rastrea las andanzas de su genealogía. Piensa en todas esas mujeres que la precedieron y le dejaron una huella. Cada personaje encaja como pieza de rompecabezas, pero no perdamos de vista que la protagonista se busca a sí misma, por eso trata de entender a la abuela Franca, de apellido Cechov, quien llevaba las riendas del linaje. Nápoles adoptó a esta mujer. Y esta ciudad también delimitó las vidas de Lucía, Claudio, Alessandro, Rafaelle, Gianni, Stefano y los otros personajes que el lector encuentra y conoce gracias a Clelia. Ella tiene 40 años, se revela como una mujer fuerte y comprometida con la defensa de sus derechos laborales, está alineada con el Partido Comunista, al que su familia siempre estuvo vinculada. Tenía confort, pero abogaba por la defensa de los pobres.
Los vínculos afectivo-sexuales de la protagonista no son tan sólidos ni fructíferos: mantiene una relación aburrida y un amante distante. A los 40 años sigue sola, busca el apoyo y la seguridad que una vez residieron en su familia, cuando la abuela fue la líder; pero al independizarse, Clelia perdió esos privilegios. Mantiene la pasión por el teatro, al que se dedica en cuerpo y alma como dramaturga y directora escénica; también es la responsable del teatro regional más importante de Europa. El teatro le recuerda a la abuela Franca. La protagonista examina de manera crítica su pasado inmediato; también se da la posibilidad de evaluar el presente y se obliga a planear el siguiente paso.
Lettera di dimissioni se mueve entre las mujeres, pero no desdeña a los hombres, los analiza y a varios de ellos los aprueba. A otros no tanto, porque “a pesar de ser comunista, elige tener un hijo con otra mujer y pasearse conmigo en el teatro”. Ergo: no importa la postura política en cuestiones de fidelidad.
A mí me atrapó la vida privada de la familia; las pasiones, las quejas, los anhelos y, sobre todo, el amor por un puerto que se hunde sin clemencia, un sitio abundante en historia pero carente de futuro. Se ve hacia atrás, sin considerar la fecha de caducidad de sí mismo como producto turístico. Un puerto que encarece la vida de los nativos.
En la segunda y la tercera secciones de la novela, Clelia decide hablar de su tiempo y de su vida. Pone las tribulaciones laborales y vitales sobre la mesa. ¿Por qué? Porque si ya narró su origen la pregunta inmediata que debe resolver es, ¿hacia adónde va? Es decir, usa la primera parte de la novela para mencionar el sitio del que viene, una suerte de genealogía que articula el siguiente paso, ¿cuál es mi futuro? Yo encuentro sólidas referencias a la cosmovisión de Clelia, por ejemplo: “Somos el mundo en el que vivimos y somos lo que elegimos representar”. No es de sorprender entonces que la veta artística de Clelia se defina de esta manera: “Las cosas no se realizan de improviso, pero de improviso las vemos en su totalidad”.
Ella crece en Pompeya, viaja en transporte público; no tiene auto, pero su mejoría consiste en cambiar el autobús por un taxi. Dirige un teatro y a pesar de la historia de ese inmueble, de la labor de ese grupo escénico, el Estado no decide apoyarla porque considera al arte y la cultura una pérdida de dinero.
Contrario a lo pueda pensar, Lettera di dimissioni no es una novela que intenta detallar el aprendizaje de una mujer, sino que aborda una familia, una ciudad y un anhelo teatral que se traduce muy bien en una pregunta, ¿cómo mantenerse bien en un sitio como Nápoles, tan lleno de historia pero sin la organización política y social adecuadas; tan violento, tan sucio, tan dejado a la suerte de los turistas? ¿Cómo? Este libro es una larga carta de renuncia a la vida artística, a menos, claro, que se acepte la carencia, el empleo mal pagado y la vida a media asta como éxito.
Hay una sección, en la tercera parte, en la que el padre de Clelia le informa que la casa en Pompeya se ha derrumbado y que no podrá usarse ese espacio por un tiempo. Con este fragmento se cortan de tajo los privilegios que alguna vez gozó esa familia en una zona exclusiva, comandada por la abuela Franca, y se deja en claro qué es el futuro para la protagonista:
“Tal vez tus hijos puedan ver terminada la remodelación.
¿Mis hijos?
Sí. Tus hijos.
Papá, tengo 40 años, yo no voy a tener hijos.
El padre la mira y ella le extiende la mano para ayudarlo a levantarse, a sus espaldas están las ruinas”.
No estamos ante un relato sobre la educación sentimental, sino frente a un documento en el que una familia y una ciudad ahorman la vida de la protagonista, porque lo que oscurece el futuro de Clelia es que la “carta de renuncia” no es un acto voluntario sino una forma de aceptar que su labor en el Teatro Stabile Campano ha terminado.
Lettera di dimissioni es una reflexión sobre un país que ha olvidado las satisfacciones que prodiga el esplendor artístico. Aunque amarga, la novela está escrita con una voluntad de denuncia, pero no por ello cae en el patetismo de lo políticamente correcto. Hay en este libro una preocupación mayor, justo cifrada en el futuro. ¿Qué sigue después de la renuncia? ¡Ah!, finísimos lectores, lo que sigue sólo empieza con una despedida. El resto es trabajo, trabajo y trabajo. Nada más.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

@FederìVite
@monsieur_vate