EL-SUR

Sábado 27 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

La vida rural en el mes de junio

Silvestre Pacheco León

Junio 15, 2026

 

Todas las celebraciones religiosas en Mesoamérica forman parte del entramado social y económico de la vida de los pueblos, y la conquista las densificó con una meticulosa tarea de la iglesia que aprovechó cada fiesta y celebración indígena para darle el contenido doctrinario que le favorecía. Ese es el caso del mes de junio en el que se entreveran festividades de una y otra cosmovisión. En torno al calendario católico, en junio se cumplen dos meses del domingo de resurrección y se celebra la Eucaristía con el Santísimo expuesto en la iglesia y la misa obligatoria, es la celebración del Corpus Christi siguiendo la tradición surgida en Bélgica para recordar la representación de Dios en la ostia.
Hasta finales de los años sesenta del siglo pasado en mi pueblo la fiesta de las mulitas era social y religiosa de orden amoroso, supongo que para recordar el origen de esa tradición nacida del amor que Juliana de Carnillón en Bélgica sentía por Dios, porque era la costumbre que ese día la novia regalaba al novio ciertos postres tradicionales como las empanadas de arroz de leche y de camote, así como como el delicioso y blanco manjar de leche y maicena, decorado con pintura royal.
La fiesta de la siembra de temporal viene desde el mes anterior con la celebración del pedimento de lluvia a principios de mayo, a la que se agregó luego la imagen de la Santa Cruz que los albañiles adoptaron para su día, pero el 10 de junio, después de 1971, la fecha se convirtió en homenaje político de los jóvenes sacrificados en la represión de ese año cuando por primera vez después de la masacre del 2 de octubre salieron a la calle en manifestación que fue otra vez reprimida en la Ribera de San Cosme de la Ciudad de México, en la parada del metro de la Normal por el grupo paramilitar conocido como Los Halcones a cargo del coronel Manuel Díaz Escobar.
Junio es el mes del establecimiento formal de la temporada de lluvia en Guerrero cuyo primer anuncio religioso se conoce como el día de San Isidro cuando los creyentes llevan a bendecir las semillas preparadas para la siembra y los animales de trabajo junto con los que dedican a engordar para su consumo.
Mientras algunos campesinos se guiaban por las fases de la luna para el inicio de la siembra y de algunas señales para adivinar el comportamiento del tiempo mirando la conducta de las hormigas y el lugar donde ciertos pájaros construyen sus nidos, otros lo hacían utilizando el calendario religioso, ajustado en el tiempo al comportamiento de esos ciclos naturales con festividades muy a propósito.
Sin embargo, más allá de las creencias paganas la que ha prevalecido es la dedicada a la bendición de la semilla de maíz frijol y calabaza, y a la protección de los animales domésticos que sirven para el trabajo como las yuntas de bueyes, los animales de carga como caballos y burros pero también a los que nos alimentan como pollos y cerdos, chivos y borregos ahora con la moda de llevar a bendecir también a las mascotas.
El mes de junio los campesinos lo dedican a la preparación de los aperos de labranza. La herramienta y el equipo así como la semilla se llevan su tiempo pero también la revisión de la despensa y reservas de la cocina. Incluso más allá de todo los campesinos hacen una revisión completa del estado de sus casas para evitar goteras o inundaciones. Si el terreno está azolvado y tapadas las vías naturales del escurrimiento del agua, limpian el entorno, recorren las tejas de los techos de las casas para limpiarlas de basura a fin de que el agua escurra al suelo sin detenerse para que no haya goteras.
Como la mayoría de las siembras eran en terrenos arables, en esa época en la que aún no había tractores, la yunta era imprescindible y era la razón de que los ganaderos dejaran crecer los becerros porque alquilados como bueyes les redituaban ganancias que muchas veces cobraban con maíz. Una carga de maíz que eran 24 almudes por cada animal si eran mansos, y un poco menos por los cerreros cuya tarea de amansarlos y enseñarles a jalar el arado era labor de quien los alquilaba.
Eso explica que los caminos, en la mañana y en la tarde, se entreveraban hombres y animales. Junio era pues el tiempo de arreglar los arados, garrocha, yugo, timón y timoncillo. Iban con el herrero para sacarle punta a sus rejas y barretillas, ponían cebo a las coyundas y preparan los frontales que eran una especie de cojinetes para la frente de los animales sobre los que pasaban las coyuntas atadas al yugo. Los “matates” eran bozales tejidos de palma que se ponían en el hocico de los toros para evitar que los pudieran comer mientras trabajan.
Antes, con tiempo, los campesinos se habían entrevistado con el ganadero que les alquilaban la yunta y en esa relación pesaba el trato que los campesinos daban a los animales que el dueño veía y podía juzgar si los regresaba flacos o gordos, porque de eso dependía volvérselos a prestar.
Con tiempo también, los campesinos compraban los huaraches nuevos traídos de Chilapa, un par para cada hijo que trabajará como sus peones dejando descansar por una temporada los libros y uniformes escolares. Se trata de un calzado especial con suelas de llanta con cuatro grapas, fuertes y resistentes para la humedad, la lluvia y el lodo y correas para tejerlas a gusto del pie. Van los señores a la tienda a comprar los sombreros, buscan los de palma adosados, (endosados les decíamos) traídos del monte, lo suficientemente grandes para cubrir de la lluvia y el sol sin que les penetre el agua, luego compran los naylon por metro para usarlos de capote, de colores llamativos para parecerse a la danza de los moros. Solo mi padre era caso especial porque siempre nos compraba de colores gris o negro y para él fabricaba su propio capote, era un portento su habilidad con las manos. Él lo hacía todo, iba al monte para seleccionar y cortar la palma tierna, la ponía a secar y luego la humedecía para hacerla dúctil y manejable. Ponía estacas en el suelo y media el tamaño que necesitaba, luego iba urdiendo cada pieza de palma con cara y revés su capote que tenía muchas cualidades, la primera es que lo volaba el viento como sucedía con nylon, se podía usar para protegerse de la lluvia, como techo para dar sombra y cama para acostarse y como cobija para no pasar frío. El único inconveniente del capote artesanal era su volumen y peso, sobre todo cuando llovía y se mojaba. Tenía que transportarse enrollado y colgado del hombro que era como llevar dos armas largas a la guerra, pero sin duda tenía más utilidad que aquellas.
También las señoras con tiempo se proveían de las reservas para la cocina, sal y chile seco, ajos en el mercado con buenas hojas de panocha para endulzar el café y beber el atole. Queso seco de cincho para espolvorear en los frijoles y en las enchiladas. Tienen las gallinas bien alimentadas para que no falten los huevos del almuerzo y nunca dejan para el último el café y la canela. Se supone que cada mujer tiene en su casa suficiente reserva de leña a resguardo, para no sufrir a la hora de encender la lumbre, y nunca faltaba el manojo de rajas de ocote para acelerar la flama, y aunque parezca una recomendación de más, tampoco falta el maíz suficiente y desgranado para ahorro de tiempo cuando se trata de hacer el nixconcli o nexcome que consiste en poner a pelar el maíz en la lumbre con cal para que desprenda la cutícula como parte del proceso de la masa para hacer las tortillas en cantidades industriales porque el trabajo da mucha hambre y se debe comer suficiente y a sus horas para aguantar las largas y pesadas jornadas.
Mi padre era más de fijarse en la luna para adivinar el modo como venía el temporal. Él era ajeno a tomar decisiones intempestivas con el afán de ganarle tiempo al tiempo. No seguía el ejemplo de los campesinos que se alucinaban con el primer golpe de agua porque querían ser los primeros en sembrar y en terminar. Mi padre era más bien moderado y siempre esperaba después del día de Santa Rita de Casia para salir al campo con la yunta uncida a rayar el barbecho con los surcos abiertos para la nueva siembra.
Con las lluvias establecidas iniciábamos en junio la siembra de temporal en una fiesta colectiva que involucraba prácticamente a todas las familias que con su trabajo sumado a los beneficios de la lluvia, la tierra y el sol generaba el milagro de la cosecha y la alimentación de todos.