EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Laicidad y laicismo

Jesús Mendoza Zaragoza

Abril 30, 2007

“La democracia es laica o no es democracia”, así puntualizó el rector de la UNAM su
posición en el contexto del proceso de despenalización del aborto en el Distrito Federal. En
principio hay que reconocer que esta afirmación pone las cosas en su lugar al destacar la
distinción entre el ámbito religioso y el ámbito secular. Pero el caso es que la afirmación de
Juan Ramón de la Fuente es susceptible de diversas interpretaciones, pues hablar del
Estado laico puede ser entendido, al menos, de dos formas más visibles que son
definidas en términos propios: laicidad y laicismo, que son términos distintos y distantes.
La laicidad define el carácter y el comportamiento del Estado con las confesiones
religiosas y se sustenta en dos principios fundamentales: el primero, el Estado tiene que
observar la más estricta neutralidad en relación con las confesiones religiosas, y el
segundo, las iglesias no pueden ejercer su autoridad sagrada sobre el poder político. Para
hacer operativos estos principios, el Estado tiene que procurarse un marco jurídico que
haga posible la libertad de conciencia en el contexto de una sociedad abierta y plural. En
este contexto, el Estado mantiene un reconocimiento positivo de las confesiones religiosas
en una relación de cooperación.
En cambio, el laicismo hay que verlo como una distorsión de las libertades democráticas
entre las que la libertad religiosa ha de ser reconocida como uno de los derechos
fundamentales de la persona humana y de la sociedad. La actitud laicista desconoce
cualquier valor público de la fe y de las creencias religiosas, que tienen que quedarse en el
ámbito privado. En las relaciones entre Iglesia y Estado, en la educación, en la elaboración
de leyes, en las políticas públicas en general no son aceptables los razonamientos que
tengan una matriz o inspiración religiosa ni siquiera para el debate público. En el debate
que se dio con motivo del aumento de una causal para la despenalización del aborto se
escucharon voces que exigían que las confesiones religiosas y, particularmente, la Iglesia
católica, debían callarse porque los razonamientos religiosos no tienen nada que aportar
en una sociedad democrática.
El laicismo se sustenta en tres principios ideológicos básicos como la afirmación del
racionalismo absoluto que niega el valor de verdad de cualquier creencia o revelación
religiosa, la negación de toda ley trascendente y natural más allá de las leyes que el
hombre o la sociedad se dan a sí mismos, y la postulación de la libertad absoluta que tiene
su único límite en no perjudicar la libertad de los demás. En estos términos, en la
elaboración de las leyes, los legisladores tienen que prescindir rigurosamente de la fe y de
las verdades que emanan de ella, de manera que la vida privada y la vida pública queden
resquebrajadas por su incoherencia y por sus contradicciones.
Así las cosas, la afirmación del rector de la UNAM puede ser leída en clave laica o laicista,
derivándose diversas conclusiones según la manera de entender el Estado laico. Una
democracia en términos laicistas, cuando desconoce las dimensiones trascendentes de
las personas y de la sociedad puede terminar en totalitarismo, lo mismo que los
regímenes sustentados en la confesionalidad del Estado, como sucede actualmente en
los Estados islámicos.
Si por Estado laico se entiende la separación real entre Iglesias y Estado, la autonomía de
las realidades seculares como la política, la cultura, la educación, la economía con
respecto a las instituciones religiosas, mas no de los valores morales universales
arraigados en la naturaleza humana y comprendidos por la razón humana, estamos en la
vía del respeto a la verdadera pluralidad y en el enriquecimiento de la sociedad
democrática.
Es comprensible que la globalización cultural impulsada desde los centros hegemónicos
europeos, que ha empujado el laicismo como la interpretación dominante de las
expresiones religiosas en la vida pública, y nuestro difícil aprendizaje en cuanto a vida
democrática den lugar a contextos de intolerancia y de cerrazón ya de parte de los políticos
o de parte de los religiosos, pero también es necesario advertir la necesidad de un avance
en el respeto a la pluralidad en la que el factor religioso tiene que ser reconocido en su
verdadero peso, pues tarde o temprano los totalitarismos caen por sí mismos como pasó
con el socialismo real en el Este europeo. En este sentido hay que optar por un Estado
laico y no confesional pero muy distante del laicismo que busca arrinconar la dimensión
religiosa de las personas y de los pueblos a la bodega de los cachivaches inútiles.