EL-SUR

Sábado 21 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Las benditas remesas

Héctor Manuel Popoca Boone

Agosto 21, 2021

¿Alguien ha visto a Vicente I. Suástegui Muñoz?

Si no fuera por el monto anual de remesas que recibimos de nuestros paisanos de allende las fronteras del norte, habríase derrumbado estrepitosamente nuestra economía local. Junto con el turismo, la minería y los estupefacientes, son las principales fuentes de ingresos económicos para Guerrero, mismas que apuntalan los niveles de consumo interno y a la vez contrarrestan la fuga de divisas que guerrerenses pudientes realizan en sus viajes de turismo al extranjero o resguardan fuera del estado.
Son las remesas (a nivel nacional frisan un monto total anual de 820-840 mil millones de pesos) oxígeno puro para nuestra maltrecha economía de México, porque no son expatriables; ya que están destinadas a reforzar, en su mayor parte, el consumo interno de sobrevivencia, para la satisfacción directa de las necesidades alimenticias y de habitación familiar de un segmento importante de la población pobre del país.
Para México, son también un saludable respiro ante los compromisos de pago de deuda pública, originada por la colocación de “bonos” gubernamentales; y por la fuga de inversiones extranjeras especulativas que, con el actual nivel de inflación nacional del 6 por ciento anual, empiezan a reorientarse hacia países con mejores rentabilidades financieras.
De esta forma, se da el fenómeno que, mientras ciertos mexicanos empresarios multimillonarios y sus pares políticos, sacan su dinero del país para protegerlo o esconderlo de futuras eventualidades, miles de mexicanos pobres, trabajadores manuales, envían sus magros dólares, obtenidos con su intenso trabajo mal pagado en tierras extrañas; además de ser vejados y discriminados por ser indocumentados. Son valiosas divisas en manos de los pobres que sirven para resguardar del hambre y de la inanición a sus familias en sus lugares de origen.
Los primeros, los multimillonarios, son los privilegiados y saqueadores de este país; los segundos, son los condenados que tienen que migrar para sobrevivir. Los primeros, desfondan económicamente a México, saqueando sus recursos naturales y financieros; los segundos, son los aportantes económicos, pero parias en su propia patria que tienen que migrar para enviar remesas a efecto de apuntalar las precarias economías familiares. A los primeros, se les dan todas las facilidades gubernamentales para que hagan sus sangrías financieras; a los segundos, les ponen una y mil dificultades para tener trabajo digno en su patria y sin contar con mayor apoyo institucional en su misión, loable y heroica, de reforzar la economía regional de sus lugares de origen.
Reminiscencias dolorosas e imborrables, son las que guardo en mi mente de la primera vez que presencié en Tlapa, el inicio de un viaje de jornaleros agrícolas indígenas y sus familias a los campos agrícolas del norte del país, atiborrados en autobuses en no muy buenas condiciones mecánicas, contratados por “enganchadores”, que a su vez eran subvencionados por empresarios agroexportadores. Allá iban y siguen yendo los jornaleros agrícolas sin ninguna protección laboral o médica, para recibir jornales de miseria, haciéndolos vivir en barracas en condiciones infrahumanas a hombres, mujeres y niños.
También presencié, en aquel entonces, cómo de regreso a Tlapa, después de levantar y empacar la cosecha, los estaban esperando una caterva de “buitres” –policías judiciales– para arrebatarles, parte o todo, de lo poco que habían conseguido ahorrar, no habiendo absolutamente ninguna autoridad competente que detuviera a esos atracadores con placa policiaca que actuaban, año con año, en la total impunidad.
A esas 30 mil personas indígenas jornaleras agrícolas y a los cientos de miles de migrantes indocumentados guerrerenses, se les debe, en mucho, que hoy no ocupemos el último lugar, sino el penúltimo en materia de pobreza social.

PD1. La amplia ingobernabilidad que estamos padeciendo en nuestra vida cotidiana, muestra la poca eficacia con la que se desempeñó el “honesto” gobierno estatal terminal.
PD2. Como Gobernador Moral de Guerrero, afirmo que es una estulticia promover el regreso a clases cuando: 1) Estamos en máximo riego epidemiológico. 2) Sin la total aplicación de las vacunas requeridas. 3) Con los centros hospitalarios saturados y 4) Con numerosas escuelas sanitariamente inviables. ¡Ya basta de muertes y contagios evitables! ¡Ya basta de farsas, mentiras y tranzas gubernamentales!

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