EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Las leyes del Serengeti

Octavio Klimek Alcaraz

Junio 15, 2019

Siempre hay libros que deben ser lectura obligada para quienes les interesa conocer sobre el funcionamiento de la vida. La editorial Debate publicó, primero en España y ahora en México, la traducción del libro del reconocido divulgador científico biólogo molecular y genetista, Sean B. Carroll Las Leyes del Serengeti. Cómo funciona la vida y por qué es importante saberlo. La traducción es de Francisco J. Ramos Mena. En el libro, que inicia en el Serengeti (Tanzania) y concluye en Gorongosa (Mozambique), ambas verdaderas arcas de Noé por su enorme biodiversidad, van contándose en 10 capítulos, las historias de científicos que contribuyeron a hacer más comprensible el funcionamiento de la vida. Hay también una Introducción y su correspondiente Epílogo. También acompañado de un trabajo acucioso de Notas y Bibliografía.
Carroll parte de una premisa: ¿Existe un conjunto de reglas universales que rigen el número de cosas que se aplican en todas las escalas? ¿Por qué hay un millón de ñus y sólo mil topis si son aproximadamente del mismo tamaño en el Serengeti? ¿Hay una lógica oculta?
Así, en el libro se van narrando historias sobre pioneros que han descubierto cómo las poblaciones de animales están reguladas en sus niveles diferentes de herbívoros hasta predadores, y qué podría significar para nuestro futuro.
En el libro, por ejemplo, se narra la historia científica de Charles Elton, uno de los pioneros de la ecología animal, y cómo llegó a madurar su libro clásico Animal ecology (1927). Esta obra destaca los principios importantes de los estudios ecológicos del comportamiento animal y de la historia natural, tales como la cadena alimenticia o trófica, el nicho ecológico y el concepto de una pirámide ecológica como un método para representar la estructura de un ecosistema en los términos de las relaciones con el alimento.
Entre otras historias, Carroll cuenta la historia de la hipótesis del mundo verde de Haiston, Smith y Slobodqkin (HSS), que en 1959 señalaban que todos los organismo pertenecen a cuatro niveles tróficos: descomponedores (hongos y gusanos), productores (plantas y algas), herbívoros y carnívoros, en donde los depredadores son los que regulan a las poblaciones de herbívoros. Y como Robert Paine, alumno de Smith comprobó con sencillo experimentos en campo con estrellas de mar como depredadoras, que existían especies, que coronan una red trófica, y son la “clave” para la diversidad de un ecosistema, acuñando el concepto de especies clave. El propio Paine acuñaría el concepto además de cascada trófica, que es cuando la abundancia de depredadores regula la densidad de sus presas y no al revés. De hecho ya otro gran naturalista Aldo Leopold había señalado como el exterminio de los lobos había provocado la sobreabundancia de ciervos y la consecuencia en la vegetación producto del ramoneo excesivo.
Cabe aclarar, que en la ecología existe una controversia al respecto, ya que también se dice que la abundancia de los productores primarios está determinada por la 1disponibilidad del recurso. Durante mucho tiempo, los ecólogos pensaron que todo estaba regulado de abajo hacia arriba: la vegetación proporcionaba el alimento para la primera etapa, y luego estos animales proporcionaban el alimento para la siguiente etapa. Pero luego, con estos estudios, se descubrió que los depredadores impulsan la estructura de las comunidades de arriba abajo. A la fecha el estudio de las relaciones tróficas sigue siendo uno de los temas principales de la ecología.
Carroll señala que lo que ocurre en el Serengeti, o en un estanque o en una marea, ocurre lo mismo: a medida que aumenta el número, los recursos per cápita disminuyen y la tasa de crecimiento puede disminuir. Pero cuando eso sucede, los recursos por persona aumentan y el crecimiento aumenta nuevamente. Presenta así, suficientes ejemplos de este auge y caída que se mueven desde el nivel de las células. Por ello, cuando observaba las manadas animales en el Serengeti y el comportamiento de los ñus, los búfalos o los elefantes, lo observa como retroalimentación.
Las leyes del Serengeti son seis. A saber:

Primera Ley del Serengeti

Especies clave: No todas las especies son iguales.
Algunas especies ejercen unos efectos sobre la estabilidad y la diversidad de sus comunidades que resultan desproporcionados en función de su número o biomasa. La importancia de las especies clave reside en la magnitud de su influencia, no en el escalón que ocupan en la cadena trófica.

Segunda Ley del Serengeti

Algunas especies actúan como transmisoras de fuertes efectos indirectos a través de cascadas tróficas.
Algunos de los miembros de las redes tróficas ejercen efectos desproporcionadamente fuertes (en sentido descendente) que se propagan a través de sus comunidades y afectan de manera indirecta a las especies de los niveles tróficos inferiores.

Tercera Ley del Serengeti

Competencia: algunas especies compiten por recursos comunes.
Las especies que compiten por el espacio, el alimento o el hábitat pueden regular la abundancia de otras especies.

Cuarta Ley del Serengeti

El tamaño corporal afecta a la forma de regulación.
El tamaño del cuerpo de un animal es un importante factor determinante del mecanismo de regulación de la población en las redes tróficas, donde las poblaciones de los animales más pequeños están reguladas por los depredadores (regulación desde arriba), mientras que las de los animales de mayor tamaño lo están por la cantidad de alimentos disponible (regulación desde abajo).

Quinta Ley del Serengeti

Densidad: La regulación de algunas especies depende de su densidad.
Algunas poblaciones animales son reguladas por factores dependientes de la densidad que tienden a estabilizar su tamaño.

Sexta Ley del Serengeti

La migración incrementa el número de animales.
La migración incrementa el número de animales al aumentar el acceso al alimento (lo que reduce la regulación desde abajo) y disminuir la vulnerabilidad a la actividad depredadora (lo que reduce la regulación desde arriba).
Del Libro de Carroll se desprende que es necesario comprender las reglas y los jugadores en el juego para saber cuándo intervenir. Si agotamos estas existencias de poblaciones o comunidades por completo, cero es cero. Nuestro interés propio colectivo es hacer frente y bien a estas cosas. Todo en la vida está conectado y estamos todos los seres vivos sujetos a la regulación de las mismas leyes naturales, lo que es válido para un microorganismo es válido para un jaguar. Por ello, tenemos que regularnos a nosotros mismos porque no hay enemigos naturales para regular nuestros números crecientes en términos de población humana.
Concluyo con lo que Carroll señala claramente, la divisa del siglo XXI debe ser: “Vivir mejor gracias a la ecología”.