EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Las múltiples ecuaciones de la campaña presidencial en Ecuador

Gaspard Estrada

Febrero 10, 2021

El pasado domingo, casi nueve millones de ecuatorianos fueron a las urnas para elegir a su futuro presidente y a sus congresistas. Para muchos, esta elección constituía un referéndum tanto sobre la administración de Lenín Moreno, como sobre el balance de su antecesor, quien lo llevó al poder, Rafael Correa. A pesar de todos los intentos del gobierno actual por sacar de la contienda al correísmo, el fantasma de este último ha venido dominando el debate público. Y es que este movimiento constituye al día de hoy la principal fuerza política organizada del país.
Andrés Araúz, el candidato respaldado por el popular ex presidente, era un desconocido ante buena parte de la opinión pública, a pesar de haber sido ministro en dos ocasiones (ministro de Cultura y ministro coordinador de Desarrollo y Talento Humano). Con sólo 36 años, llegó a la campaña presidencial a mediados del año pasado, a raíz de la condena en segunda instancia de su mentor, lo que impidió a ese último ser candidato de nueva cuenta en el ticket presidencial –de hecho, Andrés Araúz vivía en México antes de regresar a Ecuador, al llevar a cabo una tesis doctoral en la UNAM. Para apalancar su notoriedad, y crecer en las encuestas, su campaña tuvo como eje principal la asociación con el correísmo.
Frente a él, se encontraba el banquero Guillermo Lasso, líder del Partido Social Cristiano (PSC), y representante de la derecha conservadora (según algunos medios, Lasso es uno de los principales dirigentes del Opus Dei en Ecuador). Al tratarse de su tercera campaña presidencial, Lasso es conocido por buena parte del electorado. Pero al serlo, también era claro que su probabilidad para presentar una imagen de alternancia y cambio frente al gobierno de Lenin Moreno era más reducida. Sobre todo porque la imagen de Lenin Moreno está por los suelos –se trata del único presidente de la región que tiene menos de 10 por ciento de opinión favorable, lo que provocó que esta elección tuviera como leit motiv el cambio. Su gobierno estuvo caracterizado por la recesión, el alza en los precios de los alimentos, y en particular, por una larga huelga de trabajadores e indígenas en 2019, tras una alza de los precios de la gasolina decretada a raíz de un acuerdo entre el gobierno ecuatoriano y el Fondo Monetario Internacional. Esta movilización social inédita, contribuyó a poner en el ojo del debate público al movimiento indígena, que siempre había estado presente en la vida política del país, pero no había conseguido hasta entonces ser el centro de la atención de la vida ecuatoriana. Gracias a esta movilización, nuevos liderazgos emergieron. Entre ellos, Yaku Pérez, dirigente indígena del Movimiento de Unidad Pachakutik.
Este movimiento, que respaldó en un primer momento al ex presidente Rafael Correa antes de tomar distancia durante la segunda parte de su mandato, fue la gran novedad de la primera vuelta celebrada el pasado domingo. Las encuestas predecían que Andrés Araúz lograría obtener el primer lugar, y así fue. Sin embargo, lo que las encuestas no preveían es que el candidato que llegaría al segundo lugar no sería Guillermo Lasso, sino Yaku Pérez. Durante los últimos días de la campaña de primera vuelta, era posible constatar un aumento de las intenciones del voto, pero no al punto de hacer de Pérez un posible rival para Araúz. Pero así será.
Para los estrategas del correísmo, queda claro que ésta no es una buena noticia. Hubiera sido mucho más fácil para la campaña de Andrés Araúz polarizar frente a Guillermo Lasso, que representa todo lo que Araúz no es, que tener que hacer campaña frente a un candidato que se posiciona en el centro-izquierda, pero cuyas convicciones lo alejan del correismo. Y es que si bien Correa dispone de una fuerza política innegable –esta elección lo volvió a demostrar– también se trata de una figura altamente polarizante. Lo que no es el caso de Yaku Pérez.
En este sentido, la segunda vuelta de la elección presidencial, que se llevará a cabo a mediados de abril, promete ser muy competida.

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París

Twitter: @Gaspard_Estrada