EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Las patrias, fuera de moda

Ana Cecilia Terrazas

Septiembre 07, 2019

AMERIZAJE

 

La patria es una idea que nos suele cobijar bajo su manto y nos proporciona arraigo y pertenencia. La calidez y abrigo identitario que aporta el concepto, con todas sus connotaciones femenino-masculinas, nos instala con frecuencia en el territorio de lo supuestamente nuestro.
Que septiembre sea el mes de la patria en México nos remite a 1810, a hace poco más de dos siglos, al capítulo de la Independencia. Para quienes rebasan los 50 años, la imagen colectiva de la patria tiene rostro de mujer (de Victoria Dornelas o Dorantes, modelo tlaxcalteca de Jorge González Camarena, cuya imagen ocupó la portada de los libros de texto gratuito durante la década de los sesenta).
Casi puedo asegurar que en este país, extrañamente y de diversas maneras, la matria a la que se han referido autoras y autores a lo largo de la historia está ya incluida, en emoción y simbolismo.
Sin embargo, esa patria maternal, alusiva al espacio sociocultural en donde resulta más fácil entender chistes, gestos, expresiones, giros idiomáticos y referencias, debe ir quedando en desuso, no sólo en México sino en cualquier parte del mundo.
La situación y la salud del mundo en pleno siglo XXI se sitúa justamente en el vértigo del antropoceno que pone en entredicho las partes fallidas frente al todo agonizante.
Por eso lanzo la herejía antinacionalista de que el mundo entero sería un indicador conceptual más moderno, más de moda, para el significado deseable de patria.
A continuación, solamente algunas razones por las cuales lo de hoy, realmente lo de hoy, es terminar con las patrias:
Primera, la contaminación ambiental no reconoce límite geográfico ni entiende de patrullas fronterizas. Lo acabamos de ver con el incendio del Amazonas que incidió en todo el planeta. El caos climático o calentamiento global no afecta por separado a los Estados-nación.
Segunda. Los pasaportes y las ciudadanías están tocando fondo. Las migraciones universales lo demuestran. De qué sirve que haya países con altísimas calidades de vida, aire, educación, etcétera; mientras existan otros con índices en extremo opuestos, sus habitantes buscarán sin tregua desocupar los segundos para habitar los primeros.
Tercera. El crimen organizado y cualquier producto o cadena económica derivada de lo ilegal encuentra, como río a su cauce, los mercados requeridos para su fortalecimiento y sostén, sin el menor respeto a muros, distancias o garitas. Si acaso, sofistica más su operación en la medida en que crece la dificultad para su tránsito.
Cuarta. Si uno mira la geopolítica mundial de golpe, sin apelar a una gran sabiduría para su análisis, territorio, recursos económicos, naturales y densidad poblacional parecen siempre estar mal distribuidos e injustamente desequilibrados. Y esto ocurre, por cierto, desde hace mucho tiempo.
Quinta. La necedad de incrustarnos forzosamente a una patria, en lugar de asumirnos como ciudadanía del mundo o sintonizarnos en una especie común y superviviente, ha generado en toda la historia más odios, envidias, señalamientos y discriminaciones que generosas recepciones de la humanidad.
Los motivos de las construcciones de las patrias, así como los contextos que impulsaron su creación, se pueden rastrear en la historia postfeudal, pero dichos pilotes difícilmente resultarían sostenibles en la actualidad.
Con todos sus problemas, burocracias, visiones colonizadoras y limitaciones, la Organización de las Naciones Unidas vislumbró desde hace tiempo al planeta entero como lo verdaderamente nuestro.
En 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible como “una oportunidad para que los países y sus sociedades emprendan un nuevo camino para mejorar la vida de todos, sin dejar a nadie atrás. La agenda cuenta con 17 objetivos de desarrollo sostenible, que incluyen desde la eliminación de la pobreza hasta el combate al cambio climático, la educación, la igualdad de la mujer, la defensa del medio ambiente o el diseño de nuestras ciudades”.
No es que quiera que abandonemos los festejos de este 15 de septiembre, sólo pienso que sería menos absurdo empezar a abrazar una identidad patriótica mucho más universal porque, como ya lo vemos, el ébola, el sarampión, la delincuencia, los huracanes, los incendios y todo lo bueno o todo lo malo, se va filtrando de patria en patria.