EL-SUR

Martes 07 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Las perspectivas para 2026, según el paquete económico

Saúl Escobar Toledo

Septiembre 10, 2025

El lunes 8 de septiembre el secretario de Hacienda presentó el llamado “paquete económico” del gobierno federal que consiste en: los Criterios generales de política económica; la iniciativa de la Ley de ingresos; y el decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). Todos esto documentos intentan formular la estrategia y los instrumentos de la conducción de la política económica y atisbar la evolución de la economía nacional durante el próximo año.
En este caso, el paquete nos presenta un escenario más pesimista para 2025 y más optimista para 2026. En efecto, para este año, de un estimado original de crecimiento de alrededor de 1.9 por ciento calculado en marzo por Hacienda, ahora lo deja en apenas 1 por ciento promedio. En cambio, para 2026 originalmente se había proyectado un crecimiento de 2 por ciento y lo eleva en el paquete al 2.3 por ciento.
Junto a ello también prevén mejores condiciones, por ejemplo, en materia de tasas de interés: para 2026 antes lo calculaban en 7 por ciento y ahora en 6 por ciento. La inflación esperada no se modifica: queda en 3 por ciento y bajaría de la estimada para 2025 de 3.8 por ciento. La paridad peso-dólar para el próximo año se revalúa, de 19.70 prevista en marzo, a 18.90 para el próximo año.
Lo más importante, sin embargo, es que el déficit público (amplio) ya no se reduce tanto como lo planeado en marzo. Pasa de un estimado de entre 3.2 y 3.5 originalmente, a 4.1 por ciento del PIB para este año; para 2026 se preveía en alrededor de 4 por ciento y en el paquete se calcula que terminará en 4.3 por ciento.
Lo anterior parecería indicar que las políticas de austeridad se han abandonado parcialmente y ahora se apuesta a un crecimiento económico mayor sin una inflación más elevada. Asimismo, se espera un ligero incremento de la deuda pública, la cual se ubicaría en 52.3 por ciento del PIB para 2026, inferior a la prevista para este año (52.4 por ciento), aunque por encima de lo aprobado por el Congreso (51.4 por ciento).
La estrategia apuntada tiene riesgos y algunas cifras pueden resultar optimistas. No obstante, es mejor que otro apretón al gasto, el cual este año ha sido muy severo, por lo menos en el primer semestre. De acuerdo con las cifras de Hacienda , hasta julio de 2025, el gasto neto total se había reducido en casi 4 por ciento en términos reales respecto a 2024 y el gasto programable en casi 8 por ciento. Así, el déficit (balance presupuestal del sector público) se había encogido en ese periodo de 2025 en casi un 35 por ciento respecto al año pasado. Los efectos de estos tijeretazos se reflejaron por ejemplo en que los recursos para el IMSS habían disminuido en 12.4 por ciento respecto al año anterior y para la CFE en casi 42 por ciento.
Si los cálculos de Hacienda se cumplen, se puede esperar que en el segundo semestre de este año y en 2026 veamos un mayor gasto y una política fiscal menos restrictiva.
Para sostener el aumento de las erogaciones del gobierno el próximo año se calcula un incremento de los ingresos, particularmente de los impuestos, los cuales se elevarían en 5.7 por ciento respecto a 2025. Especialmente el IEPS (con una expansión de 10 por ciento respecto al estimado para este año) y los impuestos provenientes de las aduanas por importaciones (un incremento de casi 41 por ciento). El ISR y el IVA aumentarían en menor proporción, alrededor de 2-3 por ciento. De esta manera, la recaudación tributaria, según la SHCP alcanzará “un máximo histórico” de 15.1 por ciento del PIB frente al estimado para 2025 de 14.8 por ciento.
Ahora bien, del lado de las erogaciones, el gasto programable aumentaría en 5.7 por ciento en términos reales respecto al aprobado en 2025. El renglón más importante sigue siendo la pensión para adultos mayores que absorbe más del 53 por ciento del total de los programas sociales prioritarios ; le sigue el programa de becas Benito Juárez (19 por ciento de ese total). La novedad es que los programas de inversión en trenes alcanzarán 142.5 mil millones de pesos. Representan casi el 27 por ciento del total de las inversiones prioritarias planeadas parta 2026. Otras son: Pemex con 247.3 mil millones de pesos (mdp); las obras para el Istmo de Tehuantepec, 25 mil mdp; carreteras y caminos, 27.7 miles de mdp; y obras hidráulicas a cargo de Conagua con 20.7 miles de mdp.
Estos programas representan un aumento sustancial con relación a los previsto en marzo. Por ejemplo, en esa fecha Hacienda proponía como “deseable” destinar al Programa de Adultos Mayores 503 mil mdp y en el paquete 2026 entregado hace unos días, se propone gastar 526.6 miles de mdp. Para el programa de becas Rita Cetina en marzo se proponía destinar 82 mil mdp y ahora se destinarán 129.4 miles de mdp. Para los trenes lo “deseable” era invertir alrededor de 116.1 mil mdp y en el PEF 2026 piensa destinarse un monto casi 23 por ciento superior.
Lo anterior deja ver dos cuestiones: el gobierno deSheinbaum mantiene el esquema consistente en gastar más en los programas sociales de transferencias monetarias y menos en proyectos de inversión. Esta estrategia puede resultar viable y exitosa en el corto plazo, pero pone en riesgo para los próximos años la viabilidad de servicios básicos para la población (salud, educación y vivienda). Sin embargo, al mismo tiempo, el presupuesto 2026 hace mayor énfasis en la inversión productiva (particularmente en trenes), marcando una cierta distancia con la dinámica del sexenio pasado ya que habrá una mayor diversificación geográfica pues se considera invertir alrededor de 122 mil mdp en las líneas México-Querétaro; AIFA-Pachuca; Saltillo-Nuevo Laredo; Querétaro-Irapuato; Querétaro-San Luis Potosí; Irapuato-Guadalajara; SLP-Saltillo; y México-Toluca. Al Tren Maya se piensa destinar 30 mil mdp.
En resumen, una hojeada al paquete económico 2026 parece mostrar que el interés del gobierno no se propone, prioritariamente, lograr la consolidación fiscal. Ofrece un proyecto más flexible que no busca reducir drásticamente el déficit de las finanzas públicas. Ello propiciará, dice Hacienda, un crecimiento de la economía que será más del doble del que se prevé ocurrirá este año. Al mismo tiempo, confía en que lo anterior no se reflejará en una mayor inflación. Por su parte, la deuda pública apenas crecería unas décimas.
Esta estrategia quizás responda al panorama que puede observarse en estos momentos: una caída del empleo, deterioro de los servicios de salud y educación, y pocos recursos para la inversión incluyendo los que se tienen planeados en el Plan México.
Asimismo, se espera recaudar mayores recursos gravando más los refrescos y tabacos, así como mediante el combate al contrabando y elevando también algunas tasas a la importación de mercancías.
De esta manera, el gasto aumentaría en términos reales en 2026 a diferencia de lo previsto para este año respecto al anterior. Se destinaría en una proporción muy importante a programas sociales y en particular a los que se implementan mediante transferencias monetarias. No obstante, parece despuntar una nueva política en materia de inversiones productivas particularmente en la construcción de líneas de ferrocarril. Si ésta se lleva a cabo en forma eficiente y con los recursos planeados, se impulsará el desarrollo económico en varias regiones del país y tendrá efectos positivos en el empleo y en su capacidad productiva y exportadora.
Por lo anterior, en 2026 puede ocurrir un pequeño empujón para reanimar nuestra economía. No será suficiente y estará expuesto a riesgos, algunos provenientes sobre todo de la errática y agresiva política del señor Trump y otros de la dinámica interna, especialmente si la inversión privada nacional no responde a la estrategia trazada en el Plan México y a la posible reanimación de la inversión extranjera.
Y es que mantener una política tan agresiva de austeridad como la que se intentó este año, significaba transitar por un camino de empobrecimiento generalizado y de mayores brotes de descontento social.
Esperemos entonces que 2026 sea un mejor año y apenas el inicio de un futuro más prometedor. Para ello, se requerirán cambios estructurales que el paquete 2026 apenas insinúa.

saulescobar.blogspot.com