EL-SUR

Viernes 03 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Las (posibles) consecuencias de las guerras de Trump

Saúl Escobar Toledo

Julio 02, 2025

A lo largo de su mandato, desde enero de este año, el presidente Trump ha desatado varias guerras casi al mismo tiempo. Con estas acciones ofensivas se pretende, como es usual en este tipo de confrontaciones, destruir al enemigo o infligirle el mayor daño posible. El gobierno de Estados Unidos sabe que tendrá que pagar un precio y que sus propias fuerzas saldrán afectadas, que habrá algunas víctimas o daños que tendrá que sufrir el país beligerante. La estrategia se basa entonces en que estas bajas sean inferiores a las que resienta el enemigo y, de esta manera, se obtenga su rendición o el máximo debilitamiento posible.
El gobierno de Estados Unidos abrió casi simultáneamente tres frentes, cada uno requiere estrategias y acciones distintas con el mismo fin: imponer su voluntad en la reestructuración de la economía mundial, pero también en la ideología y formas de gobierno de diversas naciones.
El primer frente de guerra ha sido incruento, mediante la amenaza o imposición de aranceles comerciales a casi todos los países, incluyendo aquellos que se consideraban aliados estratégicos como Canadá, México y Europa. Sin embargo, su principal objetivo es China. La idea es aislar económicamente al gigante asiático para debilitarlo y ganar mercados en el resto del mundo, mejorar la posición de Estado Unidos disminuyendo su déficit comercial, y obligar a Beijing a ceder en sus ambiciones expansionistas y militares.
La táctica de Trump ha consistido en golpear primero y negociar después. Así, el porcentaje de aranceles dictado para cada país ha cambiado constantemente de acuerdo con la respuesta obtenida y la presión interna de las empresas estadunidenses más importantes.
Recientemente obtuvo algunas victorias: Canadá y Europa aceptaron eliminar un impuesto a los gigantes tecnológicos estadunidenses que operan en sus territorios y, en esta última región, aumentar los fondos destinados al gasto militar. No obstante, aunque menores, las tasas arancelarias no fueron eliminadas.
En el caso de China, Trump impuso primero un arancel adicional de 34 por ciento y más tarde de 125 por ciento con lo que sumaba en total 145 por ciento tomando en cuenta la tasa aprobada por Biden. Finalmente, ambas naciones llegaron a un arreglo que rebajó los aranceles de Estados Unidos a 30 por ciento en total, mientras Beijing lo reducirá al 10 por ciento. Esta negociación parece más bien transitoria y dará tiempo a las partes para planear una respuesta más contundente. Se trata de una tregua, no del fin de la guerra.
El segundo frente de batalla ha sido cruento y se desató el 21 de junio cuando la fuerza aérea estadunidense bombardeó tres instalaciones nucleares en Irán. Sucedió después de varios días de intercambios de misiles entre este país e Israel. Posteriormente, Trump anunció que se había alcanzado una tregua que pondría fin a los ataques.
Según varios observadores, se trata de una tregua frágil, aunque sin duda puede anotarse como un triunfo para Israel y Estados Unidos. En este frente el objetivo de estas dos naciones no está claro. Por un lado, Israel ha confesado que busca “cambiar al régimen” de Irán, es decir derrocar al gobierno de los Ayatolas y propiciar la llegada de una administración claramente alineada con sus intereses y con Estados Unidos. Por otro, el presidente Trump ha dicho que lo único que busca es impedir que Irán fabrique una bomba atómica.
Mientras tanto, Israel, con el apoyo estadunidense sigue atacando la franja de Gaza en Palestina en una masacre que no se detiene. En este caso, el objetivo consiste en destruir cualquier resistencia de las fuerzas de Hamas, pero no se descarta que pueda tratar de llegar más lejos e imponer una administración directa de Israel en los territorios de Palestina.
Lo cierto es que la guerra ha cobrado víctimas humanas y daños incalculables en la región y tendrá consecuencias duraderas. La actual debilidad de Irán no pone fin al conflicto.
El tercer frente de Trump se lleva cabo en su propio territorio. Los enemigos son los migrantes y las personas con apariencia “latina”. Las redadas tienen un abierto contenido racista y han afectado a las personas indocumentadas que radican en ese país y a ciudadanos con plenos derechos. Asimismo, se han dispuesto métodos crueles como la deportación de los indocumentados a terceros países o a prisiones de alta seguridad y aisladas de las ciudades. En este caso el objetivo es más bien político que económico o militar: se trata de ganar la simpatía del electorado, sobre todo de origen anglosajón, para afianzar el poder del partido republicano y de Trump. Recordemos que en noviembre de 2026 habrá elecciones para renovar parte del Congreso.
Como resultado de los tres frentes abiertos, la economía estadunidense se resentirá. La guerra comercial seguramente va a traducirse en daños a la población de esa nación, principalmente a los más pobres. El presupuesto aprobado el 1º de julio en el Senado, y que tendrá que volverse a votar en la Asamblea de Representantes, desmantela varios programas sociales, afectará los servicios de salud, el sistema de jubilaciones, y reduce impuestos a los más ricos. Aumentará la deuda pública en aproximadamente 3.3 billones de dólares en los próximos diez años. Todo ello provocará, tarde o temprano, un crecimiento más lento de la economía e incluso aumenta el riesgo de una recesión y de una crisis financiera.
La batalla contra los migrantes se está reflejando en problemas de escasez de mano de obra en algunas regiones y sectores e inquietud y malestar social. Estas consecuencias también pueden debilitar a la economía de Estados Unidos.
Y, en el aspecto militar, la tregua en Medio Oriente no se reflejará en un menor gasto militar ya que la tensión mundial ha aumentado debido al involucramiento militar de Washington.
En el caso de México, la guerra comercial y la emprendida contra los migrantes junto con el tema del tráfico de drogas crean una mezcla peligrosa. Son tres frentes de guerra con diferentes medios y estrategias pero que buscan debilitar al gobierno mexicano y obligarlo a negociar en condiciones adversas. Una revisión del T-MEC está en duda y, en todo caso, puede esperarse que Estados Unidos tratará de condicionar el comercio de mercancías y servicios con nuevas disposiciones y endureciendo otras, como las “reglas de origen” que obligan a que las mercancías que se exportan de México a Estados Unidos tengan un mayor componente fabricado en aquel país. Además, insistirá en que nuestro gobierno frene a toda costa el tránsito de personas hacia la frontera, lo presionará para que deje de denunciar y defender a nuestros paisanos de redadas y encarcelamientos ilegales, como sucedió en las protestas de Los Angeles cuando acusaron a la presidenta Sheinbaum de alentar la violencia. Asimismo, la guerra contra el tráfico de drogas servirá de pretexto para que el gobierno de México endurezca sus funciones policiacas y de vigilancia. Las leyes recientemente aprobadas acerca de la Guardia Nacional, contra el Lavado de dinero, la de Comunicaciones y la que crea una nueva identificación (la CURP biométrica), tienen seguramente el visto bueno de Washington ya que toda la información que se recabe podría ser compartida con los estadunidenses bajo “pactos de coordinación” contra el crimen organizado.
Finalmente, un menor ritmo de crecimiento de la economía de Estados Unidos junto con mayores aranceles o reglas más estrictas de exportación, afectarán la economía mexicana.
En conclusión, las guerras declaradas por Trump le harán daño a Estados Unidos y al mundo. Sus consecuencias serán imprevisibles y de largo plazo. Muy probablemente, México saldrá perjudicado en el terreno económico e igualmente tendrá un costo en materia de derechos humanos. A corto plazo nuestra capacidad de respuesta es reducida. Sin embargo, los cálculos de Trump pueden fallar de manera estrepitosa: los daños causados a su economía, sus ciudadanos y su aprobación electoral podrían ser mucho peores de lo que piensa. Entonces observaríamos la caída de un régimen tiránico y belicoso. Los próximos meses, por lo menos hasta noviembre del próximo año, serán decisivos.

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