EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Las protestas en Buenos Aires

Silvestre Pacheco León

Diciembre 26, 2023

Justo diez días después de su toma de poder el presidente Javier Milei de Argentina enfrenta las primeras protestas de trabajadores que resienten el impacto de las medidas económicas del llamado régimen del anarco capitalismo por el que votó la mayoría de los electores en una muestra de hartazgo por la política neoliberal que se extendió por todo el continente a lo largo de 30 años en menoscabo del poder adquisitivo por efecto de la inflación, que es la manera más perversa mediante la cual la clase patronal aumenta los precios, sobre todo de los productos básicos.
Con un discurso estridente y altisonante acompañado de un histrionismo en extremo machista y misógino, Milei encantó al sector juvenil y clasemediero del electorado que se hartó de tanto privilegio y corrupción de la clase política incapaz de estabilizar los precios. Las consecuencias están a la vista y en vez de tomar decisiones para favorecer el poder adquisitivo, le ha asestado un golpe de tal magnitud a las clases populares mediante la devaluación del peso que ahora equivale a 800 por un dólar.
Lo que ocurre en aquel país sudamericano, tan largo como el ego de sus habitantes, es un ejemplo excepcional del contraste que puede haber entre las dos políticas que hoy distinguen a México y Argentina, ambas favorables al capitalismo pero con trato distinto al sector popular y de los trabajadores.
El gobierno fascista de Milei ha tomado las medidas económicas a favor de los empresarios afirmando que lo hace porque son el sector más importante, el único productivo y que genera empleos, dice, porque ningún otro arriesga su capital para generar empleos y sostiene que su gobierno combatirá a la izquierda porque es su principal enemiga, pues para él la igualdad social que propugnan los socialistas carece de sentido o es un asunto del que se encarga el mercado, como todo el pensamiento de derecha que se explica la existencia de ricos y pobres como una decisión divina que no hay porqué modificar.
Milei, negando la obviedad de que es el trabajo la fuente de la riqueza, en vez de apoyar al sector más empobrecido que le ayudó a ganar, se ensaña con él quitándole los subsidios a la salud, la educación, el transporte y la energía, dejando en la inopia a los trabajadores que si se enferman tendrán que sufragar los gastos para curarse porque la salud pública le significa una carga para su proyecto.
Javier Milei ha decretado que las empresas públicas, propiedad del pueblo, pasarán a manos privadas porque asegura que los empresarios son los únicos que saben hacer negocio porque a ellos sí les preocupa que sus empresas sean rentables, no como es el caso de las empresas públicas en las que sus directivos y empleados no les preocupan las ganancias ni las pérdidas porque no se sienten dueños de las mismas.
Esto que puede ser cierto en muchos países donde la corrupción carcome el aparato del Estado con la llegada al poder de gobiernos corruptos que entregan la administración de las empresas a subordinados y aliados como pago de favores, solapando todas sus fechorías con protección e impunidad pero cuando la sociedad se da un gobierno honesto que combate la corrupción, las empresas públicas, sobre todo las estratégicas se manejan con pulcritud, sin corrupción y rindiendo buenas cuentas.
Ejemplo de lo anterior son Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, dos empresas corrompidas para beneficio del capital privado que han sido rescatadas para beneficio de todos los mexicanos.
El ejemplo que vivimos en México con el negocio del llamado huachicol es paradigmático; consistía en el robo tolerado de gasolina mediante la ordeña de los ductos de Pemex de miles de barriles que la dirección de esa empresa paraestatal manejaba como pérdidas que ya se habían legalizado porque no había castigo contra los ladrones hasta que al llegar la 4T al gobierno expuso ante la sociedad el tamaño del problema combatiéndolo hasta resolverlo con el apoyo popular, salvando así a la empresa pública más importante del país que es la base de nuestro desarrollo energético.
El capitalismo lleva en sus entrañas el germen de la corrupción, lo siembra por infinidad de vías, y en el colmo de cinismo exhibe a los de menor valía para ocultar a sus máximos exponentes, exactamente como sucedió con los directivos de Odebrech, la empresa multinacional brasileña que corrompió a gobernantes de varios países y al director de Pemex en tiempo de Enrique Peña Nieto con millones de dólares a cambio de contratos con la paraestatal con amplias garantías de ganancia, mientras el gobierno nos entretenía con los huachicoleros que vendían la gasolina en garrafas, ocultando a los verdaderos ladrones que tenían sus propias plantas de ordeña de combustible en las mismas instalaciones de Pemex, en el colmo de la corrupción.
Hay una realidad de la que pocos hablan pero es la clave que explica el funcionamiento del sistema económico que se conoce como capitalismo el cual genera opulencia y pobreza a la vez. Los ricos no son ricos por obra de Dios, ni los pobres lo son por algún pecado original, puras patrañas porque el capital en realidad supura sangre y pus desde su origen pues fue por la fuerza y la violencia que se generó la llamada “acumulación originaria” de la que nació el capitalismo. El sistema capitalista no funciona solo con la riqueza acumulada por las conquistas, el robo y el saqueo, sino por la “disociación” del trabajo y del capital en esa lucha permanente por el reparto equitativo de la riqueza producto del trabajo.
La lucha de la izquierda tiene sentido frente a la enorme desigualdad social en nuestros países. El 10 por ciento de los más ricos de América Latina y del Caribe posee el 71 por ciento de la riqueza según los datos más recientes de organismos como la Cepal y organizaciones como la Oxfam. De esas ganancias los ricos pagan anualmente poco más del 5 por ciento de su renta al Estado.
En el caso de Argentina, los economistas Gabriel Kessler y Gonzalo Assusa participantes en el Foro Universitario del Futuro organizado por la jefatura de gabinete de Ministros, dicen que “en el primer semestre del 2020, segu?n los datos oficiales, 4 de cada 10 argentinos vivi?an en situacio?n de pobreza y una de esas 4 personas, adema?s, lo hacía en condiciones de indigencia”. Ese es el verdadero enemigo de Milei.
Carlos Marx dice que el origen del capital es en la economía como el pecado original para la teología, que con la mordida de Adán a la manzana el pecado se extendió a toda la humanidad”.
Por eso ante la realidad que vive hoy la nación Argentina conviene repasar y entender los hechos desde su origen, para lo cual hay que tener presente que el dinero o los bienes se convierten en capital por la generación de la plusvalía, de la parte de la jornada de trabajo que el patrón no paga al trabajador, y es de la plusvalía de donde nace la producción capitalista que pone en manos de los patrones “grandes masas de capital y fuerza de trabajo”. Para hacer eso posible hubo una “acumulación originaria” que es una manera elegante de explicar el despojo, el robo, la conquista, la violencia pues.
Ese es el verdadero origen del capitalismo y no la versión idílica de que es posible pasarse al lado de ese 10 por ciento de los que son dueños de la riqueza, con solo ser ahorrativos, disciplinados y con un poco de intuición para lograrlo, pero la realidad es muy otra, eso lo saben los argentinos que protestaron durante tres días consecutivos la semana pasada y los seguidores de Milei pronto lo aprenderán.

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