Silvestre Pacheco León
Junio 16, 2025
Aunque la mayoría de los mexicanos que tenemos familiares trabajando en Estados Unidos sabíamos las dificultades que pasan para ganarse la vida, muchos pensábamos que su sacrificio se compensaba con los trabajos bien pagados, pero en la situación actual, con la amenaza de expulsión que pende sobre sus cabezas, hemos conocido, a través de las redes sociales que aquel sueño americano del que tanto se habla es realmente una pesadilla para la mayoría, porque no es cierto que sea fácil conseguir un empleo bien pagado y tampoco adaptarse a una lengua ajena y el modo distinto de vivir. Los mexicanos la pasan peor que los esclavos, porque solo comen cuando trabajan, y todo el tiempo viven ahogados en deudas, víctimas de los créditos que son tan fáciles de conseguir pero difíciles de liquidar. Los paisanos que tienen casa se pasan la vida pagando la hipoteca.
Es cierto que les pagan en dólares y que en una hora ganan lo que aquí en un día, pero también gastan todo en dólares, pagando rentas altísimas, por eso la mayoría viven hacinados para compartirse el pago de la renta, y solo salen para ir a trabajar. No son libres de andar en la calle porque siempre los acompaña el miedo de ser detenidos y deportados, separándolos de sus familias.
Muchos paisanos nuestros se han quedado a vivir en Estados Unidos nada más por el orgullo de decir que viven en “el gabacho” pero su vida es cruel. Los que pueden tienen dos trabajos para solventar sus gastos, pero la mayoría no sabe ahorrar, y la soledad y falta de solidaridad son males que cobran su cuota de depresión, adicciones y muerte.
A la mayoría la domina la cultura del individualismo, la que incita a ganar pasando por encima de los demás, por eso se dice que el peor enemigo que tienen los mexicanos allá es otro mexicano que siente que le hace competencia.
Ellos son los que votaron por Donald Trump porque no están de acuerdo en que lleguen más migrantes que les hagan competencia. Eso los hace igual de miserables que Trump porque están en contra del derecho de asilo para los que son perseguidos. Ilusamente esperaban ser testigos de las redadas que creían selectivas, creyendo que el magnate respetaría a los que tienen antigüedad, aunque carezcan de papeles.
Pero ya es demasiado tarde para lamentarse. En las redadas que ha implementado ese gobierno apoyado en el ejército se detiene parejo, guiados por el color de la piel. Por eso la postura decente de todo mexicano es oponerse a las redadas manifestándose en contra para que se detengan porque afectan la buena vecindad, el respeto a los derechos humanos y la paz social que todos queremos.
Tenemos que recordarle a Donald Trump que son millones de mexicanos sobre cuyos hombros descansa el peso de una parte importante de la economía estadunidense desde que llegaron los primeros braceros en la Segunda Guerra Mundial para hacerse cargo del trabajo que no podían desempeñar los estadounidenses que iban a la guerra. Fueron mexicanos los que sembraron y levantaron cosechas que sirvieron para alimentar a los soldados en el frente.
Esos braceros de la década de los cuarenta, contratados en condiciones dignas con el aval del gobierno, fueron los que de vuelta al país alimentaron la idea entre los paisanos, que después se convirtió en sueño, de que en el país vecino se podía mejorar con el solo deseo de trabajar, que en esa sociedad realmente se premiaba el esfuerzo y que con la paga se podía construir un patrimonio que en México estaba negado porque el gobierno neoliberal cada vez invertía menos en el campo. Ese fue el principio del sueño americano que luego llegó a contagiar a los habitantes urbanos que no les pesó emigrar como los del campo para buscar un futuro mejor.
El camino era relativamente fácil con una frontera de más de 3 mil kilómetros y cientos de polleros dispuestos al negocio como guías cobrando por cruzarla. Por eso en menos de cien años se han radicado allá casi 40 millones de mexicanos que nos convierten en la minoría más grande formando parte de la sociedad estadunidense y solo alguien ignorante puede pensar que es fácil deshacer esa vecindad que se ha convertido en comunidad.
Solo un farsante como Donald Trump puede aducir que tiene un interés genuino de salvar a sus jóvenes de las adicciones suprimiendo de su vida a los inmigrantes que para él son una lacra, secuestradores, violadores y traficantes, culpables de la violencia y adicción de los estadunidenses a las drogas, cuando se ha demostrado que allá no se hace nada para combatir a los cárteles que las distribuyen y tampoco para prevenir las adicciones con programas tan adelantados como el que ejecuta el gobierno de la República en nuestro país.
La hipocresía de quien ejerce el gobierno sintiéndose un rey se ve en el desdén con el que ha tratado el caso de las armerías que abastecen a los cárteles mexicanos con toda clase de facilidades para ingresar toda tipo de armas a nuestro territorio y luego acusar a esos cárteles de que son terroristas para tener pretexto de invadirnos.
Por fortuna hay en Estados Unidos una clase política que se opone y lucha contra el proyecto agresivo de Trump y en ese terreno California es vanguardia porque su gobernador, Gavin Newson se opuso desde el principio a las redadas, reclamando su derecho a ser tomado en cuenta para implementar esa medida que afecta drásticamente a la economía de su estado. Su lucha legal la semana pasada consiguió que un juez de distrito resolviera que la medida de Trump era inconstitucional y en California se excedía en sus facultades.
El repudio masivo a esas agresiones contra migrantes está dando resultados. El sábado miles de estadunidenses y familiares de migrantes se manifestaron pacíficamente en no menos de 50 ciudades para protestar contra esa política antihumana. A mediados de la semana pasada, cuando las redadas llegaron a la zona agrícola de California provocando la paralización de las cosechas, las quejas de los rancheros por las pérdidas ocasionadas fueron secundadas por los empresarios del turismo quienes se quejaron de que los hoteles se estaban quedando sin trabajadores.
Eso fue lo que obligó el anuncio de Trump de que dictaría una orden ejecutiva para detener las acciones contra migrantes en esas áreas, aclarando que lo haría para evitar que fueran los ilegales criminales recién llegados quienes llenaran esos vacíos.
Los analistas que buscan encontrar las razones que expliquen la conducta política del egocentrista Donald Trump ven en sus acciones los signos de la decadencia del imperio.
El economista estadunidense Richard Davis Wolff, un prestigiado marxista seguidor de Paul Sweezy sostiene que estamos frente a los signos de la más clara decadencia del imperio. Recortes al presupuesto en salud, alimentación, apoyo a los migrantes y disminución de impuestos de los grandes contribuyentes dueños del capital.