EL-SUR

Sábado 15 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Las secuelas de la pandemia y tres años de transformación

Abelardo Martín M.

Noviembre 30, 2021

 

Tan incalculables fueron los daños producidos por el neoliberalismo (marginación, exclusión, injusticia, privatización de los bienes de la nación, entre otros), como lo son ahora los sufridos por la pandemia mundial del Covid 19, cuya nueva cepa Ómicron, tiene ya semi encerrados a varios países europeos y amenazada a toda la humanidad.
Es posible que en México, aparte las víctimas que perdieron la vida, los enfermos y los deudos del Covid 19, la pérdida de gobernabilidad sean parte de las secuelas de la pandemia. En varias ciudades del país, con el pretexto de la recuperación económica, muchos restauranteros y empresarios de distintas actividades se apropiaron de la vía pública, sin que las autoridades establecidas puedan no se diga “controlar” sino detener la catarata de irregularidades y anormalidades en la convivencia vecinal y ciudadana. Las calles dejan de ser vías de tránsito para convertirse en tianguis de comida y/o antros.
La amenaza del rebrote de la pandemia del Covid 19 es una realidad en Europa y en Estados Unidos, en parte porque un porcentaje importante de sus respectivas poblaciones se niegan a vacunarse, pero también porque la potencia de la epidemia sobrevive y como una hidra, se controla una variable y surge otra quizá más virulenta, más nociva. Sin embargo, en casi todo el país, estas advertencias no encuentran eco. Los mexicanos desafían al virus y las consecuencias podrían ser muy costosas. Al tiempo.
Simultáneamente llegaron a otro aniversario de la 4a. Transformación, la nueva etapa de la historia de México que se inicia con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, una etapa de intensos cambios políticos y sociales, de batallas constantes, de esperanzas aún vivas y de fenómenos imprevistos, como la pandemia del coronavirus y la crisis económica mundial que ésta ha provocado.
Hoy tenemos un país con un rumbo distinto, encarrilado en la meta de atender de manera prioritaria a los más vulnerables, y firme en la idea de combatir la desigualdad extrema que aún padecemos, una administración que como ninguna otra, ha sido atacada.
Lo notable es que el cambio se ha producido en paz, sin la violencia y sin los enfrentamientos sociales que casi siempre acompañan a las transformaciones de fondo.
Violencia hay mucha en la sociedad mexicana, como siempre la ha habido, pero la que tenemos es producto de una criminalidad exacerbada y no de la inconformidad social. Rezagos, injusticias, exclusiones, marginación, pobreza, impunidad, abusos tienen como expresión este clima de amenazas, asesinatos, agresiones en todas las entidades del país.
Indudablemente, hay todavía muchos frentes que cubrir y muchos rezagos que atender. Ni tres años, ni el sexenio entero constituyen un lapso suficiente para enderezar males que vienen de mucho tiempo atrás, en algunos aspectos desde nuestra fundación como nación e incluso más añejos.
Pero, como el propio presidente reflexiona con frecuencia, lo que se está haciendo es sentar las bases jurídicas y políticas para que el cambio sea irreversible y no sea tan fácil arrebatarle de nuevo al pueblo los actuales avances.
El Covid nos arrebató, como en todo el mundo, la posibilidad de un florecimiento económico en estos años, pero a cambio en México se ha planteado una visión del desarrollo, no como el mero crecimiento económico cuantitativo, sino como la inclusión de todos en los beneficios y resultados.
La impronta del sexenio han sido los programas sociales enfocados a los sectores más vulnerables. El Estado mexicano ya aplicaba este tipo de programas desde fines del siglo pasado, pero es ahora cuando se han establecido como derechos, se han dirigido de manera muy precisa a quienes realmente los necesitan, y se les dedican volúmenes sustantivos y crecientes de dinero.
El otro legado de la actual etapa, será un conjunto de obras emblemáticas, entre muchas que realmente se llevan a cabo en el territorio nacional. Las más relevantes, en las que se ha centrado la atención y los presupuestos son: el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.
Todos estos proyectos se están desarrollando en tiempo récord, pues un compromiso adicional ha sido concluirlos antes de que termine el sexenio de AMLO. Por lo pronto el aeropuerto deberá ser puesto en servicio en unos pocos meses, y se tiene tal confianza en que así será, que ya el presidente realizó una ceremonia de inauguración de las instalaciones, pues ya están listas para el aterrizaje y el despegue de aeronaves.
Los otros dos, de mayor calado, sirven ya desde su construcción para detonar el desarrollo del sureste mexicano, dejado por muchos años a su suerte, y que ahora por primera vez en mucho tiempo, canalizan a esa región importantes volúmenes de capital y de oferta de empleo.
Así va el país, con sus naturales diferencias regionales, y de éstas con el centro. En Guerrero, por ejemplo, la transformación empezó a sentirse desde la llegada de López Obrador al poder. Pero en ese momento el gobierno estatal a su vez se encontraba a medio sexenio, y aunque de palabra se allanó a lo dispuesto por el Ejecutivo Federal, es hasta hace poco más de un mes que en el estado asumió una gobernadora profundamente identificada con la Cuarta Transformación.
Es por lo tanto a partir de ahora que es posible acelerar el paso y trabajar en la transformación profunda de Guerrero, apoyada desde la Federación y conducida en la misma dirección, a favor de los más necesitados, sin corrupción y con objetivos de equidad. Esa es la promesa de la campaña de la hoy gobernadora, pero también los desafíos en el porvenir.
Para bien y para mal aquí en Guerrero casi todo está por hacerse. Como se ve en el ámbito federal el tiempo vuela y si no se actúa rápido, puede ser demasiado tarde en un estado caracterizado por el retraso, la marginación y los gobiernos muy por debajo y atrás de las exigencias del momento. Aparte, por supuesto, de la dosis de soberbia tan humana para quienes obtienen triunfos electorales y olvidan, muy pronto, no sólo sus compromisos, sino peor aún, sus raíces.