Javier Saldaña Almazán
Abril 08, 2026
En tiempos de incertidumbre global y de una evidente erosión en el tejido de las instituciones tradicionales, la confianza se ha convertido en el activo más escaso y, por ende, en el más valioso de la vida pública. No es un regalo de la historia ni un cheque en blanco; es un edificio que se construye ladrillo a ladrillo, con resultados y, sobre todo, con una cercanía inquebrantable hacia las aspiraciones del pueblo.
El pasado 25 de marzo, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) celebró 76 años de existencia. Más que un aniversario burocrático, esta fecha conmemora la historia viva de generaciones de universitarios que apostaron por la autonomía y la excelencia académica.
En Guerrero, entendemos bien este legado: la ANUIES ha sido el escudo institucional que ha permitido a las universidades públicas navegar los vaivenes de la política coyuntural sin perder el rumbo de nuestra misión social.
Esta labor histórica tiene hoy un respaldo social contundente. Los resultados de la encuesta nacional México Elige, levantada entre el 4 y el 10 de marzo de 2026, arrojan datos que deben movernos a una profunda reflexión de Estado. En un país donde la credibilidad de muchas instituciones flaquea, las universidades nos ubicamos en el primer lugar del índice de confianza institucional con 62.4 puntos sobre 100.
No es un dato menor. Las universidades superamos en confianza a instituciones tradicionalmente respetadas como el Inegi (58.0) y el Banco de México (57.4). Incluso nos situamos por encima del Ejército Mexicano (53.4) –institución que, cabe destacar, ha realizado una labor extraordinaria en este periodo bajo el mando de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y la visión estratégica del secretario Omar García Harfuch– y de la Iglesia Católica (50.2).
La brecha se vuelve abismal cuando comparamos la confianza en las aulas frente a los partidos políticos (30.9) o las corporaciones policiales (26.9). ¿Por qué los mexicanos confían en sus universidades? La respuesta no está en los discursos, sino en los territorios. La ciudadanía nos otorga este primer lugar porque las universidades públicas no abandonamos a la gente cuando las circunstancias se vuelven críticas. Somos nosotros quienes, a través de la investigación, la extensión universitaria, los servicios de salud y la formación de profesionales, transformamos la realidad inmediata de las comunidades más vulnerables.
Sin embargo, este reconocimiento social contrasta dolorosamente con la evaluación de las instancias normativas. La misma encuesta señala que la Secretaría de Educación Pública (SEP) obtiene apenas 15.2 puntos en aprobación ciudadana, ubicándola en el último lugar del gabinete federal. Existe una distancia de más de 47 puntos entre la confianza que el pueblo tiene en sus universidades y la percepción que tiene de la autoridad que las coordina.
Como rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), y como universitario de carrera, esta cifra me genera una genuina preocupación institucional. Este contraste es un mensaje político potente que el Estado mexicano debe escuchar: los ciudadanos confían cuatro veces más en el trabajo directo de sus universidades autónomas que en la gestión de la burocracia educativa federal.
Este escenario nos obliga a replantear nuestras relaciones. Las universidades autónomas no solicitamos privilegios ni canonjías; exigimos respeto irrestricto a la autonomía constitucional y un financiamiento suficiente que sea visto como una inversión en estabilidad social, no como una carga presupuestaria. Pedimos que la autoridad educativa comprenda que su función primordial es facilitar las condiciones para que la academia florezca y siga sirviendo de puente entre el desarrollo y la justicia social.
En Guerrero, la UAGro es la columna vertebral de la educación y el progreso. Con presencia en las ocho regiones y una matrícula que supera los 90 mil estudiantes, somos parte activa de ese sistema de universidades públicas que hoy goza del mayor respaldo popular en México.
Ese primer lugar nacional en confianza ciudadana lo sentimos propio, porque sabemos que en cada rincón de Guerrero, la “Universidad del Pueblo” es una puerta abierta hacia un futuro distinto.
La ANUIES nació hace 76 años para que las universidades tuviéramos una voz propia y firme ante el gobierno federal. Hoy, esa voz es más necesaria que nunca para recordar que la educación superior es la reserva moral de la nación. Mientras sigamos siendo espacios de pensamiento crítico, de rigor científico y de servicio a los que menos tienen, la confianza ciudadana seguirá siendo nuestro mayor escudo. Es nuestra fortaleza, pero sobre todo, es nuestra responsabilidad más sagrada con el futuro de Guerrero y de México.