Jesús Mendoza Zaragoza
Mayo 12, 2025
Veinte años de misionero en Perú le han dado a León XIV un perfil propio y específico. En sus propias palabras, dichas en la bendición apostólica Urbi et Orbi cuando se presentó al pueblo reunido en la Plaza de San Pedro, y en su primer discurso a los cardenales el pasado sábado 10 de mayo, quiero mirar este perfil misionero aprendido en Perú, pero configurado ahora para una misión global.
¿Cómo lo entiende León XIV? El nombre mismo del Papa ya indica cómo entiende su misión, porque este nombre corresponde a su antecesor León XIII (1810-1903), quien en su encíclica Rerum Novarum expresó su preocupación social por las relaciones entre el trabajo y el capital. En dicha encíclica trató los temas de la propiedad privada, la formación de sindicatos, salarios justos, la dignidad del trabajo y la responsabilidad del Estado. León XIII empezó a construir la Doctrina Social de la Iglesia como un patrimonio doctrinal y cultural para responder a la revolución industrial que ahora, con León XIV, ayudará a la Iglesia a dar respuestas adecuadas a la revolución digital (a sus avances y a sus riesgos, como en el tema de la inteligencia artificial) “que comporta nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.
De esta manera, León XIV tiene una comprensión propia de su misión y la visualiza en el entorno de los desafíos del mundo actual. Los grandes temas que interesan al Papa, los ha tocado en estos dos discursos. Habló de la paz en el mundo de hoy: “¡La paz sea con ustedes! Esta es la paz de Cristo resucitado: una paz desarmada y una paz que desarma, humilde y perseverante”. Estaría pensando en ese momento en Ucrania y en Gaza, donde se desarrollan conflictos internacionales, pero también en los conflictos internos de otros países.
En la experiencia misionera de Prevost de más de 20 años en Perú, recibió una herencia espiritual y pastoral que le ha llevado a mirar lo que había más allá de las fronteras institucionales de la Iglesia, en parroquias, órdenes religiosas y diócesis. Tiene una conciencia y una mirada que va más allá de la vida interna de la Iglesia. Mira los problemas que afligen a la gente, el sufrimiento de los pobres, la migración de los jornaleros, la situación dolorosa de los enfermos. Por esa causa se siente afectado por el dolor de quienes no tienen trabajo, techo y tierra (las tres T de Francisco) y busca intervenir con una pastoral que remedie o mitigue ese dolor.
¿Cuáles son las herramientas que propone el papa León XIV para afrontar estos grandes desafíos globales? Cuando los fieles católicos estaban reunidos en la Plaza de San Pedro, dijo: “Ayúdennos también ustedes, y ayúdense mutuamente, a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo, siempre en paz”. Habló de herramientas humanas básicas que están al alcance de todos: construir puentes, el diálogo y el encuentro. La construcción de la paz se sostiene en actitudes humanas claves. En lugar de construir muros que nos separen o nos alejen, hay que construir puentes que nos acerquen y nos reúnan. El diálogo es una clave fundamental para la construcción de la paz en el ámbito global, nacional o local. Y eso mismo hay que decir del encuentro entre y con todos, para liberarse de prejuicios y de intereses que permitan caminar hacia la paz.
Hay también una herramienta de carácter espiritual que fortalece el camino hacia la paz: la esperanza, vinculada a la fe en Jesucristo: “Permítanme dar continuidad a esa misma bendición (del papa Francisco en el Domingo de Pascua): Dios nos quiere, Dios los ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá! Estamos todos en las manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante”. La esperanza libera de los miedos y permite mirar más allá de los obstáculos que encontramos en el camino. Por eso afirma que el mal no prevalecerá.
Desde su primer discurso en la Plaza de San Pedro, afirma enfáticamente: “Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, el diálogo, siempre abierta a acoger, como esta plaza, con los brazos abiertos, a todos, a todos aquellos que necesitan de nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor’.
Para hacer frente a estos grandes desafíos globales, León XIV pidió a los cardenales reunidos el pasado sábado una “plena adhesión a ese camino, a la vía que desde hace ya decenios la Iglesia universal está recorriendo tras las huellas del Concilio Vaticano II” que es la referencia fundamental para lograr la unidad en la Iglesia, lo que implica una conversión misionera, la colegialidad, la sinodalidad, el aprecio de la cultura popular y el cuidado de los débiles y descartados, como herencia que nos dejó Francisco. Y termina afirmando la necesidad del “diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades”.
En estos dos discursos, el referente de León XIV fue Francisco, con su propio estilo personal. Es de esperar que recibirá el legado de Francisco para conducir a la Iglesia, con la luz el Evangelio, como instrumento para construir la paz y para el necesario desarrollo integral y justo que necesitamos hoy.