EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Lo inaceptable de Chumel y la Conapred

Humberto Musacchio

Junio 18, 2020

En redes sociales se desató un fuerte debate por la cancelación de un foro que hoy celebraría la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación. El tema a debatir era “¿Racismo y/o clasismo en México?” y los participantes serían Alejandro Franco, Tenoch Huerta, Maya Zapata y Chumel Torres, con la directora de la misma Conapred, Mónica Macisse, como moderadora.
Como puede verse, ninguno de los participantes es en modo alguno especialista en el tema, pero resulta obvio que su presencia obedecía a que se trata de personajes públicos, pues Tenoch Huerta y Maya Zapata son actores reconocidos en tanto que Franco y Chumel se desenvuelven en medios de comunicación.
Desde luego, cabe señalar que tampoco la señora Macisse sabe algo del tema a discutir, pues su presencia en la citada Comisión es resultado de un pago de favores electorales, pero hacerse acompañar de los personajes mencionados viste bien y supuso que algo de color le aportaría a la grisura de su actuación en un organismo público.
Era, pues, un desatino que la Conapred convocara a debatir la discriminación a quienes son ajenos al asunto, aunque alguno de ellos pueda argüir que ha sufrido desprecio o minusvalía por su color de piel o posición de clase. Lo esperable era que un asunto tan viejo, pero que en estos días ha cobrado actualidad a raíz de lo ocurrido en Estados Unidos, lo trataran quienes han estudiado el fenómeno en forma sistemática y responsable. Lamentablemente se optó por el espectáculo, no por el conocimiento.
Por si fuera necesario señalar el desacierto con que se organizó el panel, la mera presencia de Chumel Torres desató un auténtico vendaval en redes sociales, pues el comediante de internet ha basado su trabajo en supuestos chistes que aluden a la condición laboral, étnica o social de las personas, de ahí que redes sociales lo acusaran de misógino, racista y clasista.
El caso no hubiera pasado a mayores en medio de la polarización social de hoy, pues hay funcionarios que se hallan en medio de un incesante fuego cruzado y siguen agarrados al hueso. En esas condiciones, la mediocridad de quien dirige la Conapred hubiera quedado a salvo, pero en la avalancha de mensajes en redes sociales hubo uno que resultó determinante: el de la doctora Beatriz Gutiérrez Müller.
Dice el mensaje de la también escritora refiriéndose a Chumel: “¿A este personaje invitan a un foro sobre discriminación, clasismo y racismo? Sigo esperando una disculpa pública de este individuo sobre los ataques a mi hijo menor de edad”.
Lo anterior se refiere a que Chumel hizo objeto de sus chistes al hijo del matrimonio López Obrador, Jesús López Gutiérrez, a quien le endilgó un apodo porque el niño es moreno, como la mayoría de los mexicanos, y hace algunos meses se tiñó el pelo de rubio, lo que es su derecho, salvo mejor opinión de sus padres o sus maestros.
Como es de suponerse, lo dicho por la esposa del Presidente de la República motivó que de inmediato la directora de la Conapred reculara y el debate fuera cancelado, pues nadie tiene derecho a meterse en el ámbito privado de los personajes públicos ni mucho menos a tomar a un niño como objeto de sus mofas.
Sin embargo, lejos de reconocerse en falta, Chumel se asumió como víctima y, al referirse al intenso intercambio de mensajes en las redes sociales, se dijo discriminado porque hay “unas voces más importantes que otras”, lo que desde luego es cierto, pero a fin de cuentas, al cómico le salió barato el chiste, porque no faltarían padres y madres de familia que ante una bromita de esas le romperían la crisma.
Ahora, cabe preguntar por qué no ha presentado su renuncia la señora Macisse, quien ha despedido a decenas de trabajadores y los que se mantienen laborando están ahí por honorarios, sin seguridad social ni otras prestaciones de ley, con horarios interminables y obligados a presentarse en las oficinas de la Conapred pese a la pandemia. Entre los despedidos se cuentan ni más ni menos que el director de Quejas, indispensable porque cumple una función primordial en la institución, y la directora general adjunta de Vinculación, Cultura y Educación, que le hubiera aconsejado a doña Mónica proceder, sí, con cultura y educación para no meterse en líos.