EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Los 12 mexicanos más pobres

Silber Meza

Diciembre 15, 2018

DE NORTE A SUR

 

“Una jarra de peltre con agua yace medio vacía sobre cenizas humeantes dentro de una choza inerme que se esconde entre los matorrales espesos del municipio de San Simón Zahuatlán, ubicado al noroeste del estado de Oaxaca. A un lado del fogón, Lourdes Angelina Méndez Ramírez –mixteca de 47 años, 1.20 metros de estatura y unos 40 kilos de peso– dice que es lo único que reduce su dolor de estómago provocado por una dieta de dos comidas al día: la primera de tortilla y sal; y la segunda también de tortilla y sal; y si se puede, un poco de chile. El agua se ha convertido en el paliativo de esa sombra que la acecha sin descanso: el hambre”.
El fragmento es de una historia que escribimos la periodista Zorayda Gallegos y un servidor para el libro Los 12 mexicanos más pobres. El lado B de la lista de millonarios, un trabajo publicado en 2016 en el que participamos un colectivo de reporteros agrupados en Cuadernos Doble Raya y Ojos de Perro vs la Impunidad, coordinados por el periodista Salvador Frausto. El proyecto fue auspiciado por la organización internacional Oxfam, con Ricardo Fuentes-Nieva a la cabeza.
El punto central del libro fue la desigualdad, tema que se ha convertido en el eje central de los primeros 15 días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
La historia continúa así: “Su vivienda son 12 metros cuadrados erigidos con varas y lajas montunas. Al interior los cazos derruidos, las cucharas retorcidas, los comales irregulares y las cubetas abolladas cuelgan de las paredes tristes que no requieren más ventanas que los huecos solitarios que dejan las piedras desacomodadas, y que sirven para que entren los vientos de la tarde. El suelo de tierra se ha endurecido con los pies descalzos de Lourdes Angelina y de sus hijos Francisco y Virginia Méndez Ramírez, de nueve y 18 años de edad, respectivamente. Todos viven en este pedazo de mundo que no escogieron pero que les tocó habitar. De día es su cocina, y de noche, tras extender un pequeño petate, se convierte en su único dormitorio y refugio”.
De acuerdo con la metodología escogida y con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y el gobierno municipal, Lourdes Angelina es la persona más pobre de San Simón Zahuatlán, uno de los 570 municipios que conforman Oaxaca.
Cuando se presentó el libro, el periódico El País hizo un comparativo desolador: “Las cifras por sí mismas son aplastantes: 55 millones de pobres –según las mediciones oficiales mexicanas–, casi el equivalente a la población de toda la península ibérica, y más de 11 de ellos en la miseria, más que los habitantes de Portugal”.
La dimensión de la pobreza y la desigualdad en México es arrasadora. Y aunque no volteemos a verla, permanece. Ahí están en los suelos las mujeres indígenas con la mano estirada en espera de una moneda, los niños descalzos que venden chicles, los jóvenes con mirada pálida en espera de rematar sus rosas, los señores en sus triciclos ofreciendo tortas. Ahí están los empleados de la burocracia que no suben de 8 mil pesos al mes, mientras sus jefes reciben 10, 15 veces más. Ahí están los jóvenes talentosos que por más que hacen méritos no progresan, mientras el hijo del político toma una dirección de gobierno.
Si algo he aprendido del periodismo, es que antes de escribir hay que comprender. No se trata de lo que quiera que pase, sino de lo que pasa en realidad, esté o no de acuerdo, me guste o no, conmigo y sin mí.
Esa desigualdad, la que nadie había querido ver, la observó Andrés Manuel López Obrador e hizo de ella su bandera política y su principal eje de gobierno. Por eso la Ley de Remuneraciones se convirtió en el soporte de sus primeros días; por eso no hay manera de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación defienda un salario de medio millón de pesos, así sea real su alerta por la división de poderes.
La gente vive con nada en los bolsillos, cansada de ver que no sale de la misma pobreza, mientras algunos sí pueden comer en los mejores restaurantes, vestir las mejores piezas, manejar los mejores carros, aliviarse en los mejores hospitales. Existe un rencor social almacenado durante décadas.
Un consejo a detractores de AMLO: para que tenga éxito real la crítica a López Obrador primero se tiene que reconocer el problema de la desigualdad en México, la situación de injusticia, de miseria, y una vez asumida se necesita restablecer la estrategia, pero desde ahí: al ras de la realidad, al ras de los mexicanos más pobres.